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Etiquetas:   Crítica de cómic   -   Sección:   Libros

Agente Secreto X-9 de Alex Raymond y Dashiell Hammet: todo un clásico

Herme Cerezo
Herme Cerezo
sábado, 26 de septiembre de 2009, 13:19 h (CET)
X-9. Hace ahora 30 años exactamente que Ediciones B. O. de Madrid publicó siete álbumes con las historietas de la serie norteamericana Agente Secreto X-9. Esta tira, de periodicidad diaria, fue guionizada por uno de los maestros del género negro: Dashiell Hammet, aunque parece probado que él sólo escribió personalmente la primera historia, ‘El Dominador’, limitándose a guiar la mano de su sucesor en los siguientes guiones. Su sucesor no fue otro que Alex Raymond, el dibujante que inició la serie el 22 de enero de 1934, tras proclamarse vencedor en el concurso convocado al efecto.




Portada del cómic.


X-9, el Agente Secreto, nació promovida por el King Features Syndicate para competir con otra serie policiaca de gran éxito por aquellos años: Dick Tracy, obra de Chester Gould, que venía publicándose en el Chicago Journal-Daily News desde 1931. X-9 no es sino una versión del género negro en cómic. El ‘hard boiled’, como también llamaban a los relatos policiales, empezaba a despuntar en los EE. UU. al socaire de la Enmienda 18 de la Constitución, la misma que provocó la aparición de numerosas bandas de contrabandistas de alcohol para combatir la llamada Ley Seca. El magnate Hearst, propietario del King Feautres, no reparó en gastos y contrató, como ya se ha dicho, para los guiones a Dashiel Hammet, un famoso escritor que había triunfado plenamente con sus relatos publicados en las revistas pulp, en ‘Black Mask’, concretamente.

X-9. Aunque constituyó todo un acierto la presencia de Alex Raymond en la serie, al principio existían dudas. Se trataba de un joven dibujante, con prometedor futuro y cierta experiencia, pero que todavía no era un consumado historietista. Y la cosa funcionó muy bien, al menos durante dos años, al término de los cuales Raymond abandonó la serie para dedicarse de lleno a las otras dos que llevaba entre manos: ‘Flash Gordon’ y ‘Jungle Jim’, dos clásicos también de enorme éxito.

X-9, el agente sin nombre hasta épocas posteriores, "Puede llamarme Dexter, no es mi nombre, pero así nos entenderemos", vive empecinado en la lucha contra el hampa tras el asesinato de su mujer e hija a manos de unos gángsters. No le teme a nadie. Es inflexible, duro y decidido. Está plenamente identificado con el prototipo del detective norteamericano. Sabido es que, mientras en Europa la novela negra usa y abusa del protagonista policial (comisarios, inspectores, picoletos y de la judicial), en Estados Unidos cobró una especial relevancia la figura del sabueso privado, cincuenta dólares al día más gastos, que nació al albur de todos estos relatos. Y Dexter no podía ser una excepción. Los demás detalles colaterales, que terminan de definir este prototipo literario, también se concitan aquí, porque el protagonista tiene ayudante, Cipriani; es individualista y sólo confía en sí mismo; mantiene una buena relación con el género femenino, mitad proteccionista, mitad sensual, y no termina de llevarse bien con los maderos, que más bien le molestan que otra cosa, aunque, curiosamente, no discuten sus órdenes si no que las acatan y cumplen a rajatabla.

X-9. La aparición de la serie en el diario vespertino Evening Journal de la cadena Hearst fue un rotundo éxito. A las tiras, por su tamaño y ubicación, se las diferenciaba claramente de las demás e incluso, "Puede llamarme Dexter’ promovía un concurso semanal entre sus lectores, proponiéndoles un enigma policial que debían resolver.

X-9, "puede llamarme Dexter", es el condominio de la elegancia. Todos sus personajes, incluidos los más perversos y barrigudos, calzan americanas, pantalones, chaleco, camisa y corbata, cuya pulcritud y simetría sólo se trunca tras ciertos enfrentamientos a puñetazo limpio. Las rayas de los pantalones son impecables y los peinados, de ellos y de ellas, no tienen parangón: manda la gomina. Raymond estira a los hombres, mientras proporciona un innegable y sinuoso atractivo a las mujeres, a las que viste con ropajes prolongados, casi tubulares, que resaltan sus formas de modo ostensible. Ninguna de ellas presenta michelín alguno o celulitis que pueda afear sus caderas y muslos. Se pintan los labios y exhiben frentes despejadas. Algunas fuman con elegancia y urgencia, con urgencia de familia bien, por supuesto. Los hombres también abusan del tabaco. Siempre llevan puro, cigarrillo o pipa en la mano o entre los labios.

X-9, "puede llamarme Dexter", presenta los mismos escenarios que podemos contemplar en las películas de blanco y negro de la época: mansiones señoriales, atendidas por mayordomos y criadas; parterres frondosos pero cuidados; barcos elegantes; amplias avenidas bien delimitadas por trazos perfectos; impolutos automóviles de marca, brillantes, veloces; edificios de líneas rectas; ventanas acortinadas en serie ... En su dibujo, Raymond abusó poco de los primeros planos, aunque haberlos haylos. Lo suyo era la perspectiva, la imagen lejana, la composición de conjunto.

X-9, "puede llamarme Dexter", es una serie de obligada lectura porque aúna las virtudes del cómic con la calidad del género negro. Hammet era un maestro, probablemente era EL MAESTRO, con permiso de Chandler. Si a la calidad de los guiones le añadimos sus diálogos tan característicos, irónicos, mentirosos, agresivos e incisivos, tenemos la garantía de una obra de primer orden. Pero aún hay más, ya que al ser de publicación diaria, guionista y dibujante debían de componérselas y llevar su ingenio al más alto nivel para mantener cautiva la atención del lector cada veinticuatro horas, de lunes a viernes, acabando en punta cada tira. Todo un gancho, toda una provocación para el lector asiduo; todo un reto para los autores. Sin embargo, esta técnica hoy, al leer las historietas completas y perdida la perspectiva del día a día, en algunos instantes puede pecar de una cierta redundancia. Pero sólo puede, especialmente si comprendemos el fin para el que fue concebida.

X-9, "puede llamarme Dexter", cumple también la ley de la sorpresa continua. Detrás de una situación aparentemente zanjada, siempre surgen complicaciones, nuevas opciones, imprevistas, personajes que no son lo que eran. A veces, los asuntos se amontonan y el narrador debe ir deshojando las capas del problema como si se tratase de una alcachofa. Es la fuerza del género negro. Y detrás de ello, como en todo buen cómic o roman policier (estoy pensando en González Ledesma, Simenon, Tardi-Malet y muchos otros), siempre está el pasado: como origen del presente, como origen del conflicto, como origen de la solución final.

X-9, que pudo llamarse Dexter, terminó llamándose Corrigan y trabajando para el FBI. Otros escritores, entre otros Leslie Charteris, Max Trell, alias Robert Storm, Archie Goodwin, y dibujantes, Charles Flanders, Austin Briggs, Mel Graff, Bob Lewis, Al Williamson y George Evans que ofició también de guionista), prolongaron su vida hasta el año 1996, justo cuando cumplía sesenta y dos años. Igual que ha ocurrido con la criatura de tinta y papel que precipitó su aparición, Dick Tracy, maníficamente reeditado a finales de 2008 por Norma Editorial, X-9, Agente Secreto Dexter o Agente Secreto Corrigan, se merecería una edición parecida. Ojalá.

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