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Etiquetas:   Carta al director  

El Senado ante el maltrato a los animales

Julio Ortega Fraile
Redacción
lunes, 28 de septiembre de 2009, 13:47 h (CET)
Han vuelto a meter los pies en la prehistoria Señores del Gobierno, y lo han hecho de la mano de sus supuestos oponentes políticos, a los que sin embargo parece unirles el gusto patológico por la crueldad con los animales. No voy a introducir en el mismo saco de inductores al maltrato de seres vivos en festejos y tradiciones a todos sus representantes en el Senado, porque algunos creo que tuvieron que contener las náuseas al comprobar las inclinaciones de sus compañeros de Partido, pero lo que no admite discusión es que su Grupo, en el que tal vez habría que cambiar el significado actual de la última sigla de su acrónimo por el de “Especista”, tiene verdadero pavor a dar cualquier paso que represente conceder la razón a quien la tiene: todos los que exigen el fin de la tortura a los animales.

Están Ustedes mucho más cómodos así, les llega con quitar de las calles nombres asociados al Franquismo pero sin embargo, conservan uno de los indicadores de la España más atrasada y salvaje. Siento repugnancia por su cobardía o por su complicidad con estas acciones cargadas de sadismo y de brutalidad, y espero que su comportamiento les pase la factura correspondiente, porque no se puede confiar en unos estadistas que se niegan a erradicar el ensalzamiento de la violencia. De poco vale que afirmen buscar soluciones a la crisis o a los accidentes de tráfico, si por otra parte fallan en lo más elemental: en coadyuvar a que la ciudadanía considere el respeto ajeno y la protección a los más indefensos como valores fundamentales, eso si que sería el remedio contra otros muchos males sociales

Después de esta vergonzosa sesión, su Orden Ministerial de 2006, en la que se prohibían las fiestas en las que se maltratasen a los animales, queda convertida en un monumento al oportunismo y bañada en sangre, porque es incontestable que a Ustedes les trae sin cuidado el sufrimiento de estas criaturas, cuando a pesar de ese paripé legal, siguen permitiendo la vigencia de aquellas cuyo origen es anterior a esa fecha. Si lo que pretendían con semejante decisión era contentar a los animalistas en busca de su voto se han equivocado por completo, porque estamos en contra de la tortura y de las condenas a muerte con independencia del día en el que se redactó el artículo que las ampara.

Les convendría tomar nota de sus “colegas” del PSC, que han demostrado una dignidad y una moralidad de la que Ustedes carecen. E imagino que suscriben por lo tanto las palabras del Senador conservador cuando indicó que “la definición de maltrato es opinable”. Aquí Caballeros - por mostrarles consideración atendiendo a razones de educación, que no de convencimiento - lo único discutible es su honestidad, porque les recuerdo como muchas veces se ha hecho ya, su promesa de elaborar una Ley de Protección Animal. Pasaron los mítines previos a las elecciones y su talante progresista se transformó en actitudes cavernarias.

Por eso me suscita una risa amarga cada vez que les escucho jactarse de cumplir algo que les gusta tanto nombrar: su “hoja de ruta”; en la que parece que se han saltado el párrafo referido al amparo de los animales y que alguno de sus asesores durante la campaña les aconsejó que incluyesen, porque “unos cuantos votillos ganaremos”. Lo cierto es que en su día, con aquella Norma, reconocieron que lo que padecen los animales en las tradiciones populares es agravio físico y psicológico y no otra cosa, y que el que le sigan otorgando legitimidad atendiendo a su antigüedad les convierte en mecenas de la brutalidad y en responsables de esas prácticas.

Si realmente, como alegó el Sr. Marqués, lo que le hacemos a los animales es susceptible de ser calificado de maltrato o no según interpretaciones, lo mismo les digo acerca de las violaciones o de la quema de bosques. Mientras para algunos de Ustedes la crueldad se pueda denominar arte o cultura, no tendrán la menor justificación moral para que ciertos individuos no puedan declarar que forzar sexualmente a una mujer es un acto de amor incontenible, o que dejar reducidas a cenizas cientos de hectáreas, no se trata realmente de un homenaje a uno de los elementos primarios: el fuego.

Que un torero, que se gana la vida matando, defienda su miserable ocupación es lamentable pero hasta cierto punto comprensible, atendiendo a su naturaleza agresiva y egoísta, pero resulta todavía más deleznable ver como Ustedes, que perciben su sueldo por “servir a la Sociedad”, se erigen en baluartes de esas tendencias criminales. Tanto si lo hacen por miedo como si es por placer, lo cierto es que se aprovechan de la ignorancia y de la indiferencia de la gente al respecto, pero no se confíen, cada día la información y el compromiso son mayores y por lo tanto, su notoria ruindad se hace también más patente.

Me gustaría disponer del poder para llevar a cabo una acción: la próxima vez que aparezcan en cualquier televisión proclamando lo modernos, lo avanzados y lo adelantados que somos en este País, mostrar inmediatamente después de su intervención las imágenes del feroz lancero que el pasado día 15, trataba de extraer su lanza del cuerpo sangrante de Moscatel, el Toro de la Vega de Tordesillas, escarbando con ello en sus ya tremendas heridas y todo con la intención de volver a ensartársela. Sería muy ilustrativo contemplar cómo se les helaba en ese instante su sonrisa ladina e hipócrita, teniendo que tragarse sus mentiras con un buen sorbo de la sangre del desdichado animal.

El verdadero interés turístico en España no está en contemplar como alancean, abrasan, atropellan, ahogan o mutilan a un toro, sino en observar a ejemplares de caminar erguido propios de la Edad de Piedra, disponiendo de carta de diputado.

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