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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Se equivovó la paloma‏

Mario López
Mario López
domingo, 27 de septiembre de 2009, 06:23 h (CET)
Tengo la necesidad imperiosa de someter al criterio del personal las conclusiones a las que he llegado después de llevar a cabo un somero análisis del poema de Rafael Alberti “Se equivocó la paloma” a la par que me ejercito en el arte de la emulación al escribir este párrafo sin hacer uso alguno de las comas como hiciera en su día Camilo José Cela en su obra “Oficio de tinieblas 5” que me dejó sin respiración y por culpa de ello se me murieron unas cuantas neuronas de suerte que quedé un poco imbécil a consecuencia de lo cual no pude desarrollar una carrera industriosa que me aportara dinero respeto envidias y fama.

Dicho lo cual empezaré por afirmar que la paloma era, en realidad, Paloma Osís Méndez, piloto de aviación de Aerolíneas Argentinas. A tal descubrimiento me llevó el hecho irrefutable de que los animales, y la paloma en particular, no piensan por lo que difícilmente pueden equivocarse. Por ir al Norte, fue al Sur. Obvio. A la hora de hacer un plan de vuelo se calculan las derrotas más apropiadas a la esfericidad del planeta y los diferentes meteoros atmosféricos a los que el aviador se ha de enfrentar. Se utiliza la proyección gnomónica para dibujar la trayectoria. Es posible que para ir al Norte, en un principio, la comandante Paloma Osís tuviera que iniciar el vuelo hacia el Sur. Que luego una turbulencia o cualquier otro incidente le impidieran corregir la deriva, es harina de otro costal. Creyó que el mar era el cielo. Es evidente que en este verso se está describiendo un looping acrobático al que la comandante era tan aficionada. Que las estrellas eran rocío. Hombre, no. Si hacía un frío polar es natural que uno llegue a caer en esa confusión. Y, además, lo aclara en el siguiente verso: que el calor, la nevada. Y asegura el poeta, sin que le tiemble la voz, que Paloma se equivocaba. Bueno, no deja de ser una apreciación subjetiva. Yo pienso que no se equivocara. Pero da igual, no vamos a discutir por ello. Que tu falda era tu blusa. No sé a quién se dirige Alberti en ese verso pero está claro que, sea quien fuere, estaba haciendo el pino; cosa nada recomendable en pleno vuelo. Concluye el poema haciéndonos un comentario entre paréntesis (como susurrándonos al oído) en el que Paloma se durmió en la orilla y tú (que nos quedamos sin conocer su identidad) en la cumbre de una rama. Evidencia clara de que se estrellaron. Cuántas veces habremos visto la escena de una accidente aéreo. Bueno, pues esto era todo lo que quería decir. Más o menos en la misma líea de la cúpula del PP valenciano cuando nos explica sus corruptelas.

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