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Alonso y el Marqués de Portago

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
viernes, 2 de octubre de 2009, 01:12 h (CET)
Menudo notición lo de Alonso. Qué alegría por el bueno del asturiano y por los aficionados españoles al espectacular deporte del automovilismo F1. De una forma milagrosa, el piloto más competitivo de la parrilla va a ir a la mejor y más mítica escudería del mundo. Y digo de forma milagrosa porque es muy complicado que la excelencia se fusionen en total sintonía.

En el caso concreto de Alonso, no le ha sido nada fácil llegar a los coches del cavallino rampante. No es de extrañar, pues no cualquiera puede conducir un Ferrari, la marca líder en el mundo del automovilismo deportivo y el “top” en el mundo de los automóviles en general. Como sabrán, no es fácil ni siquiera llegar a comprarse un Ferrari. Los coches de la ciudad de Módena son coches súper exclusivos. No sólo hay que ser una persona acaudalada para poder adquirir uno (el más barato de los 3 modelos que actualmente se venden en España vale 200.000 euros), sino que tienes que ser miembro del Club Ferrari para poder comprarlo. ¿Requisitos? Que la marca te acepte y que otro conductor de Ferrari te apadrine la entrada a dicho club. Pero es más, para los modelos de gama altísima, tienes que tener además un historial de conducción impoluto y especializado en conducción deportiva.

Las causas del desencuentro entre nuestro piloto y la marca italiana en el pasado han sido múltiples. El desencuentro comenzó cuando Renault apostó por un joven piloto de Minardi, primero como probador y después como piloto oficial. No sólo fue una bendición para el asturiano. Renault ganó dos campeonatos del mundo. Y además uno de ellos se lo ganó a un Schumacher que soñaba con despedirse de su brillante carrera deportiva en Ferrari con un triunfo final. A partir de ahí Alonso estuvo en la lista negra de la marca roja. Era el oscuro objeto de deseo para ellos, e incluso algunas voces desde dentro barajaban su fichaje, pero al final no hubo oferta a Briatore por el piloto español. Alonso terminó en Williams, y ya saben ustedes como acabó la cosa. Cuando nuestro compatriota salió por pies del equipo del simpático Hamilton, Ferrari era una posbilidad. Pero Motezemolo acababa de cerrar el equipo y no había sitio para Alonso. Estaba claro que los senderos de ambos, escudería y piloto, estaban desencontrados. Al final, de cara a la temporada que viene y gracias al patrocinio español del Banco BSCH, el sueño se ha conseguido.

Alonso, sin embargo, no es el primer piloto español de Ferrari. Además del piloto probador Marc Gené (que se va el año que viene, así que no coincidirán), hay un precedente delicioso del que me gustaría ocuparme ahora. Se trata del peculiar Fon de Portago. Un aristócrata español, el marqués de Portago (su nombre real era Alfonso Antonio Vicente Eduardo Angel Blas Francisco de Borja Cabeza de Vaca y Leighton Carvajal y Are) era descendiente de conquistadores y su padre fue amigo personal de Alfonso XIII, un héroe en la guerra civil, se casó con una inglesa y se fue a vivir a Londres. Lamentablemente, murió allí, cuando el niño Alfonso tenía sólo 12 años, tras ducharse acalorado tras un partido de polo. Su hijo, Fon de Portago, heredó su sangre aventurera y su pasión por el deporte. Pilotó una avioneta y voló clandestinamente por el Támesis hasta hacerla pasar bajo uno de los puentes sobre el río londinense, debido a una apuesta. Luego se dedicó a otra de sus pasiones: las carreras de caballos. Era tan bueno que ganó más de 100 carreras en tres años, proclamándose como el mejor jockey amateur de la isla.
Pero si en algo destacó fue en el mundo de los coches. Su pasión por los Ferrari le llevó a pilotar en carreras. Y lo hizo verdaderamente bien. Consiguió ser piloto oficial en 1956. A los mandos de su Ferrari Monza le plantó batalla con éxito al mítico Juan Manuel Fangio, quizás el mejor piloto deportivo de todos los tiempos. Fon llevaba una vida de novela, y cuando supo que tenía que correr la competición italiana (que a resultas le llevaría a la tumba), Fon de Portago escribía “Estoy feliz, hago mucho el amor y mi mujer se quiere divorciar, como cada primavera, pero ahora Ferrari me fuerza a correr la Mile Miglia. Qué mierda..” Parece que fue una premonición. En aquella carrera perdería la vida al reventar una rueda y empotrarse contra un muro, tras arrollar a once espectadores. Fue la última vez que se correría la carrera italiana. Fon era consciente de los riesgos de su profesión, antes de comenzar su última carrera escribió: "Si muero mañana, no por ello habré dejado de vivir 28 años maravillosos".

El caso es que ahora Alonso tiene la oportunidad de mejorar la apasionante singladura del aristócrata español. Todo el mundo está encantado, el gran patrón Ecclestone, los pilotos, los aficionados y ambas partes contractuales. Ciertamente, el asturiano está en una escudería que es más que un equipo o una marca de motor: es una cultura. Al fin y al cabo, como dicen los ferraristas, hay dos tipos de coches: los Ferrari y el resto de los automóviles.

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