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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Un mensaje de aprecio político de casa

E. J. Dionne
E. J. Dionne
domingo, 27 de septiembre de 2009, 06:26 h (CET)
WASHINGTON - Fall River, mi ciudad natal en Massachusetts, ha sido un bastión de la devoción al Kennedy desde que John F. Kennedy concurriera al Senado en 1952. Estábamos tan convencidos que la consigna de participación en mi querida ciudad bien podría haber sido: "Vote al Kennedy que más le guste, pero vote."

Las cosas son así en muchos lugares de todo el estado. Un trabajador de planta sin filiación política fue elegido tesorero del estado en 1954 sólo porque su nombre resultó ser por casualidad John F. Kennedy. Cuando más tarde ese JFK se presentó a gobernador, los barones del partido se alarmaron tanto que metieron a otras dos personas de nombre John Kennedy en la lista para equiparar el voto Kennedy.

La herencia Kennedy va a estar garantizada un poco más tiempo con la decisión del Gobernador Deval Patrick de elegir a Paul Kirk, ex secretario nacional del Partido Demócrata, para ocupar el escaño vacante en el Senado que deja Edward Kennedy, el hombre en cuyo gabinete trabajó hace mucho.

Kirk, una figura muy querida en el partido, se llevó el gato al agua antes que el Gobernador Michael Dukakis en parte porque la familia Kennedy dejó claro que Kirk era su hombre. Pero ningún Kennedy concurrirá a las urnas en las elecciones anticipadas de enero para reemplazar a Ted. Esto genera una infrecuente oportunidad de ascenso político en un estado tan reacio a dar la espalda a la lealtad y la experiencia que en ocasiones elige a personas que están en prisión.

Hay dos Republicanos en la carrera al Senado, pero tienen tantas posibilidades de ganar como un hincha de los Yankees de salir de una pieza de una pelea de barra cerca de Fenway Park. El último Republicano en alcanzar un escaño del Senado en Massachusetts fue Ed Brooke en 1972 - el año en que Massachusetts fue el único estado en que ganó George McGovern. ¿A que es especial mi estado natal?

Todos los Demócratas concurren en la lista del soy-como-Ted, pero hay grados de Ted-necidad. El candidato que suscribe la herencia Kennedy más ferozmente es Mike Capuano, un congresista cuyo distrito incluye Cambridge y Somerville. Se presenta como el progre de progres, lo que no es una mala apuesta en Massachusetts y la mejor estrategia viniendo de un hombre que compite por el voto progresista con una mujer.

La mujer a derrotar es la fiscal general de Massachusetts Martha Coakley, que disfruta del mayor reconocimiento en todo el estado. Después de haber votado mayoritariamente por Hillary Clinton en lugar de Barack Obama durante las primarias presidenciales del año pasado, Massachusetts bien podría estar de humor este año para romper con su pasado de no elegir mujeres para cargos públicos estatales de importancia. Coakley también fue abogada, y una mujer dedicada a la profesión zanja los estereotipos.

La carrera tiene su tío gilito imprescindible que gasta su propia fortuna, Stephen Pagliuca, co-propietario de los Boston Celtics. Una carrera Celtics-Red Sox hubiera sido interesante si el antiguo lanzador de los Sox Curt Schilling hubiera entrado como Republicano. ¿Puede comprar Pags, como se le conoce, la carrera? Tal vez, pero hasta alquilar este electorado concreto no sale barato en absoluto.

Eso deja al candidato más interesante, Alan Jazei. Voy a confesar cierta debilidad por el co-fundador de 48 años de edad de City Year, uno de los mejores grupos juveniles del país.

Hijo de un cirujano nacido en Irán y una enfermera ítalo-norteamericana (nota a Alan: asegúrate de que los italianos saben de tu madre), Jazei viene siendo un defensor de la idea de que todos los estadounidenses están en deuda con su país. Interrogó y presionó a todo el mundo (columnistas incluidos) hasta que todos los proyectos de ley a favor de AmeriCorps y demás organizaciones tuvieron financiación y fueron aprobados, y bendito sea por ello.

Se presenta como el Jimmy Stewart de la era de Internet, proponiendo "Gran Ciudadanía en lugar de Gran Gobierno," un nuevo enfoque que "no es de Roosevelt ni de Reagan", y promete una campaña "dirigida por los ciudadanos, movilizada por los ciudadanos y financiada por los ciudadanos".

Suena a Obama, y un poco rebuscado. Pero Jazei está realmente convencido de lo de Jimmy Stewart, y con un Senado norteamericano igual de disfuncional que los Celtics de la década de los 90, podría ser el enfoque más astuto a ofrecer.

Aún así, Massachusetts no es sólo progresista sino también tradicional. A los votantes les gustan los candidatos que están a la altura. La difunta Mary McGrory dijo en una ocasión que cada bebé que nace en Massachusetts lo hace con el gen de director de campaña. Tanto Coakley como Capuano son especímenes totalmente representativos del gen que McGrory estaba describiendo.

La excepción que confirma la norma de la experiencia fue un joven de 30 años elegido en 1962 para ocupar su primer cargo público. Su nombre era Edward M. Kennedy. Claro, su hermano mayor resultaba ser el presidente. Pero existe una cierta magia en torno a este escaño concreto del Senado, de manera que tal vez la competición por él desafíe la lógica exigente de un estado poblado por directores de campaña.

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