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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Negocios criminales

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 28 de septiembre de 2009, 08:41 h (CET)
Cada día que pasa me siento más identificado con Casandra, aquella hermosa mujer hija de Príamo y Hercuba que despreció los cortejos de Apolo, por lo cual el dios le castigó concediéndole el don de la profecía, y castigándola, al mismo tiempo, con que nadie pudiera creerla. O eso, o es que todos nos estamos volviendo locos, y con chemical trails, gas de la risa o lo que sea, los poderes tienen narcotizada a la sociedad y ya tragamos con todo.

No creo que a estas alturas nadie en su sano juicio pueda sostener como casual o accidental la Pandemia de la Gripe A o la crisis económica que nos concierne. Los infames beneficios obtenidos por las farmacéuticas que producen el remedio contra la primera, y la obscena rentabilidad de los que han producido la segunda, sólo vienen a confirmar que los negocios han dejado ser cosa de comprar o vender, cuestión de servicios, para pasar a ser lisa y llanamente criminales. Tenemos el crimen y quién se beneficia del crimen, y además sabemos sobradamente de la falta de escrúpulos de estos personajes —incluidas personas físicas y jurídicas—: ¿qué más necesitamos?...

No es una moda. El mismo día que los voceros del negocio dieron la alarma de Pandemia a través de la OMS, sospechosamente instrumentada y magnificada por los ministros de Sanidad de cada país, advertí desde mis columnas habituales de que se estaba fraguando uno de los negocios más sucios de nuestro tiempo. Ya lo hice años antes con la guerra de Iraq, y algunos meses antes había hecho lo propio acerca de la crisis económico-financiera mundial: "Aquí hay trampa", dije. El tiempo y los sucesos han venido a respaldar lo que apunté en mis escritos, lamentablemente. No quise ser agorero, ni mucho menos, sino sólo descubrir que todo crimen precisa de un criminal, y la crisis económica no tenía ninguno por más que estuviera generando centenas de millones de desempleados en todo mundo, quiebras fraudulentas por doquier y se estaban inyectando a costa de los erarios billones de euros en el conjunto de las naciones, nadie sabía para qué, aunque sospecho que ya tendrá una idea la mayoría de la sociedad pensante sobre a qué bolsillos particulares han ido a parar todos esos dineros. Y todo ello, por lo que se ve, para volver a lo mismo, aunque con las poblaciones de todo el planeta mutiladas por el desastre, endeudadas por los criminales y teniendo que aceptar que, de ahí en más, trabajar en régimen de esclavitud y apenas por la supervivencia, será poco menos que un privilegio. No sólo saquearon a la sociedad mundial estos delincuentes, sino que a través de su G20 y de sus gobiernos títeres, para salvarnos de los pánicos que ellos mismos crearon, han cambiado a la vez las reglas del juego para formar estados policiales al tiempo que los derechos civiles han sufrido una hecatombe sin precedentes en tiempos de paz y se ha pervertido la moralidad y la ética que podrían haber facultado que las personas honradas los descubrieran. Su artificio de que lo que está a la luz y es mundial pasa desapercibido, les ha dado resultado.

No era esto lo peor, pese a todo, sino la falta de respuesta social. Advertí en aquellos artículos del inicio de la crisis, allá por el 2008, que lo malo de aceptar borreguilmente esta situación de saqueo social como si no hubiera criminales para un atentado semejante, no sería sino la puerta de acceso para la llegada en masa de nuevos negocios globales. Y así ha sido. Apenas unos meses después, y en vista de que los opinadores oficiales se enredaban solitos (¿tal vez pagados?) en una madeja de soluciones y críticas personalísimas que desatendía (o encubría) a quién perpetraron el crimen y no exigieron sus cabezas, otros negociantes, o tal vez los mismos lanzaron la especie de la Gripe A, todo hace pensar que manipulando genéticamente un virus que podía ser atacado únicamente con la medicina que ellos tenían. Curiosamente, el mismo argumento que usaba en mi novela “Sangre Azul”, poniendo estas mismas palabras en boca del protagonista: “La verdadera inteligencia no está en ver un elefante en una manada, sino en tener el remedio de un mal específico e infectar con él a la humanidad.” Profético.

Si cuando estalló la crisis grité desde mis artículos el contenido de la trampa, advirtiendo de que si no se hacía algo rápido y expedito habría más negocios globales semejantes, tal y como así ha sido con la falsa pandemia de la Gripe A, ahora que ya no hay duda, advierto de nuevo: si no se hace algo pronto para frenar a estos desalmados, habrá más, mucho más. Somos siete mil millones de personas sobre el planeta casi, sobran cinco mil millones de personas según algunos expertos y ciertos planes elaborados por inteligencias sumamente perversas de los iluminados, y habrá aún una traca final para este plan de negocios globales. Pudiera ser que con fuegos de artificio en plan Irán, Afganistán o Paquistán, donde se está estudiando la posibilidad de extender un conflicto inventado, o pudiera ser que silencioso en plan “Los días de Gilgamesh” —pueden leer mi novela—; pero de que será, no tengan la menor duda. Los sepultureros han estado trabajando a jornada completa. Quien advierte no es traidor. Aunque, ya digo, cada día me siento más identificado con Casandra, y es posible que, a pesar de las evidencias, nadie me crea.

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