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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La opción pública está muerta y enterrada

E. J. Dionne
E. J. Dionne
jueves, 1 de octubre de 2009, 06:46 h (CET)
WASHINGTON - Lo más curioso del debate sobre la opción pública de la sanidad es que los centristas que se oponen a ella deberían estar encantados de verdad con ella.

Esto no implica una nacionalización del sistema médico. La idea es que sólo los consumidores que quieran afiliarse a un plan sanitario público tengan opción a acogerse. Cualquiera que prefiera la opción privada podría acogerse a ella.

La opción pública también utiliza el gobierno tal y como defensores de la economía de mercado dicen que se debe emplear: No como una entidad de control, sino como un impulso hacia una mayor competencia. Los entusiastas del mercado se oponen a los monopolios con toda razón. Pero en muchos sectores, un pequeño grupo de aseguradoras - a veces sólo una - dominan el mercado. La opción pública es la medida antimonopolio.

Los centristas nos dicen que quieren controlar el gasto y combatir el déficit. Versiones más firmes de opción pública, como ilustraba la Oficina Presupuestaria del Congreso en su evaluación de la propuesta del Senador Jay Rockefeller, reducen el gasto de asegurar a todo el mundo.

Lamentablemente, el debate de una opción pública muy pocas veces se ha concentrado en el núcleo de esta idea. En cambio, ha sido casi totalmente ideológico.

Debido a que los detractores saben gracias a las encuestas que la opinión pública desea la opción de elegir un plan público, desplazan el discurso hacia terrenos abstractos y con frecuencia demagógicos. El "argumento" más revelador del debate celebrado el martes acerca de la opción pública en el Comité de Economía del Senado procedía del Senador Chuck Grassley.

"El gobierno no es un competidor leal", decía Grassley. "Es un depredador".

Grassley se vio obligado a explicar su opinión de Medicare. ¿Es depredador que el gobierno sufrague la factura médica de los ancianos? ¿Es abusiva la seguridad social, que convive con los planes de ahorro y de pensiones privados? ¿Es depredador que el gobierno regule a, bueno, los agentes de crédito abusivos y los corredores estafadores y los bancos usureros?

Los Demócratas se han cortado demasiado a la hora de confrontar las acusaciones que la derecha vierte contra el gobierno. Han pasado a la defensiva en un momento en que deberían pasar a la ofensiva insistiendo en que el gobierno puede ampliar la libertad humana y dar opciones a la gente que de lo contrario no va a tener.

Piense en la educación secundaria, los préstamos y las becas a los estudiantes para la Universidad, los sistemas de abastecimiento urbano y la compensación por desempleo que permite que la gente vaya tirando mientras encuentra su siguiente puesto de trabajo. Una opción de protección pública encaja que ni pintada en la tradición estadounidense de utilizar al gobierno para abrir nuevas vías de elección y oportunidades.

La opción pública fue rechazada en el Comité de Economía - 15-8 la versión firme de Rockefeller y 13-10 la versión de compromiso del Senador Charles E. Schumer. El Senador Max Baucus, presidente del Comité de Economía, se encontraba en una posición delicada teniendo que explicar que manifestara que la opción pública era algo muy positivo ("Una opción pública tiene mucho de positivo," afirmaba) pero votando dos veces en su contra por pensar que muchos otros senadores iban a votar en ese sentido. Supongo que así es como funciona el liderazgo en el Senado.

Sin embargo, los partidarios de la opción y la administración Obama han cometido errores no forzados propios que nos han conducido a las votaciones del martes.

La opción pública es un medio para un fin, no sólo el símbolo en que se ha convertido en algunos círculos progresistas. Desde el principio, la opción pública debería haber sido interpretada como parte de una iniciativa más amplia para hacer accesible la protección médica. Esto significa que sus promotores deben de ocuparse de las subvenciones a los que no tienen seguro más de lo que lo han hecho hasta la fecha. Si este proyecto de ley no ayuda a hacer asequible tener un seguro a las familias de renta modesta, será un fracaso.

En cuanto a la administración Obama, ya ha dado muestras insinuando que va a prescindir de la posibilidad. Su muy pública infidelidad a la opinión que simulaba tener enfureció a los progresistas y debilitó su propia posición negociadora simultáneamente.

Schumer y Rockefeller hicieron bien en insistir que los votos de esta semana no van a poner fin a la batalla de la opción pública. Su forma final será objeto de negociación y podría implicar un "desencadenante" que la pusiera en marcha en los mercados no competitivos -- mientras el desencadenante no sea un gesto sin ningún sentido. Pero la lucha vale la pena para mantener los asuntos de la competencia y la accesibilidad en la cabeza del Congreso.

Y una consideración pragmática más: Los estadounidenses se preguntan si todo este ruido en torno a la sanidad va a servir para cambiar sus vidas. Al ofrecer un producto de protección verdaderamente nuevo, el gobierno estaría actuando como un innovador, un acicate para el cambio y, por utilizar la frase, un asegurador en el que podemos confiar. Como Max Baucus nos ha enseñado, hay mucho de positivo en eso.

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