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Algo más que trajes y bolsos
Rafa Esteve-Casanova
Cuando parecía que las aguas volvían a su cauce en tierras valencianas y Francisco Camps, una vez renovado el Consell y destituido como cabeza de turco de la trama Gürtel el director de la televisión autonómica, comenzaba a respirar tranquilo, al menos durante unos meses, vuelven a surgir a la luz pública los sucios trapicheos que el Gobierno valenciano ha realizado, según la policía, con los cabecillas de la trama de corrupción y con la connivencia de algunas empresas valencianas que han sacado importante tajada económica de sus buenas relaciones con los dirigentes valencianos del Partido Popular.
Últimamente se veía al President en sus apariciones públicas con la cara más avinagrada que de costumbre y muchos le atribuíamos su faz de estreñido a la pérdida de la poltrona de Benidorm. Pero, al parecer, las tribulaciones del “señor de los trajes” llegaban por otra vía, Francisco Camps no dormía bien y cada noche soñaba con que aparecieran a la luz pública algunas de las trapisondas que su otro “amiguito del alma”, Juan Luís de la Rua, había decidido dejar archivadas en el cajón del olvido. O tal vez le quitaba el sueño la terrible penitencia que su consejero espiritual le había impuesto al confesar sus mentiras a la prensa y a los miembros del Parlamento valenciano, una penitencia agravada por el hecho de no haber dejado dichos en el cajón del confesionario todos sus “pecadillos”. Alguna noche sufría pesadillas y veía a “Pitu” Ripoll, Presidente de la Diputación d’Alacant y jefe de los “zaplanistas” acercándose con una faca de dimensiones considerables, se despertaba sudoroso y corría al Palau de la Generalitat para aferrarse con fuerza al sillón presidencial gritando “es mío, es mío” mientras arrancaba con fuerza y rabia las etiquetas de sus trajes confeccionados en Milano y Forever Young.
Pero ahora resulta que no sólo de trajes vive el hombre. También son necesarias esas “mordidas” en forma de comisión que pueden aportar aquellas empresas amigas, incluso familiares, a las que se beneficia con concesiones administrativas otorgadas alegremente y mediante procedimiento digital, es decir a dedo, eso sí dedo presidencial aunque los decretos los firmen otros. La Brigada Anticorrupción de la policía lleva tiempo investigando a fondo a todos los que pudieran estar implicados en la trama corrupta del caso Gürtel, incluso con escuchas telefónicas autorizadas previamente por la autoridad judicial, y fruto de ello es un informe de 89 páginas que se ha hecho público en la prensa y que ha levantado otra vez toda la porquería que se escondía debajo de las alfombras del Partido Popular.
Las escuchas telefónicas han destapado conversaciones entre Álvaro Pérez, el famoso “Bigotes”, y diversos miembros destacados del PP valenciano como Ricardo Costa, David Serra, Yolanda García y Vicente Rambla al que alguno de los investigados tilda de “hijo de puta”. Doble contabilidad para ocultar el dinero negro, facturas falsas que pudieron servir para una financiación ilegal del PP y conversaciones en clave por si alguien les escuchaba, todo un buen guión para una novela negra ambientada en tierras de la paella. Y por lo que se colige de las lecturas de las transcripciones de las escuchas Francisco Camps, el que afirmó no conocer a quien luego resultó “querer un huevo” estaba enterado a la perfección.
Pero aquí nadie dimite, ni tan siquiera el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana, que hizo caso omiso de este informe a petición del abogado de Camps. Ahora la muchachada de la gaviota ha desempolvado de nuevo la teoría de la conspiración, la persecución a sus dirigentes y la falta de un verdadero estado de derecho en España, la canción de siempre, aquello de “seño, yo no he sido, ha sido José Luís” como niños en el patio del colegio. Camps y sus palmeros pueden volver al banquillo a poco que los jueces correspondientes sean, como ha de ser la Justicia, imparciales y no imiten a su colega De la Rua. Si todo este, supuesto de momento, entramado de corruptela queda escondido en lo más hondo del cajón del olvido el sistema judicial de este país quedará desacreditado para los restos y seremos muchos los que dejemos de creer definitivamente que la Justicia es igual para todos. Los trajes y los bolsos son una minucia al lado de lo que ahora se dilucida.
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