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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Planeta Polanski

Kathleen Parker
Kathleen Parker
domingo, 4 de octubre de 2009, 08:46 h (CET)
WASHINGTON - En un universo mediático que nunca descansa, sería de esperar que la historia de Roman Polanski durara, bueno, lo que un suspiro. Violó a una menor, lo admitió, huyó del país antes que se dictara sentencia, volvió a ser detenido y ahora se enfrenta a los cargos.

¿En qué planeta es esto polémico?

Podríamos encogernos de hombros y decir "Estas cosas sólo pasan en Francia," donde el ministro de cultura consideraba la detención prueba de que "La siniestra América acaba de mostrar su rostro." O, tal vez, diríamos "Estas cosas sólo pasan en Hollywood," donde más de un centenar de cineastas y actores han firmado una petición que pide la liberación de Polanski.

Lo más probable es que hayamos llegado al punto, identificado por el difunto Senador Daniel Patrick Moynihan, en el que hemos restado progresivamente tanta importancia a la aberración que ya no la reconocemos. Si no es una aberración que un hombre de 43 años coquetee, drogue, viole y sodomice a una menor de 13 años, ¿qué es una aberración?

Sin embargo, durante los últimos días, Polanski se ha convertido en un caso de gran interés, el icono de un incidente internacional que tiene a individuos y naciones de calibre sopesando al milímetro sus posturas. Que muchos hayan cerrado filas para protegerle, insistiendo en que ya ha sufrido suficiente, es prueba de un suceso en la historia de la humanidad mucho más raro que la seducción de una niña por un adulto. A medida que la observación de Moynihan se vuelve más válida con el tiempo, aquellos dispuestos a plantar cara y gritar: "¡Basta!" se arriesgan a ser objeto del más molesto de los epítetos: (BEG ITAL)Quel(END ITAL) mojigatos.

Quizá también la noticia despertó nuestra imaginación porque resulta, bueno, Polanski-esca, empezando por su detención en Suiza, el país de la neutralidad, nada más llegar para recibir una distinción a una vida de trabajo. En cierto grado, ciertamente la angustia despierta por lo menos una sonrisa de reconocimiento. En un instante, el trabajo de su vida pasó de lo sublime a lo banal, convertido el artista en un delincuente común a los ojos vendados de la justicia.

Bien puede ser cierto, como algunos han afirmado, que el momento de la detención de Polanski es peculiar. También puede ser cierto, como dice un documental de la HBO emitido el año pasado, que el juez del caso Polanski ya fallecido fuera culpable de prevaricación al amenazar con incumplir un acuerdo judicial. Estas cuestiones pueden ser resueltas en un tribunal de justicia. Pero ni las acciones del juez ni la posición de Polanski como icono cultural alteran la verdad más evidente: que es un prófugo de la justicia en un caso de violación y que tiene una deuda pendiente con la sociedad.

El contenido de sus actos, por su parte, nunca ha estado en duda. Cualquiera que dé lectura a las transcripciones del juicio y no sea un pedófilo no puede sino sentirse asqueado ante la descripción de lo sucedido por parte de la menor. En otra muestra de ironía, Polanski dirigió una película de terror en 1965 titulada "Repulsion", en la que una mujer joven y sexualmente reprimida cae en la locura. La causa de su enfermedad no está clara, aunque un trozo al final de la película sugiere que se abusó sexualmente de ella cuando era niña.

Ojalá Polanski hubiera sido capaz de desterrar a sus demonios a través de su arte y obviar la necesidad de redención. En cambio, parecía recrear su fantasía con una víctima real.

Las élites más sofisticadas pueden entender como "siniestra" la jurisprudencia estadounidense, pero tenemos cierta manía de proteger a los menores de los delincuentes sexuales. La justicia no está sólo de parte de la menor violada, hoy madre de tres hijos que no guarda ningún rencor, sino también de parte de un mundo que necesita afirmar sin dudar que la gente civilizada no tolera la violación de menores. Cualquier otra cosa envía un mensaje de que los niños no están seguros - y que los delincuentes sí.

Esto parece muy claro. Aún así, Polonia y Francia solicitaban con efecto inmediato a Suiza la liberación de Polanski y afirmaban que recurrirían a la Secretario de Estado Hillary Clinton para solicitar su liberación.

¿El presidente más guay de todos los tiempos se va a arriesgar a ofender a nuestros aliados echando el guante a un hijo del país admirado al otro lado del charco para que sea juzgado por unos vaqueros puritanos? ¿Va a someterse a la voluntad de Hollywood y ofender a aquellos que todavía piensan que las relaciones sexuales con menores están terminantemente prohibidas? Hay más probabilidades de que el águila americana se aparee con los gallos galos.

Los amigos de Polanski, por desgracia, pueden haber cometido un error de cálculo. Después de todo, Barack Obama es el padre de dos niñas. Y Hillary Clinton, madre de una hija, ha recorrido el mundo para proteger a mujeres y niñas de delincuentes sexuales.

Polanski puede no tener suerte esta vez, pero tampoco desesperación. Aunque el arte puede redimir el alma, solamente la verdad libera.

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