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Se ha olvidado su cajita (II)
Ángel Sáez
POR JESÚS ARTEGA ROMERO
Y recuerda los paseos con tan buena compañía,
recorriendo aquellas calles alargadas y estrechitas
que conducen a la fuente de la plaza de la villa…
Y recuerda que sus aguas eran limpias, cristalinas
y fresquitas, porque vienen de las nieves de allá arriba…
Y recuerda a los abuelos que charlaban y reían
recostados en los bancos y a la sombra de las tilas…
Los abuelos, a su vez, sus recuerdos repetían
convertidos en la historia que forjó sus propias vidas…
Los abuelos regalaban a sus nietos las sonrisas
como lo hace nuestra abuela a la vuelta de su esquina,
sentadita y recostada, y acoplada con su silla.
Y recuerda aquellos juegos que jugaba siendo niña;
y recuerda los paseos que se dio con sus amigas;
y llegaban hasta el bosque, y a la sombra de una encina
descansaban sus cansancios, sus sudores y fatigas…
Y recuerda que tres días ella estuvo allí perdida
hasta que un día su perra la encontró allí dormidita
al runrún de un riachuelo que pasaba muy cerquita,
y a los trinos del jilguero que caían de la encina…
Y la abuela, tan contenta, vuelve a casa y a su silla
y se queda sentadita en el borde de su esquina…
El alzhéimer le traiciona pero vuelve la sonrisa
porque el aire de las calles y la plaza de la villa
refrescaron en su mente su memoria algo perdida;
y la abuela disfrutaba tanto o más que siendo niña,
repitiendo sus andadas pero no desde su silla.
Es verdad que se ha olvidado de traerse su cajita;
pero tal vez el azar hoy ha sido un salvavidas
que regala a nuestra anciana la mejor de las sonrisas:
La mejor, por no esperada; y además…, por ser hoy niña.
También sin “chuleta”, la Abuelita hizo un digno papel con su sonrisa, pero gracias al tintín y al tantán de las campanas de su pueblo, que le hicieron recordar y revivir los mil detalles de su niñez, cuando paseaba con sus amigas por las calles de su pueblo, y luego se sentaban a descansar en los asientos de la plaza…
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