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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Histerismos provocados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 27 de septiembre de 2009, 06:29 h (CET)
La histeria comporta síntomas diversos – Un dolor, temblores, parálisis, convulsiones, pérdida de conocimiento-, con un cierto carácter engañoso. No son auténticas tales manifestaciones del organismo, las simulan. Reflejan una serie de tensiones y problemas psíquicos, que no tienen buena salida, no están bien encarrilados, y se expresan apropiándose de las características de otras dolencias. Por eso se la denomina enfermedad de CONVERSIÓN, lo psíquico busca expresarse a través de lo orgánico, se disfraza. Dejando el sufrimiento real de estos enfermos al cuidado de los expertos; me centraré en los abusos manipuladores, provengan de una persona, de un grupo, o provodados por todo un sistema complej, que de todo hay.

Su consideración entraña una notable dificultad, por que hablamos de terrenos íntimos y de gran contenido emocional. Eso si nos acercamos con buen fin. A los que no les importan los sentimientos ni las intimidades; tampoco les nace eso de poner trabas a estas penurias, ni ayudan a evitarlas. Ocurre justo al revés, las provocan y las adornan, con la condición de aprovecharse de ellas. Cuando dejamos el padecimiento genuino, también en esto, derivamos la atención hacia DEFORMACIONES interesadas; verdaderos histerismos; “ismos” que todo lo exageran y lo tergiversan. Nos conviene la atención despierta para el destape de los comportamientos citados, no traen nada bueno en sus alforjas.

La vibración que se genera, ante un conflicto desagradable o ante una percepción placentera, acaba traducida en una serie de EMOCIONES; siempre de carácter muy subjetivo, es cada individuo quien desarrolla las suyas, propias y peculiares. El interesado se ve arrastrado por ellas, no le resulta fácil su control consciente. El estado emocional puede representar un obstáculo para ciertos objetivos, nubla un poco o un mucho la visión de las circunstancias. Aunque también sirven de acicate para otras ilusiones emprendedoras, como una suerte de impulso decisivo. Hay que contar con el nivel emotivo, es un factor de clara influencia para otras actitudes del sujeto. En concreto, muy relacionadas con las reacciones y manejos en torno a los diversos histerismos.

Nos topamos con curiosos contrapuntos en los que asoma lo aparatoso, mientras se resguardan las angustias en la intimidad; brota una reacción altisonante, una pataleta, con gran dispositivo expresivo. El verdadero causante del conflicto permanece oculto. La fluidez de estos eventos se matiza según cada ejemplo. No faltan las reacciones espontáneas tras el apuro psicológico, la subida de tono impensada; distorsión involuntaria de compleja valoración. Aunque preocupa más la MALICIA de quienes se sirven de lo estrambótico y llamativo para justificar aspiraciones sin demasiado sentido. No obstante, los puntos flacos de cada persona se pueden analizar a fondo, sobre todo cuando se dispone de los medios suficientes, para provocarles actuando sobre sus fibras más sensibles, de donde saldrán respuestas histeriformes; como tales, sin un filtro racional que se precie. En política, en algunas manifestaciones religiosas, en movimientos de masas, en acontecimientos deportivos; abundan los ejemplo distantes de los fundamentos y tendentes a las parafernalias explosivas.

En algunos casos, el calibre de dichos comportamientos alcanza mimbres organizativos propios de tramas mafiosas; las presiones, chantajes emocionales y de los otros, beneficios económicos o reprimendas bien calculadas. La EVALUACIÓN de estas movidas dependerá del grado de falsificación, de los fines buscados y de las consecuencias dejadas como desperdicios. Los propiciadores de semejantes eventos se fijan exclusivamente en la eficacia y las ventajas obtenidas. ¿A costa de qué y de quienes? Para los sometidos al engranaje, ¿Se les compensará de alguna manera? ¿Las sensaciones o la pretendida felicidad auguradas, fueron consistentes? Quizá nadie se fijó en las frustraciones anímicas, sufrimientos, dispendios monetarios o en las secuelas físicas; en esa realidad de quedarse sometidos a la verborrea de unos charlatanes, de unos aprovechados sin frenos, o de simples desalmados. Conviene fijarse en el análisis frío de la situación, en su denuncia y desmantelamiento; dilapidan una parte notable de la buena convivencia.

Ante las experiencias se producen preferencias y rechazos. Cada persona con sus rasgos peculiares, ¡Faltaría más! Y las emociones potencian o inhiben los intercambios originados. En ocasiones de manera natural e incluso sin demasiado filtro de la conciencia; así, decimos que la ceguera acompaña al amor, el raciocinio se nubla. Influye la genética o las características corporales, porque uno parte de unos componentes definidos. Traduciríamos una SELECTIVIDAD natural al abordar unos hechos concretos. Ahora bien, se dan otras influencias artificiosas, no pocas veces disimuladas y trucadas. La educación se desvirtúa en exceso, los grados de libertad se comprometen, las ocupaciones nos estrujan. Aquella selección natural del inicio, se ensombrece bajo la servidumbre sometida a entes o personas dominadoras, con una complacencia histérica frecuente.

La trascendencia de las desviaciones comentadas se centra en las REPERCUSIONES. A medida que se amplian las redes, lo hacen sus efectos. Cuando se esconden los verdaderos promotores, es necesario un mayor esfuerzo para la detección de los mahejos. Para no permanecer en ese espejismo de creer lo que no es, es imprescindible mantener la mente despejada. De lo contrario, lo que nos ofrecen como argumentos y excelencias, no pasa de palabrería y demagogías rampantes. Ningún área social se ve libre. Ramalazos en torno a movidas artísticas, con más montaje económico que arte. Proclamas vocingleras, hasta se urden teorías científicas con pretensiones absolutas y con apenas unos pocos datos confirmados.

Naturalmente, todo se erige en torno a un “líder carismático” trucado, ególatra mentiroso y sin escrúpulos. Trocan las más genuinas sensibilidades (Patria, creencias, orgullo, impulsos juveniles, miedos, ignorancias); en unas rutinas malévolas, desviadas a otros fines, al servicio de intereses mezquinos. Ofuscada la mente en pleno conflicto, ya confunde los sentimientos propios con las demandas del montaje, con los rituales provocados. Otro ejemplo, la freudiana histeria TRAUMÁTICA. Se busca un disgusto, una contrariedad, un trauma; se fija bien, y si es necesario se inventa. Los incautos ya no ven otra realidad que ese trauma. A partir de ese momento, todas sus actuaciones se centran en él. ¿Les suena esto? Victimismos manipuladores y aglutinantes, en la política, en la escuela, en las diversas esferas sociales.

La histeria aislada no pasa de ser un padecimiento lamentable que merece atenciones psiquiátricas. Sin embargo, esa facilidad para las fijaciones equívocas, es aprovechada por los instigadores, por los aprovechados y por los malversadores; con un desprecio total de cara a las personas utilizadas. Neutralizan así la capacidad de pensamiento autónomo del individuo.

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