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“Es bonito ejercer de periodista con sentimientos de ciclista”

Eduardo Chozas, ciclista retirado
Redacción
lunes, 5 de octubre de 2009, 16:24 h (CET)
Siglo XXI tuvo el placer de pasar una tarde con Eduardo Chozas (05-07-1960) en su casa de Pozuelo de Alarcón, donde se respira ciclismo por cada esquina. Repasamos junto al corredor madrileño, vencedor de cuatro etapas en el Tour de Francia y tres en el Giro de Italia, su carrera deportiva desde los inicios hasta la retirada. También hubo tiempo para conocer como vive el deporte de los pedales desde el otro lado, desde la cabina de comentarista en Eurosport y desde la redacción de la revista Ciclismo a Fondo, de la que forma parte como director técnico. Dos labores que no son las únicas que mantienen ocupado al legendario escalador, pues, como él mismo explica, organiza el circuito de MTB Actívate y campus en diferentes lugares a lo largo del año.

Tampocó se olvidó de la actual situación del ciclismo español, el cual, según él, en su época era más sano, aunque, en cuanto a resultados, está pasando por la etapa más brillante de la historia.




Eduardo Chozas con el furgón de su equipo.


Álvaro Calleja / Siglo XXI

¿Qué recuerdos guardas de tus inicios en el ciclismo?

Recuerdos muy bonitos, porque tenía 11 años cuando empecé a competir en mi primera carrera y lo hice como un juego, una aventura, algo bonito. Te ponías nervioso en las salidas, por hacerlo bien, pero, de todas formas, tampoco con objetivo alguno en ese momento. Unos amigos jugaban al fútbol, otros corríamos en bicicleta, aunque yo también jugaba al fútbol, al baloncesto o al balonmano, pero el ciclismo era más bonito. Más bonito, sobre todo, por viajar. Cuando ya era un poco más mayor y salía de Madrid, en cadete, que entonces se llamaba juvenil “b”, y en junior, que era juvenil “a”, íbamos, por ejemplo, al País Vasco, a Cataluña… era una aventura inenarable. En cambio, luego, cuando ya eres profesional, acabas harto de viajar, pero en aquella época era muy bonito.


“Mi primer Mundial fue
el más duro de la historia”



Debutaste muy pronto en el campo profesional, con tan sólo 19 años. Además, debutaste protagonizando grandes actuaciones. ¿Cómo se produjo ese salto desde las categorías inferiores?

Fue en 1980 y tenía 19 años, que yo creo que hemos sido muy pocos los que hemos debutado con esa edad. Entre ellos, Miguel Indurain, que corrió el Tour del Porvenir, aunque no estuvo integramente ese año, Jesús Blanco Villar, el gallego, y ya no sé de más corredores. Pero, claro, el ciclismo de finales de la década de los 70 no era como el de ahora. Había cuatro, cinco o seis equipos muy pequeñitos. Uno de ellos era el Zor de Javier Mínguez, el Fosforera, que era el que le patrocinaba porque el mechero, que se llamaba Zor, todavía no estaba en el mercado y, por ello, al principio nos llamábamos Fosforera y después Zor. Éramos catorce corredores y se firmaba de año en año. También los equipos los negociaban de año en año.

Javier Mínguez, que había estado de director en el Moliner-Vereco amateur y había comenzado el año anterior con el profesionalismo, me fichó para ese equipo, en el que estaban también Pedro Delgado, Rodríguez Magro, Ángel Camarillo, Cabrero… gente muy buena, casi todos fuimos profesionales. Javier me vio en alguna carrera y, de eso que vas tirando del carro, trabajando y llegando delante, dijo que me quería para su equipo. Yo tenía que hacer la mili y esa era la única sombra de duda, pero la realicé dos años más tarde de estar en profesionales. Además, yo también quería estudiar porque pensaba que con mis padres, que eran dueños de una frutería, seguro que iba a vivir mejor que de ciclista, pero al final me lancé porque me gustaba. Ahí hice un parénteis y el primer año me salió bien. Gané una etapa en la Vuelta a Alemania con la selección española, que era una carrera que hacíamos antes del Mundial, que fue en Sallanches (Francia). Ramón Mendiburu, el seleccionador, me metió en la convocatoria al ganar una etapa con 20 años recién cumplidos. Para colmo, me llevó al Mundial más duro de la historia (risas), en el que ganó Hinault reventando a Baronchelli, que le aguantó a rueda sin darle un relevo, y en el que finalizaron solo catorce ciclistas. Fue un debut duro, pero, aun así, yo estaba muy contento.

¿Hubo alguna persona clave para que Eduardo Chozas comenzara su carrera como profesional en 1980?

Sí, Javier Mínguez. También hubo una persona clave para que yo fuese ciclista, que es el amigo de la familia, Pepe “El Carnicero”, que había sido ciclista y que fue muy importante porque en mi familia no había tradición de ciclismo. Mi padre, “El Frutero” y Pepe, “El Carnicero” (risas). El fue quien me asesoró, vio que este deporte me gustaba mucho porque siempre estaba por las aceras haciendo cronos con mis amigos del barrio y me preguntó que si quería correr, a lo que le contesté que sí. Por lo que, para mí, fue clave. Si no es por él yo no hubiera sabido como ser ciclista. Incluso, en los primeros años, él me llevaba a las carreras. Y, como ya he dicho, Javier Mínguez para pasar a profesionales.


“A la Vuelta a España siempre
le han faltado esas jornadas
de altísima montaña, de llegar al límite”



En tu palmarés aparecen etapas en el Giro de Italia y en el Tour de Francia. ¿No te quedó la espina de vencer en la Vuelta?

Sí, la verdad es que sí. No sé por qué no he conseguido ganar ninguna etapa en la Vuelta a España, la que, sin embargo, he corrido catorce veces, que han sido bastantes. Hice sexto en la general en el año que ganó Hinault, aquel 83 en el que reventó a Julián Gorospe en la histórica etapa de Serranillos. A la Vuelta le han faltado siempre esas jornadas que tienen el Giro y el Tour de altísima montaña, de llegar al límite, y ahí es donde mi organismo, mi forma de correr, las hacía fáciles sin querer. Gané tres en el Giro y cuatro en el Tour, siempre en alta montaña. Mi organismo ha sido muy resistente y, quizá, la Vuelta no ha sido tan exigente como son estas dos carreras, aunque, por supuesto, para mí más difícil, como se ha demostrado (risas).

Precisamente, la Vuelta es la grande que más te ha visto en su recorrido. ¿Con qué año te quedas de tus catorce participaciones?

Yo creo que con la primera. La primera porque es la primera y porque, encima, ganó Faustino Rupérez, que estaba en el Zor. Era mi primer año, me llevaron a la Vuelta a España y cogió el líder un compañero faltando dos semanas para acabar, por lo que me tocó tirar de salida y trabajar con Ladrón de Guevara desde el kilómetro 0, en el que atacaba todo el mundo y tú ya estabas ahí poniendo ritmo. Eso para un chico de 19 años, 21 días de carrera y 15 así, pues imaginaté, me ayudó a aprender el oficio. Ganamos una Vuelta que nos costó muchísimo y que casi se pierde aquí, en la Sierra de Madrid.

Me quedo con esa, aunque todas han tenido algo especial. Para los ciclistas españoles y para los equipos españoles era la carrera en la que más se tenía que rendir. Particularmente, yo no rendía como en las otras dos grandes y salvo en tres o cuatro ediciones que han sido duras, de calor, de Pirineos, no he encontrado el terreno más apropiado para mí.

Con 23 años ganaste una etapa en el Giro. ¿Qué recuerdos te trae la primera gran victoria como profesional?

Pues imaginaté, ganar en el Giro de Italia cuando has jugado a las chapas y siendo allí un ídolo al ser un escalador con las grandes montañas que hay…. Fue a continuación de esa Vuelta en la que hice sexto, las separaba una semana. Creo que fue la quinta etapa, Terni-Vasto, de 269 kilómetros, de esas que en el Giro salían una de cada cien en aquella época. Los primeros 150 Km se hicieron a una media de 50 Km/h persiguiéndonos, veinte por delante y otros que se habían quedado. Y ahí pensé en aprovechar la forma que tenía y ataqué muy lejos, a 80 Km de meta. Era muy llano al final y acababa en un alto, que me salvó porque ya me estaban cogiendo. Llegué a pie de Vasto con unos 40 segundos de ventaja y quedaba un kilómetro en subida, donde se les rompió el esquema a los velocistas y yo conseguí llegar con unos segundos a más de 45 Km/h de media. Ganar una etapa así en el Giro, con esa media, esa distancia y siendo todavía un chavalín, es algo inolvidable. De todas las etapas que he ganado en las grandes, la primera fue la más difícil.


“El ciclismo antes se vivía al día
y no se planificaba demasiado”



En alguna ocasión, si no me equivoco, has comentado que te hubiera gustado llegar al Tour de Francia al 100%. ¿Qué ocurría para que esto no sucediera?

Pues que el ciclismo de antes se vivía al día y no se planificaba demasiado. Lo primero que teníamos los españoles era la Vuelta y luego lo que viniera. Coincidió que estuve cinco años en el Zor con patrocinador italiano e hice cinco Vueltas a España y cuatro Giros de Italia en mis primeros cinco años de profesional. Y seguidos, que eso es todavía más duro que el Tour, porque, realmente, no tienes descanso. Esa semana que viajas al Giro es casi peor, te rompe el ritmo y al final no te recuperas y acumulas otros 21 días de carrera. Entonces, claro, nunca he preparado el Giro, la Vuelta tampoco demasiado, porque, como le pasaba a Indurain, no sé si te afecta el polen o los cambios de temperatura. Un día hacía 30º y otro día nevaba cuando te metías en la montaña, y eso influye en el organismo, cada uno genéticamente es de una forma.

Llegué a correr las tres grandes en la ONCE dos años, en el 90 y en el 91, y al final, ¿qué preparas?, pues nada, vas por inercia. Me quedé con las ganas de hacer un Giro y un Tour, porque prefería correr dos grandes, y seguro que lo hubiera hecho bastante bien. En el 85, cuando me fui a Reynolds, José Miguel Echévarri me dijo que me olvidara de mis preparaciones, que no hiciera nada en invierno y que empezara despacito para ir al Tour. Sí que noté que fui muy bien en aquel Tour, pero no conocía esa carrera, ni pensaba que podía quedar entre los primeros. Fui escapado siete días, gané una etapa, me cogieron en otra a dos kilómetros, en otra a diez y, al final, como resultado, hice noveno y me llevé una etapa. Esa fue mi primera participación en el Tour. A mí nunca me han dicho como a Valverde, tú ni te muevas, a ver hasta dónde llegas. Bueno, estaba Hinault, al que no hubiera ganado, eso seguro (risas).

La verdad es que yo no corría para hacer la general y luego siempre quedaba bien después de hacer esos esfuerzos, de ir escapado muchos kilómetros. Por ejemplo, la etapa que gané en Aurillac fui 150 Km escapado, otro día en los Alpes, que me cogieron a 5 Km de meta, fui también más de 100 Km en fuga, y eso se paga. No es lo mismo ir a rueda todo el día y disputar las cronos que, como yo, los días claves no estaba porque a lo mejor me pillaba al día siguiente. Quedaba bastante delante pero no disputaba la general, no corría para ello.

Si tuvieses que elegir un triunfo de todos los que cosechaste, ¿cuál sería tu escogido?

No lo sé, todos son muy importantes. El que me hizo ver que podía ser un buen ciclista fue la primera de las dos veces que gané la Vuelta a Andalucía, en el 83, porque, claro, hasta que no tienes un triunfo más grande no te hace cambiar. A partir de ahí ya progresé mucho más. Luego, ya veterano, la volví a ganar en el 90.

Y por medio, estaban esas victorias que siempre consigues, como digo yo, a puro huevo, solo, escapado y en alta montaña del Giro y del Tour. Me quedo con todas. Yo nunca he ganado al sprint, ha tenido que ser en etapas de montaña y dejando a todos reventados y, encima, a dos puertos del final para que los líderes no se atrevieran a ir a por mí y, así, poder mantener esa diferencia. La única que gané al sprint fue una escapada de cinco en el Tour, la última que gané allí, en la que estaban LeMond, Breukink, Hampsten y Conti. Al final gané a Breukink por dos centímetros.


“A mí nunca me han dicho como a Valverde,
tú ni te muevas, a ver hasta dónde llegas”



A pesar de que ya no eres deportista en activo, sigues muy vinculado al ciclismo. Tras pasar como comentarista por varias emisoras y como articulista por distintos medios, en la actualidad eres el director técnico de una de las revistas más importantes de este deporte, Ciclismo a Fondo, y comentarista en Eurosport. ¿Cómo se vive la competición desde el otro lado, desde el periodismo?

Yo, de mente, sigo siendo un ciclista, sigo pensando como ello y lo único que trato es de transmitirlo a los demás. Es decir, contar lo que está pasando en la carrera comentando las opciones que tiene un determinado ciclista, las opciones que puede tomar, qué es lo que está sintiendo… En cambio, la revista te da más tiempo para la reflexión, incluso hay un consultorio donde aconsejo a muchos cicloturistas, a juveniles, cadetes, etc. En la televisión es más directo, estás ahí como si fueras en la bici pero sin sufrir, siempre recordando y situándote sobre el asfalto sabiendo la dificultad que eso tiene. Sigo con ese planteamiento de hablar desde el punto de vista del ciclista y quiero transmitirlo de la mejor manera posible, para que lo entienda el que no es ciclista y el que sí lo sea. Es bonito ejercer de periodista con sentimientos de ciclista.

Y, además, sigo siendo ciclista. Monto en bici dos o tres veces a la semana si puedo, sobre todo ahora que tengo menos cosas. También organizo muchos eventos que van dirigidos al cicloturismo. Por ejemplo, el circuito de MTB Actívate para iniciar a chicos, para que compartan el ciclismo el abuelo y el nieto, el padre y sus hijos, con los amigos… y, luego, los campus de ciclismo para gente que monta más, con charlas donde aprenden a entrenar, a alimentarse o lo que se necesita para mejorar. En ese sentido, sí que sigo muy vinculado porque me gusta hacer estas cosas y veo que la gente lo aprovecha y lo disfruta.




Eduardo Chozas con Álvaro Calleja.


Hablando de los campus de ciclismo y del circuito de excursiones de MTB que organizas en la Comunidad de Madrid, ¿cómo se te ocurrió?

Lo he diseñado yo. Que yo sepa no hay muchos campus como los que hago, con una parte práctica, que es la que aporta más diversión y por la que va a venir gente que después se van a hacer amigos porque están disfrutando juntos de lo que más les gusta, y con una parte didáctica, más teórica, en la que se explica como mejorar en todos los sentidos, desde la técnica a la seguridad vial. Para que todos se diviertan los grupos se separan por niveles. Hay ocasiones en las que llegamos a hacer hasta cinco grupos, como en Moraira, al que acude mucha gente.

Se me ocurrió hacer los campus porque es tratar al cicloturista como a un profesional, con los mismos cuidados, con coche de apoyo, de avituallamiento, como si estuvieras entrenando en equipos profesionales. No les falta ningún detalle. En las charlas-coloquio ellos también te preguntan cómo colocarse en la bici, cómo se toman las medidas, qué posiciones son las correctas… Siempre ha estado vinculado a gente joven, pero hubo un momento que me di cuenta que podía haber una demanda muy importante de todos los que practican el ciclismo. Ya llevo catorce años haciéndolo y ha habido una evolución. Son cosas que he diseñado yo y hay gente que ahora lo hace igual, eso me enorgullece. Ahora me voy a México, que han visto por mi página (www.echozas.com) que organizo campus y vamos a hacer uno allí, donde no conozco el terreno pero sí de qué voy a hablar (risas).


“En los campus que hago se trata
al cicloturista como a un profesional”



Volviendo a tu labor en Ciclismo a Fondo, donde, además de responder a los lectores que te envían cartas, hacer pruebas y ofrecer tu opinión, también realizas entrevistas a personajes conocidos del ciclismo. José María García, Carlos Sastre, Javier Guillén, Víctor Cordero… ¿Cuál ha sido la entrevista más complicada?

Entrevista complicada hasta ahora no he tenido ninguna. Bueno, quizá la que hice al secretario de Estado para el Deporte (Jaime Lissavetzky), que era más institucional, aunque fue bastante accesible a través del gabinete de prensa. A los demás, pues son de mi medio, de mi entorno, como José María García, quien para mí ha sido un fenómeno. He estado diez años con él, viéndole trabajar, aprendiendo un periodismo que prácticamente ya no se hace. Revolucionó el periodismo deportivo, dando la sensación de directo, metiendo las emisoras en los coches, dando boletines de veinte minutos, enfrentándose a la demás programación. Ahora todo el mundo le echa de menos porque obligaba a esforzarse mucho a la competencia. Escuchabas ciclismo a todas horas, en todas las emisoras, en la televisión, en todos los sitios. En cambio, ahora ya no escuchas ciclismo por ninguna emisora, desgraciadamente, y en la televisión ves lo justo.

Para la Vuelta, creo que septiembre es un mes malo porque te incorporas al trabajo después de las vacaciones, empieza la Liga, y todo esto hace que parezca que la Vuelta a España no tiene el mismo seguimiento del español de la calle que tenía cuando se disputaba en primavera. Bien es verdad que, en el 90, había once equipos españoles y nos batíamos el cobre allí. Ahora casi no hay equipos españoles, está el Casse d´Epargne, el Fuji-Sevetto, que tiene muchos problemas, el Euskaltel-Euskadi, el Xacobeo Galicia, el Contentpolis y el Andalucia-CajaSur. Así que, imaginaté, once equipos españoles y con diez corredores que podían repartirse como líderes en diez equipos. No eramos ninguno como Alberto Contador, pero sí que dábamos juego. Eso tiraba mucho en aquella época. El ciclismo estaba muy sano en España y ahora ya no está tan bien, aunque tenemos los mejores ciclistas de la historia, con Contador, con Sastre, con Valverde, con Samuel, con Freire y con un montón que me dejo. Los resultados que se han conseguidos son históricos, lo ganamos todo.

¿Crees que es la mejor época de nuestra historia?

Sin duda, en cuanto a resultados es la mejor. Nos falta Miguel Indurain, con sus cinco Tours, pero Alberto Contador va en proyecto, que ya lleva dos, más un Giro y una Vuelta, y aún le queda mucha marcha. Ahora, carrera importante que corremos, carrera en la que siempre hay un español entre los mejores. En las grandes vueltas sobre todo, ahí sí que somos especialistas, siempre que va la “Armada Española” que se preparen los demás. Y en los Campeonatos del Mundo, como ya hemos visto en este último, España domina, aunque otra cosa es que se remate o no, pero domina.


“El ciclismo ya no está tan sano en España,
aunque tenemos a los mejores ciclistas de la historia”



Al cabo del año pasas muchas horas delante del micrófono en Eurosport. ¿Qué tal te compenetras con tu compañero Antonio Alix?

Bien, ya son dos años y al final siempre te haces amigo. Creo que hay que ser a veces divertido y a veces tener, que tenemos, puntos de vista diferentes. Es importante tener confianza para gastar alguna broma, que de vez en cuando viene bien, porque con tantas horas hay ocasiones en las que uno ya no sabe ni de qué hablar. Y, bueno, con las entrevistas, algunas las planteo yo y otras Antonio, vas abriendo una tertulia y vas entreteniendo a la gente. El ciclismo tiene zonas donde no pasa nada durante muchos kilómetros y nosotros tenemos que enganchar a alguien. Y cómo le enganchas, pues con una conversación amena, con algún protagonista, es bonito. En Eurosport todo lo diseñamos nosotros, nadie te dice nada. Antonio y yo somos los que organizamos lo que queremos hacer.

Para finalizar, ¿cómo es tu relación con Pedro Delgado y Carlos de Andrés, la competencia?

Buena, cordial. Nosotros tenemos, en general, un público que controla más el ciclismo, mucho más técnico. El mismo público también se pasa en la publicidad a TVE y, en muchas ocasiones, también vuelve a Eurosport. Ellos tienen un público generalista, los que nos escuchan a nosotros y los que no saben nada de ciclismo, ponen la televisión y es la cadena que ven. Eurosport está en cadenas de pago y, se supone, que el que paga por escucharnos nos exige un poco más (risas). Con la interactividad que tenemos en los foros y por correo, pues nos hacen preguntas muy difíciles y muy técnicas, deja ver que es un público específico, que controla el ciclismo y al que no le puedes meter gato por liebre (risas).

No hay rivalidad, somos amigos, yo me llevo muy bien con ellos. Por ejemplo, en la Vuelta a España cené con Pedro al coincidir en una cena de corredores de aquella época, de ese Moliner-Vereco, con Arroyo, Rodríguez Magro, Ángel Camarillo, Juan Fernández, Anselmo Fuerte, Juan Carlos González Salvador…

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