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Los impuestos, el Caballo de Troya de nuestra economía

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 1 de octubre de 2009, 06:41 h (CET)
Este gran actor de melólogos que es Rodríguez Zapatero, este especie de Pigmalión rouseauniano, que se ha erigido en el gran director solitario que dirige los destinos de España; ha dado un paso más en su neurastenia dictatorial. Incluso la escenificación, los “tempos”, la coyuntura y los argumentos, utilizados para decirnos, paternalmente, que “los ciudadanos comprenden y aceptan que se les aumenten los impuestos”, en un intento de recobrar la iniciativa incluso, cuando piensa clavarnos la bayoneta en el bolsillo, pretendiendo que esta disparatada subida de impuestos a la que piensan someternos o, mejor dicho, con la que piensan castigarnos a los ciudadanos; está refrendada, obligada y exclusivamente dedicada a cubrir los gastos sociales derivados de la crisis que nos está afectando, a España más que a otras naciones, seguramente debido a que no nos “enteramos” hasta pasado un tiempo de que estábamos en ella, o sea, hasta que el Gobierno del señor ZP se cayó del guindo, cuando el resto de naciones ya se aprestaban, con todos los medios a su alcance, a enfrentarse a sus consecuencias. Falta de previsión y necesidad de dar la sensación de que España estaba a salvo de la crisis; dos errores tácticos del señor Zapatero que estamos pagando.

Nada más lejos de la realidad. Lo que les está ocurriendo a esta tropa de ministros, sería más ajustado decir ministriles, es que han estado viviendo de las rentas del “denostado” gobierno del señor Aznar, de sus magníficos resultados económicos y de su prestigio internacional. A fuerza de abusar de la suerte, se les cayeron los sombrajos y se quedaron sin techumbre que los protegiese de la cruda evidencia. La recesión les pilló a contrapié y, las maniobras a las que tuvieron que recurrir, para parar el primer encontronazo provocado por el estallido de “la burbuja inmobiliaria”, aparte de mal orientadas, peor gestionadas, inútiles y desproporcionadas (la forma de concederles ayuda a los bancos, sin control ni condiciones, fue uno de los errores más garrafales de la administración socialista), no sirvieron para otras cosa que para que los bancos taparan sus propios agujeros, pero no solucionaron los problemas de liquidez de las empresas, en especial las medianas y pequeñas, que tuvieron que capear la tormenta sin ayuda alguna, sin reducción de cargas fiscales y sin medio de desprenderse con facilidad de sus sobrantes de plantilla.. ¡50.000 millones de euros a los que, recientemente, se han tenido que añadir 90.000 millones más para intentar contener la avalancha de quiebras de las cajas, que también se añadieron a las entidades que quisieron enriquecerse fraudulentamente!

El endeudamiento al que han tenido que acudir para hacer frente a un desempleo galopante y para tapar agujeros, consecuencia de la caída de la construcción, desmoronamiento de la industria, la contracción de la producción, la caída de las exportaciones al extranjero y la recesión de la demanda interna, unidas a la deflación y el subsiguiente aumento desproporcionado del gasto público, para poder atender a los compromisos sociales derivados de sus promesas electorales, muchos de ellos sin haber sido desarrollados en su integridad y otros pendientes de su puesta en práctica; todo ello ante una disminución de la recaudación por impuestos y la necesidad de primar nuestra deuda para poder competir con la de otros países; ha causado tal déficit en las cuentas del Estado que, el Gobierno, ante la imposibilidad de continuar engañando al pueblo y la urgencia de atender sus compromisos financieros derivados de su endeudamiento exterior; se ha visto obligado a acudir a la medida más impopular que existe: la subida de impuestos. Ya puede el señor Blanco o la señora De la Vega o, incluso, la desacreditada Leire Pajín, querernos convencer de que los impuestos se cargarán a los ricos para ayudar a los pobres. No señores, esto es otra de las falacias del PSOE, que quiere aparecer como un Dick Turpin, bandolero inglés que robaba a los ricos para socorrer a los indigentes. Los impuestos, así como nos los han presentado en el proyecto de los PGE, en nada van a perjudicar a las grandes fortunas que se han refugiado en las SICAV (que pagan sólo un 1%) porque éstas permanecerán intocables. Sin embargo, si van a ser demoledores para la clase media y los obreros, que van a ser los que van a sufrir, en sus propios bolsillos, pagar la parte del león de las recaudaciones del Estado a través del IVA, que aumentará: el reducido en un 1% ( del 7% al 8%) y el otro pasará del 16% al 18%. Por añadidura, los que más se beneficiaban del descuento de los 400 euros del IRPF eran, precisamente, los de la clase media; luego no es cierto que las rentas del trabajo no hayan sido gravadas ya que el 90% de los que se beneficiaban del descuento eran profesionales, pequeños comerciantes, pequeños industriales etc. y, para estos si ha habido retoque del IRPF.

Si tomamos en cuenta que, según parece, nos estamos endeudando a una velocidad vertiginosa, de modo que el conjunto de la deuda pública de todas las administraciones públicas que, en el año 2008, ascendía al 38% del PIB (cada punto representan 10.000 millones de euros), en la actualidad se ha situado en un 53’4% del PIB y los pronósticos, para el próximo año 2010, son de que se va a llegar al 62’5% del PIB. El Gobierno no alcanza a cubrir las deudas que ha ido contrayendo a través de una política basada en las improvisaciones, carente de una programación adecuada y ajustada a las posibilidades de gasto público del país; sin tomar en cuenta que, cada euro emitido en DP supone pagar sus correspondientes intereses y cuando, como es el caso de España, no se puede amortizar y tiene que renovarse, la carga se hace insoportable debido al aumento de las cargas que comporta. Así las cosas, cualquier gravamen o impuesto que se aplique, directa o indirectamente, sobre los ciudadanos resulta insuficiente; lo que lleva a que nuestro endeudamiento actual ( cercano a los 534.000.000.000 de euros) se deba trasladar a años sucesivos, hipotecando a varias generaciones venideras, que deberán seguir haciendo frente a la mala administración del gobierno del PSOE que nos ha llevado a esta situación insostenible.

Entre los artículos más gravados se sitúan los combustibles a los que se les aplicará un “gravamen verde” o “impuesto ecológico”. Nadie dudaba de que, con semejante excusa, los ciudadanos acabaríamos para tener que pagar más, pues bien, lo que nos anunció el señor ZP de la “economía sostenible y las energías alternativas” ya empieza a tomar forma con el encarecimiento de los combustibles (temblemos cuando ya se nos anuncian baterías de medidas para cumplir con los objetivos de Kyoto). Y esto nada más es el principio de una cadena de nuevos impuestos que, con la excusa de la ecología, nos van a hacer pagar hasta para respirar. Veremos como a los ciudadanos se nos va a obligar a usar el transporte público, porque la circulación se va a hacer imposible. Entre multas y restricciones todos vamos a acabar por ir a pie ( lo que va a ocurrir con las fábricas de coches y sus stocks, es harina de otro costal). Lo que no nos dicen, los autores de todos estos desatinos, es la repercusión que estas medidas de encarecimiento de materias primas esenciales para el transporte y la industria van a tener sobre la producción, la demanda y los precios de los productos; y si, como es previsible esperar, todo ello acabará por situar a España a la cola de las naciones europeas y, esta esperada recuperación para finales del 2010, sea sólo una utopía, un nuevo placebo para ocultarnos la verdadera realidad de que nuestro país está al borde de la quiebra.

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