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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

El faisán cantó a favor de ETA y luego nos reímos de Berlusconi

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 7 de octubre de 2009, 00:54 h (CET)
España tiene desde hace más de treinta años un grave problema que se llama ETA. Es, si hacemos excepción de la costosa, torpe e ineficaz política económica del Zapahuero y de la indiferencia de Rajoy ante la corrupción en su partido, la amenaza más grave que pesa sobre la democracia española.

Se supone por lo tanto que todas las fuerzas políticas, judiciales y
policiales deben trabajar al unísono contra ETA, sus diversas formas y
variantes, sus clones, sus ramificaciones y sus militantes y apoyos. Si una
sola parte de este complicado engranaje estatal actúa por su cuenta, a su
aire o, no digamos, en contra de las demás el esfuerzo de todos se va por el
desagüe más próximo.
Las habilidades delictivas, sus esfuerzos, su larga experiencia y los
errores del Estado hacen que ETA todavía esté presente en nuestras vidas,
aunque no con la gravedad, insistencia y poder mortífero de hace un buen
puñado de años. La labor efectiva y continuada de todos los gobiernos de la
democracia, plagada de ofensivas y treguas de unos y de otros, ha llevado a
ETA al atolladero donde la tenemos. Donde estamos, conste.

En la operación Faisán alguien dio un chivatazo a un presunto culpable, que
impidió el éxito total de los trabajos. Alguien llamó al "Faisán" para
advertirle de que no debía mantener una reunión proyectada con los jefes del
aparato financiero de ETA porque estaba siendo vigilado. El chivatazo salió
de dentro del Estado, de dentro de aquellos a los que pagamos para acabar
con ETA, alguien nos traicionó. A todos. A todos los españoles. A todos sus
compañeros. Al juez. A la Justicia. A España. A todos. Los chivatos son
siempre traidores y merecen por ello el desprecio. Y las penas de cárcel que
las leyes del Estado Democrático prevean.

Y sin embargo, ese mismo Estado, su representante el fiscal Javier Zaragoza,
nos pide ahora que lo olvidemos todo, pelillos a la mar, que nos encojamos
de hombros y echemos unas risas mientras, tal vez, nos fumamos un sabroso
cigarrillo, eso sí, al aire libre. Seguimos sin saber quién dio el aviso
traidor pero dicho fiscal propone que hagamos la vista gorda, que demos un
paso atrás en la lucha anti ETA y hagamos como si no hubiera pasado nada.

Y luego nos reímos con Berlusconi y sus berlusconadas. ¿Si yo pido que el
Carrión sea navegable me harán caso?
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