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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Intrigas políticas medio de una amenaza

Marie Cocco
Marie Cocco
miércoles, 30 de septiembre de 2009, 06:58 h (CET)
WASHINGTON - El episodio más reciente de la confrontación de la nación con el terrorismo se interpreta ante nosotros en forma de (BEG ITAL)ópera bufa(END ITAL). La escena sería cómica si no fuera tan desconcertante.

En Nueva York, las autoridades policiales han comenzado a presentar cargos escalofriantes contra un inmigrante legal de Afganistán que vivía en Queens. Najbullah Zazi presuntamente recibió formación terrorista en Pakistán, regresó a Estados Unidos a través del Aeropuerto John F. Kennedy, viajó a la zona de Denver, y en los días previos al octavo aniversario del 11 de Septiembre hizo acopio de productos químicos de fácil acceso -- productos de tocador - y regresó a Nueva York con un aparente plan de cometer asesinatos y sembrar el caos.

Planes sospechosos de carácter menos avanzado se han desmantelado en Texas e Illinois, pero el de Nueva York parece ser el caso de terrorismo más grave con diferencia frustrado desde los atentados del World Trade Center y el Pentágono. Los componentes de la bomba que Zazi presuntamente montaba son los mismos que los utilizados en los atentados del metro de Londres en el año 2005 y en el complot del "terrorista del zapato” Richard Reid en 2001, según los documentos de la acusación presentados en Nueva York.

Mientras tanto, al mismo tiempo que FBI y policía de Nueva York entre otros cuerpos estaban desarrollando la labor que esperamos de ellos, Washington se entretenía en un estúpido juego de salón.

Se trata de la suerte de la tan anunciada decisión del Presidente Obama de cerrar la prisión de Guantánamo, en Cuba, en el plazo de un año desde jurar su cargo - es decir, dentro de unos cuatro meses. La situación se agrava a medida que la herencia fruto del uso de las redadas y las detenciones sin pruebas, las torturas y las demás violaciones de la ley cometidas por la administración Bush dificultan lograr hasta que aquellos detenidos cuya inocencia ha sido establecida ya por el gobierno estadounidense sean puestos en libertad y repatriados a sus países de origen - o a cualquier otro sitio.

Se escucha mucho más cacareo político a cuenta de un único detalle de la vergonzosa narrativa de Guantánamo: ¿Fue un error que el nuevo presidente se comprometiera a clausurar las instalaciones en el plazo de un año? ¿Qué miembro del gabinete tiene la culpa?

¿A quién le importa?
El caso Zazi lo dice todo acerca de por qué Guantánamo ha sido un fracaso. Demuestra lo rancia que es la política del terrorismo en el Capitolio, donde los legisladores han restado fondos a legislaciones de gasto militar que se habrían utilizado en su cierre. También se han comprometido, con grandes muestras de indignación, a que ningún detenido que haya estado en Guantánamo (en realidad ninguno de ellos ha sido juzgado y condenado por terrorismo) sea encarcelado nunca - nunca - en los Estados Unidos. Tampoco, reza la propuesta presentada por el Senador de Oklahoma James M. Inhofe, ningún detenido que haya estado en Guantánamo será trasladado nunca a suelo estadounidense, ni siquiera para ser alojado en cárceles de máxima seguridad que desde hace mucho tiempo son residencia de terroristas.

Por el momento, Zazi está detenido en una prisión federal en Brooklyn - la cárcel no es que esté muy alejada de la ciudad. Sus comparecencias ante el tribunal tendrán lugar en la audiencia federal de Brooklyn, en un barrio en el que desde puntos concretos hay una vista impresionante del Bajo Manhattan, no marcada ya por las Torres Gemelas. No es que haya muchas capas de seguridad entre los neoyorquinos y su mera presencia.

Si Zazi o cualquier otro es declarado culpable de conspiración para cometer un acto de terrorismo atroz, será encarcelado en algún lugar del sistema penitenciario federal. Que ya alberga 215 reclusos con condenas relacionadas con el terrorismo internacional y 124 terroristas nacionales condenados. Entre los detenidos está Omar Abdel-Rahman, el jeque ciego "que orquestó el ataque de 1993 contra el World Trade Center y conspiró para volar monumentos de New York City, puentes y túneles. El suicida del zapato Reid también está en las capaces manos de la Oficina de Prisiones, así como Theodore Kaczynski, el Unabomber, o Terry Nichols, conspirador en el atentado de Oklahoma de 1995 que mató a 168 personas.

La charla política sobre Guantánamo nunca arroja luz sobre la verdad. Sólo un puñado de las personas que han estado allí plantea una grave amenaza para Estados Unidos, según los informes del estado. El campo de prisioneros no es ninguna necesidad sino un obstáculo constante para el debate racional del terrorismo.

Y es un insulto a los agentes de la ley que nos libran de peligros reales y que encierran a la sombra a terroristas sin provocar una crisis de la política exterior ni proporcionar munición para intrigas políticas.

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