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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Ante esta situación hay que hacer algo

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 30 de septiembre de 2009, 06:51 h (CET)
Llevamos más de treinta años de vigencia de la Constitución de 1978 y de la Ley electoral, tiempo suficiente para que se hayan puesto de manifiesto los graves problemas que nos están afectando y desvertebrando como nación.

El régimen autonómico, que pretendió resolver añejos problemas nacionalistas, en lugar de ello los ha agravado. Las autonomías han rebasado un nivel lógico de competencias a costa de un adelgazamiento preocupante del Estado. De hecho tenemos un mosaico con 17 taifas, en las que cada parlamento, cada o cada consejería, la de educación, por ejemplo, imponen los criterios que se les antojan pensando más en sus intereses electorales que en el desarrollo de políticas que promueven la unidad y el bien común de todos los españoles.

La separación de poderes dejó de existir a manos de los partidos que decidieron, en su beneficio, que era más importante tener correligionarios en los altos tribunales de la nación que preserva y exigir su más estricta imparcialidad. Se ha producido un deterioro progresivo de nuestro sistema judicial en todos los escalones, impartiendo con retraso la justicia y el amparo que demandan los ciudadanos. Además del fraccionamiento en 17 Tribunales Superiores de Justicia y dos instancias supremas, el Supremo y el Constitucional.

El sistema electoral tiene la perversa habilidad de poner en manos de minorías periféricas la llave de las decisiones. Sus votos resultan altamente rentables en perjuicio del resto de los españoles. Así es posible que salgan aprobadas por el parlamento, constituido en instancia suprema de la moralidad, leyes inicuas y aberrantes.

Podíamos seguir detallando la diversidad de regulaciones, de impuestos, de trato a los particulares, de políticas de empleo o de subvención, de imposición de lengua o de historia, diferentes según el trozo de España en el que vivas o trates de vivir.

No he escuchado a ningún partido que se marque el objetivo de poner techo definitivo a la deriva autonómica, ni que se plantee la reforma del sistema electoral, ni del sistema judicial, ni nada de nada. Para el actual partido en el poder, lo único que busca es arrinconar a la oposición para poder seguir ganando elecciones sin enemigo y perpetuarse como Chávez en Venezuela. La oposición espera tontamente que vaya a heredar el poder simplemente esperando que caiga el actual. Craso error, la crisis que padecemos puede reforzar el populismo y mantener controlada la pobreza de unos a costa de la ruina de las clases medias.

Ya me he referido en otras ocasiones a la necesidad de que la sociedad civil asuma su soberanía, tome conciencia de la falacia de que los partidos nos representan y no se deje embaucar por la música del estado de bienestar, cada vez más imposible, ni abdique de su capacidad de pensar, para asumir sin crítica las orientaciones interesadas de los medios de comunicación.

En este sentido el profesor Alejandro Llano, de la Universidad de Navarra, ha publicado un artículo, cuya lectura completa recomiendo vivamente, en el que propone la creación de grupos de acción y pensamiento que se centren en el análisis de las causas que llevan a la desvertebración social. Dice que hay que recurrir al mundo vital, es decir, a las fuentes de sentido que aún no estén completamente colonizadas por un sistema en trance de anquilosamiento. Se trataría de la estrategia de pequeños grupos con capacidad transformadora, cuyo campo de acción no es directamente político ni económico, sino cultural, entendiendo por cultura el conjunto de los modos de vida bien pensados y pacíficamente compartidos.

Invito a mis lectores a crear tales grupos, evitando que se limiten a lamentarse de la situación ni a reducirlo a meras especulaciones sin compromiso personal, familiar, profesional o vecinal. El útil esquema de la pedagogía activa, –ver, juzgar y actuar–, muchas veces no llega al actuar y queda estéril. Quizás por eso, el profesor Llano, habla de grupos de acción y pensamiento, para que no queden en simples charlas de café.

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