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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La Cultura, esa cosa

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 30 de septiembre de 2009, 09:03 h (CET)
Estamos tan acostumbrados al derroche de nuestros gobernantes, quienes se han creído que son los amos y que pueden manejar España como si de un cortijo propio se tratara, que ya no nos llama la atención ni el que sostengan a cargo del erario a un abrevadero de supuestos actores, intelectuales y cejilleros en general. Total, como sólo son unos cuantos miles de millones de euros, pues nada, todo tan ricamente.

“¡Qué filósofo estáis”, se admiró el asno de Sancho Panza ante las elucubraciones de Rocinante. “Es que tengo hambre”, contestó con sentida resignación éste. Y es que es así la cosa, ni más ni menos. Es el hambre lo que genera obras magníficas, y en ningún caso tener mantenida a la tropa como si fueran queridas tendidas en los lechos sin chales en los pechos y flojo el cinturón (Espronceda dixit). Diógenes se fue a vivir a un barril porque el lujo y la comodidad le impedían comprender el mundo y la naturaleza humana, es en las situaciones más angustiosas y de mayor carestía cuando se han iluminado las mejores obras de todos los tiempos, y es en las situaciones extremas donde se puede obtener las mayores grandezas (y miserias) de las cualidades humanas. Ya saben: no se hacen buenos soldados en camas blandas.

Lo de la Ministra de Cultura, la señora ésa del cine que sostiene a sus amiguetes, troncos, coleguis, camaradas y demás aproximativos al cortijo cejillero del chup, chup, es poco menos que un atentado a la razón, la Cultura, la inteligencia y, por supuesto, a la misma Constitución y a los Derechos Civiles. Es un atropello, una barbarie, una atrocidad, una animalada, todo esto bien mirado, por supuesto; mal mirado... mejor me lo callo, porque de otra forma tendría que ir a galeras, y como que no me apetece. Un chiringuito, en fin, en el que se parte y reparte el dinero de todos entre los amiguetes del partido para mayor gloria de los coleguis y terminar de hundir a la cinematografía española, a la Cultura y a la santa madre de Paneque, que hacía bastante mejor cine sin saber rodar una escena ni cómo se agarraba siquiera una cámara.

El cine, desde que tiene subvenciones, es un desastre tan escatológico como los cuatro caballos del Apocalipsis al galope tendido, porque ni siquiera las necesita, de lo podrido que está, para pervertirse: no podría hacerlo más ni aunque quisiera. Incluyo en el cine esa cosa deplorable que son las teleseries españolas, ideadas por unos descerebrados para dar pienso al resto de la recua chiringuitera a costa de las generosas subvenciones de su gobierno, pagas bajo cuerda y óbolos administrativos que abonamos entre todos pero que benefician sólo a esta manga de inútiles que han convertido al cine español en la cosa absurda y vacua en que ha venido a dar.

Los productores saben por demás que si hicieran buen cine perderían las subvenciones, de modo que mejor mal cine; los guionistas con capacidad, naturalmente, no valen para esto, porque harían guiones memorables, y eso estropearía el negocio, de modo que mejor los que son mantas o muy mantas; y, en cuanto a los actores, hay que sostener el abrevadero cejintelectual del partido, por si un aquél de salir a la calle y hacer una descubierta, y bueno es que las viejas glorias pseudo izquierdistas (ya me dirán ustedes de qué, además que de boquilla) y sus nenes de sus entretelas resten posibilidades con su omnipresencia atroz a cualquier actor o actriz que tenga talento. El abrevadero es suyo y muy suyo. Como con las letras, en fin, que no sé cuándo terminarán de morirse todos esos quistes que obstruyen el flujo sanguíneo de la Cultura con sus letras de plagiosa memez y verbo tan vacuo como caduco.

Llamemos a las cosas por su nombre y digamos que la señora ésa, en realidad, lo que hace es comprar fidelidades mientras se carga a la Cultura, que es lo que han hecho los diferentes Gobiernos de España con tantas subvenciones a vagos, vividores y pillos de supuesto intelecto peripuesto pero de sesera resecada. Incluso esas viejas (vetustas) glorias que alcanzaron su cenit durante el fulgor del Régimen, ya se ha visto que más bien no son nada sin un dictador que llevarse a las tonadas. Una barbarie sobre barbarie, en fin, de la que no pocos viven y maman, aun ya sin dientes o precisamente por eso. Y, ahora, además, premio por ser mujer. Igualdad, que se le dice.

En fin, que así está la cosa, y que si un Ministro de Cultura es malo, que Dios nos libre del cambio porque lo que viene es peor, y ya cuesta imaginar a alguien más manta que la señora Ministra de Cultura. Bueno, está doña Bibiana, y, si no...; bueno, que sí, que sí que las hay. Miedo me da esta España que están fraguando los botijeros. Ya decía en las primeras elecciones de la democracia aquel alcalde gallego, y con razón, que “mejor que me votéis a mí, que ya tengo prados y tengo y tengo vacas y tengo dinero. Hacedme caso.” Pero no se lo hicieron, votaron al socialista y se armó la Troya, y, claro, votaron en las siguientes elecciones al antiguo alcalde. “Os lo dije”, alegó este aleccionadoramente cuando recuperó el bastón de mando. Aunque puse en severo riesgo mi vida y mi libertad por traer la democracia a mi sufrida España, no saben cuánto me arrepiento: sólo han cambiado los beneficiarios y un poquitín, sólo un poquitín, los modos; nada más. Me aplico la eximente completa alegando que no veía el futuro, porque si lo sabe este cuerpo serrano, corriendito iba a ponerme ante los guardias: a su lado me hubiera puesto, seguro. Estos, al paso que van, hacen bueno hasta a Franco. Al tiempo.

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