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Virginidad Subastada
Octavi Pereña
Natalie Dylan es una joven estudiante de San Diego, California que subasta su virginidad par pagar sus estudios. Afirma que su oferta de pasar una noche con ella ha persuadido a 10.000 hombres a tener sexo con ella. La prensa inglesa afirma que un empresario australiano de 39 años ha hecho la oferta más alta, pero las pujas no han cesado. Dylan afirma que lo que hace no la degrada. Esta joven estudiante vende su virginidad al mejor postor y cree que tanto ella como el que paga más, sacarán provecho de esta transacción.
El comportamiento de Natalie es espiritual y debe analizarse espiritualmente. La joven es consciente de que “mucha gente la condenará por ello porque es tabú, pero para mí no es problema”. El comportamiento humano no puede medirse por los sentimientos porque nacen de corazones engañosos que hacen creer que lo bueno es malo y lo malo bueno. Los convencimientos deben contrastarse con la plomada de la Palabra de Dios que detecta la peligrosidad del desvío que toman.
El sexo no puede convertirse en una transacción comercial, sea el motivo que sea. Una relación sexual retribuida, tenga la apariencia que tenga, es prostitución.
Natalie puede pensar que subastar su virginidad para pagarse los estudios está bien. Se equivoca. El sexo debe compartirse motivado por el amor, que no debe confundirse con pasión. Una noche para pagarse los estudios puede ser el inicio de una caída moral. Aún cuando no lleve a desórdenes sexuales graves, siempre queda el remordimiento de conciencia que no puede apagarse con una himenoplàstia. La idea de que somos dueños de nuestro cuerpo y que podemos hacer con él lo que nos plazca nos ha llevado a la “liberación sexual” que tantos estragos ocasiona y que se quieren restringir vendiendo preservativos a bajo coste. Una noche de juerga combinada con alcohol y drogas puede acabar con la pérdida de la virginidad con un desconocido y acompañada de un embarazo no deseado. La velada que comenzó con alegría y un desear pasárselo bien, finaliza con frustración y el deseo de esconder el resbalón con el aborto.
De las misma manera que hay leyes físicas que rigen el buen funcionamiento del mundo material, las hay de morales que regulan el correcto funcionamiento del ser humano. Los principios éticos dados por Dios no son para hacer la puñeta a los hombres, todo lo contrario, para su felicidad.
Se quiera reconocer o no, la trasgresión de los principios éticos dados por Dios produce sentimientos de culpabilidad que a menudo se quieren esconder ahogándolos en el alcohol, las drogas…, es un esconder la cabeza bajo el ala. Sólo el arrepentimiento y la confesión a Dios las transgresiones devuelve la paz al alma porque la sangre de Cristo derramada en el Gólgota borra todos los pecados y, con la limpieza , los sentimientos de culpabilidad.
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