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Etiquetas:   Reportaje / Entrevista   -   Sección:  

El traje que Telma Ortiz no pagó

La hermana de la Princesa de Asturias debe a la modista Gracia Galindo 975 euros y varios complementos prestados
Teresa Berengueras
@berealsina
lunes, 28 de septiembre de 2009, 22:03 h (CET)
Teresa Berengueras / SIGLO XXI

Gracia Galindo es una mujer cordobesa que llegó a Barcelona hace treinta y cinco años para buscarse la vida. Desde muy pequeña inició sus pasos en el mundo del diseño siendo aprendiz de Pedro Rodríguez y trabajando más tarde en Santa Eulalia y con el maestro Manuel Pertegaz. Con el paso de los años llegó a formar su propio taller en Barcelona, un taller de trajes a medida, unos vestidos hechos con mucha precisión, y vendiendo sus modelos a otras tiendas que formaban parte de su elenco de clientes.


El albarán firmado por Telma Ortiz en abril de 2004.

El albarán firmado por Telma Ortiz en abril de 2004. [Ampliar]


A lo largo de los años Gracia ha vestido a mujeres conocidas de la burguesía catalana y otras con nombre y apellidos importantes y conocidos, pero que han quedado siempre en el anonimato. Gracia es una mujer muy emprendedora a la que no siempre le ha resultado fácil tirar adelante con este negocio.

En abril del año 2004 recibió la visita del entonces cónsul honorario español en la ciudad de Praia en Cabo Verde. Este señor iba a casarse en la localidad costera de Vilassar de Mar, sita en la comarca del Maresme de Barcelona. Según explica la propia diseñadora, cuando el cónsul y su pareja decidieron casarse, se compraron diversas revistas del sector para encontrar un vestido de boda para lucir de manera espectacular ese día.

La ya señora del cónsul escogió un vestido diseñado por Gracia Galindo basado en uno de los modelos que aparecían en una de las revistas, pero con un color más claro que el que venía en la publicación. Era en un blanco cortado realizado en tejido de chantilly, escotado y con un poco de cola, un echarpe y unas flores de adorno: “Las flores se las regalé yo”, especifica Gracia. La diseñadora también explica cómo un día el cónsul, llamado José Luis, le dijo: “Gracia, ¿te puedo traer a una persona para que se le trate estupendamente?”. Según sigue explicando Gracia: “En este negocio he sabido aprender a escuchar y a no divulgar nada de lo que ha sucedido en nuestra casa”.

Teresa Berengueras: ¿Quién era esa persona, Gracia?

Gracia Galindo: Se trataba de Telma Ortiz, faltaban diez días para la boda de su hermana con el Príncipe y antes iba a ir a la boda del cónsul, de quién era muy amiga porque me estuvo contando que ella había trabajado en misiones humanitaria en Cabo Verde y por ello tenía buenas relaciones con el cónsul, su mujer y sus dos hijos. Es más, me enseñó incluso fotografías de ella en Cabo Verde con estos niños y yo veía que con ellos tenía una gran relación. Además, siempre que vino aquí a mi taller vino acompañada por el cónsul.

TB: ¿Cuál era el motivo de la visita a tu taller?

GG: Bueno, ella quería un vestido adecuado para asistir a la boda del cónsul. Vino con sólo ocho días de tiempo, era en una época en que aquí en nuestro taller todo eran prisas porque teníamos varias novias y estábamos trabajando para hacer la colección que íbamos a presentar en Noviaespaña.

TB: Pero le podías entregar algún vestido que ya tuvieras hecho de antemano….

GG: Pues no, le probé varios modelos y era imposible, pues todos le venían grandes. Ella tiene una talla muy pequeña y no tuve otro remedio que hacérselo a medida. Quería un modelo con pantalón, ya que me estuvo explicando que al haber hecho de pequeña mucho ballet las piernas no le gustaba enseñarlas. Escogió el modelo 026, un mono rojo de crepe tela de Armani. En el taller tuvimos que dejar de hacer en esos momentos otros trajes por la urgencia con que ella necesitaba el vestido.

TB: Gracia, ¿cómo es Telma?

GG: Es una chica correcta, discreta, especialmente el primer día. Luego el segundo ya nos contó chistes relacionados con el Príncipe y hablaba con mucha familiaridad de él.

TB: Y te hizo algún encargo más...

GG: Le hice un chal, pero al decirme que sólo lo utilizaría en esa ocasión le dije que se lo prestaba. También le presté unos zapatos con piedras de color rojo y el bolso a juego. Estos accesorios quedamos en que me los devolvería.

TB: ¿Cuánto valía el vestido?

GG: Mil cien euros, pero ella me pidió una rebaja en el precio y se lo dejé en 975 euros.

TB: ¿Cuántas veces estuvo en tu casa?

GG: Vino dos días seguidos a probárselo y al tercer día ya se lo entregamos. Cuando el primer día le pedimos paga y señal -que es lo que hacemos con todas las clientas- nos dijo que no llevaba nada, pues al no saber si iba a encontrar vestido no había cogido dinero y, por tanto, el próximo día cuando viniera a probárselo pagaría ese dinero. A mi eso me pareció muy normal porque sus argumentos eran válidos. Yo no me encargo de cobrar, para eso está la secretaria. Cuando el primer día se había marchado me vino a decir la chica que no había pagado. Entonces yo le dije que al próximo día se lo volveríamos a pedir.

TB: ¿Y cómo acabó todo?

GG: Telma, cuando vino a recoger el vestido, me dijo que si no me importaba y dado que iba muy atareada por la boda de su hermana, cuando pasara el acontecimiento y como ella venía mucho a Barcelona, ya vendría a pagarme el vestido y a devolverme lo prestado. Hace cinco años de ello y nadie me ha devuelto ni el chal, ni los zapatos, ni el bolso y tampoco Telma me ha pagado el vestido.

TB: Pero tú tendrás algún contacto para pedirle a Telma esa deuda…

GG: Yo llamaba a un número de teléfono por el que había hablado con Telma en una ocasión, pero ocho días después de la boda de su hermana con el Príncipe ya nadie me contestaba. Mi hija y yo lo probamos muchas veces y nunca nadie nos atendió. Llamé al cónsul y me dijo que no me preocupara porque él iba a viajar a Barcelona, me pagaría todo y luego ya se lo cobraría él a Telma. ¿Tú los has visto? Yo a ninguno.

TB: Han pasado cinco años. ¿Por qué explicas ahora lo que te ha pasado con Telma?

GG: Mira, yo tengo una pequeño negocio que me cuesta mucho llevar adelante. Pago mis impuestos en Barcelona, tengo aquí mi trabajo y mi familia y eso me ha costado sangre, sudor y lágrimas, y lucho todos los días. Cuando vi que el Ayuntamiento de Barcelona había contratado a dedo a Telma me dio mucha rabia que, debiéndome dinero a mi, además de los complementos prestados, yo ahora con mis impuestos le tenga que pagar parte de su sueldo.

* * *

Gracia está enfadada y si todo lo que dice es verdad -a las pruebas que publicamos en este reportaje nos remitimos-, no es para menos. Pero Gracia es una mujer con corazón, a mi me ha dicho: “Mira, Teresa, si en el momento en que Telma viene a casa y me habla con el corazón me dice que las dos bodas la han pillado en un momento difícil económicamente y que no estaba preparada para dispendios y le costaba mucho hacer frente a ese gasto, yo le regalo el vestido. Soy una mujer muy desprendida, pero no regalo nada a la fuerza, sea quién sea.”

* * *

TB: Ahora que Telma está en el Ayuntamiento, a lo mejor te llama y te explica lo que ha sucedido. Por ejemplo, ella puede haber dejado el encargo de pasar a abonarte la deuda a una tercera persona y esa tercera persona no ha venido aún a tu taller….

GG: Yo estoy siempre localizable, mi empresa sale por internet, ahí están mis números de teléfono. Sea lo que sea, a mi quien me debe el vestido y los complementos que le presté es Telma Ortiz, y si ella encargó a otras personas que hicieran ese trabajo han tenido cinco años. Es mucho tiempo y tengo derecho, como cualquier ciudadano, a estar muy enfadada y dolida. A mi me cortaron todas las formas de encontrar a Telma. La Princesa es su hermana. Ella, por lo que hemos visto, es una trabajadora con un buen sueldo público.

* * *

Antes de publicar este reportaje he intentado hablar con el cónsul al que hace referencia Gracia Galindo y en Praia ahora hay embajador y no cónsul. El señor José Luis trabajaba en la Coca Cola y allí no saben nada de él. En Praia no he podido localizarle. He llamado a varias personas del Ayuntamiento de Barcelona para confrontar esta información y he pasado de mano en mano hasta ayer por la noche cuando el jefe de prensa del Ayuntamiento de Barcelona me ha explicado que la persona que tiene que hablar con Telma sobre este tema igual lo hace o no por considerarlo del ámbito privado y, por lo tanto, igual no le dice nada para que no se sienta mal ante tamaña intromisión.



Mono rojo realizado por Gracia Galindo por
encargo de Telma Ortiz.




En la zona inferior del catálogo se observa el
número 26, que coincide con la indicación en
el albarán.


Esta periodista que escribe este reportaje ha intentado incluso hablar con el jefe directo de Telma Ortiz sin conseguirlo y, asimismo, con el alcalde Hereu, pero aún no he recibido la llamada de teléfono en respuesta a mi solicitud de información. Esta noticia la tenía congelada tres semanas, algo que nunca debe hacer un periodista, pero muchas veces hay elementos de deontología profesional que te alientan a hacerlo así. Al ver que los resultados en el Ayuntamiento de Barcelona rondaban la zona del misterio y que me estaban dando largas y ya otros periodistas tienen la información en su poder, he decidido publicarla con la documentación correspondiente. Todos estamos en el mismo saco. Unos por prudentes y otros por muy imprudentes. Veo a Telma últimamente pasear por Barcelona y que los “paparazzi” le hacen fotos y ella incluso les fotografía a ellos, sale y entra. ¿Por qué no dar informaciones contrastadas? Es nuestro trabajo.

Aquí les adjunto la foto del modelo 026 lucido por una modelo de Gracia Galindo elegido por Telma en su día y el albarán que firmó Telma al hacer el encargo. Según me cuenta Gracia, el albarán de pedido lo firma todo el mundo. Cuando vieron la firma de Telma en otros escritos se dieron cuenta que en el albarán de Gracia Galindo, ésta hizo un garabato. Vivir para ver. Todos tenemos deudas pero es de personas dar la cara, explicarse y así la convivencia sería mucho mejor. Claro que ser la hermanísima de la Princesa de Asturias puede llevarte a pensar que nunca nadie se atreverá a explicar que la hermana de la Princesa, como la mayoría de seres humanos, también tiene deudas. Y en este caso la modista se ha sentido ofendida y, además, tiene que pagar con sus impuestos una parte del sueldo que el Ayuntamiento de Barcelona ha otorgado a esta señora de la que no dudo de sus méritos profesionales, pero sí que creo que en estos tiempos de crisis no es procedente que un Ayuntamiento vaya creando puestos a la medida y haciendo nombramientos con oscurantismo y sin ninguna clase de oposición abierta al resto de profesionales tan buenos, iguales o mejores que la hermana de la Princesa de Asturias.

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