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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

El COI y las encuestas liquidan, de momento, las aspiraciones de Ruiz-Gallardón

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 5 de octubre de 2009, 06:23 h (CET)
18:30 de la tarde del pasado viernes. Es la hora en que el delfín de Manuel Fraga, Alberto Ruiz-Gallardón, conoce que sus posibilidades para alcanzar el por él tan ansiado liderazgo del centro-derecha español si bien no se acababan de esfumar del todo –el alcalde es incombustible y el PP, cada día menos liberal, imprevisible- sí se desvanecían en gran medida. Río de Janeiro, que casi dobló en votos a Madrid en la elección final, era la ciudad elegida para organizar los Juegos Olímpicos de 2016. Por cierto, lo de la excusa de la inevitable rotación de continentes que tanto estoy oyendo y leyendo estos días debe de ser un argumento ideado por los enemigos del alcalde, puesto que si ya se sabía que no tenían nada que hacer en 2016 después de que el COI eligiera a Londres como organizador de los Juegos Olímpicos de 2012, ¿por qué han dilapidado, ahí es nada, 600 millones de euros del asfixiado contribuyente madrileño en una empresa imposible? Y eso de que “nos han robado” las Olimpiadas o de que Jacques Rogge es un villano que “ha engañado” a un, en caso de ser cierto, mucho menos inteligente de lo que se cree Gallardón no cuelan. Aquí alguien tuvo una cabezonada y apostó su futuro político a la olímpica carta. “Si no se consiguiesen los juegos la responsabilidad sería mía”, había afirmado hace unos días un exultante Alberto Ruiz-Gallardón, quien después de conocer el sopapo que los comedores y bebedores del COI habían endilgado a la capital en forma de informe (“Madrid ha salido reforzada”, afirmó en público sin anestesiar previamente a la ciudadanía según se conoció que había sido la peor puntuada) siguió gastándose el dinero de los madrileños en campañas de publicidad y conciertos de David Bisbal en la Castellana. Ahora, por coherencia, debería de demostrar que sabe qué es eso de la responsabilidad e irse a su casa. No lo hará.

En Génova 13, después del jarro de agua fría –que no electoral- que ha supuesto el segundo fascículo valenciano (esto va por entregas. De venta en kioscos y librerías) de la trama Gürtel, respiraron aliviados. Mariano Rajoy, quien según las encuestas de Metroscopia y del Instituto Noxa publicadas este pasado fin de semana en la prensa nacional, podría, caso de celebrarse ahora Elecciones Generales, desalojar con la sola ayuda de CiU a Rodríguez Zapatero de La Moncloa (entre 3,6 y 4,4 puntos le separarían, ventaja para los populares, del PSOE), ya no tendrá enfrente a un triunfador Ruiz-Gallardón. Muchas cosas van a cambiar en el Partido Popular a partir de ahora. Ruiz-Gallardón, que tocó el cielo con las puntas de los dedos y ya se veía sentado en la silla que hoy ocupa María Dolores de Cospedal para luego poder ocupar el sillón de José Luis Rodríguez Zapatero, va a empezar a conocer, nuevamente, lo que es la contestación interna. Digo nuevamente porque jamás se vio un rechazo tan rotundo como el que los afiliados del PP de Madrid le endosaron sin piedad hace unos años cuando quiso disputar la presidencia del PP madrileño, holograma Cobo de por medio, a su rival ideológica y de partido Esperanza Aguirre. ¿Llegó a los diez avales?

Y todo esto sucedía en la misma semana en que el Ministerio de Economía y Hacienda de la nada ahorradora Elena Salgado le denegaba al Ayuntamiento de Madrid la posibilidad de ampliar aún más su deuda, que ya supera, con mucho, la permitida por la Ley de Bases. A 8.000 millones de euros ascenderá a final de año la deuda de los vecinos de Madrid. El 25% de toda la deuda municipal de España se acumula en las zanjas, noches en blanco y corazonadas de Madrid. Los tataranietos de los actuales madrileños seguirán pagando la “brillante” gestión del que quiso dejar Madrid para que no la reconociera, que diría Alfonso Guerra, “ni la madre que la parió”. Y ojito madrileños, que ahora va a por la Plaza Mayor. Normal y lógico que el PSOE, cada vez que el PP le echa en el Congreso en cara el despilfarro y atraco impositivo saque como argumento, demoledor y real, la pólvora del rey con que el manirroto alcalde dispara contra los madrileños con ocasión o sin ella.

Si el PP quiere llegar con credibilidad a las Elecciones Generales y hacer realidad las encuestas, tiene evitar que el modelo de derroche, intervencionismo (hasta la vestimenta de los taxistas impone), populismo y atraco impositivo del alcalde liquide las aspiraciones monclovitas de Mariano Rajoy. He ahí la clave. Empiezan tiempos duros para un alcalde que, por lo que parece, no va a dejar el sillón.

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