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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El Madrid: Once unidades en el campo

Marino Iglesias Pidal
Redacción
sábado, 3 de octubre de 2009, 13:17 h (CET)
¿Y por qué iba a ser otra cosa? ¿Quién trabaja para que sea una unidad de once? A mí no me da la impresión de que alguien lo haga.

¿Será uno tan elemental que todo lo ve del tamaño del su mente? En realidad, la pregunta no deja de ser mera retórica. No me considero tan deficitario mentalmente. Pero es que, si el razonamiento es tan sencillo, por qué no lo aplica Pellegrini.

Se puede expresar con otras palabras, pero no buscar otros fines. Y la escalera es una sucesión de escalones en la que cada uno se apoya en al anterior.

Entonces, siguiendo el orden que la obra demanda, lo primero: hacer un equipo. Y el equipo, así lo exige el reglamento del juego, ha de estar compuesto por once jugadores, ¡y este es el primer peldaño! ¡y no se puede poner el segundo porque los peldaños no levitan!

Reconocida la prioridad, preguntémonos como lograrla. ¿Tirando los veintipico jugadores a la rebatiña para quedarnos con los once primeros que toquen el suelo, que hoy serán unos y mañana otros? ¿Es menester recurrir a algo más que el sentido común para comprender que la reiteración crea la conjunción? No voy a argumentar para defender la memez de semejante obviedad. Como tampoco considero necesario hacerlo para que la mente menos perspicaz se dé cuenta de que, en un equipo formado, el cambio, por necesidad de las rotaciones, de uno o dos jugadores, que serían o no distintos cada vez, no supondría ningún trauma para el rendimiento del conjunto, pues la memoria colectiva de nueve o diez absorbería la una o dos individualidades que se incorporaran.

¿Cómo se crea un equipo? ¿Basta con soltar en el campo siempre a los mismos once para que cada cual juegue según su individual forma de entender el juego? Esto sería posible si la maniobra se repitiera durante… diez o quince años, pero no creo que ningún equipo busque esto ni que los jugadores puedan con los pantalones para ese momento del logro. No es el caso. Hay que lograrlo en el menor tiempo posible, en el tiempo de la pretemporada. Para ello hay que dejarle muy clara a cada cual la función a desempeñar y hacer que la desempeñe.

Y ahí está la figura del entrenador. Un señor que debe saber cual es la mejor forma de jugar con los jugadores de que dispone. Que debe saber transmitirla. Y que debe tener una personalidad tal, que, sin ser una reencarnación de Cassius Clay para liarse a puñetazos con todos ellos, haga que cada cual cumpla con sus directrices sin joderle la paciencia a nadie. ¿Es Pellegrini este hombre? Yo no lo creo. Escribo esto unos minutos después del Madrid Olympique.

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