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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Mitad burgués, mitad pescado

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
sábado, 26 de septiembre de 2009, 08:40 h (CET)
En algunos momentos, la historia cambia las características de algunos de sus actores dando como resultado el aparente cambio de la esencia del actor mismo.

Una de las estrategias del proceso histórico consiste en mantener el nombre y hacer evolucionar al concepto que delimita.

Es el caso, por ejemplo, de esos seres fabulosos mitad mujer y mitad ave derrotados por el don musical de Orfeo en su periplo con Jasón y el resto de los argonautas. Son los mismos seres alados cuyo canto habría anulado la voluntad de Odiseo (el Ulises latino) de no haberse éste hecho atar al poste de su barco.

Las sirenas de origen griego mutaron con el tiempo y se representaron como una mujer cuyas extremidades inferiores se extirparon para dar paso a una vistosa cola de pez. En las lenguas derivadas del latín, llegó a ser ésta última la verdadera imagen de las sirenas.

De alguna manera, se suavizó con el cambio el aspecto monstruoso de las primeras, dejando que de cintura hacia arriba las muchachas fuesen agradablemente humanas.

En otros casos, es el nombre el que cambia para denominar a la misma realidad.

Encontramos así que lo que antes caía bajo el nombre de “burguesía”, con el cambio de tendencia social ha pasado a llamarse “sociedad civil”. Un examen poco exhaustivo de los términos podría llevar a plantearse si esa sociedad no es algo contrapuesto en mayor o menor medida a la sociedad militar.

Pero no es esa la significación que tiene el nuevo término. Es simplemente un cambio en las palabras que esconden la misma división entre élite económico-cultural y el populacho raso. Entre los llamados a dominar a las masas, a establecer la ruta y sentido del avance de la sociedad que encabezan.

Esa sociedad burguesa, la misma de antaño, que frecuenta el Palau de la Música y lo dirige cabalmente entre escalas de sol y orquestas de cámara, no escatima (también como antaño) en derivar algunos de los fondos para mantener su manera de vivir y su modo de entender la vida. Más aún, siguen pareciendo grandes señores (claro, no dejan nunca de vestir como tales).

Eso es lo que han acabado teniendo en común las sirenas y la burguesía: unas se humanizaron con el cambio, la otra siguió pareciendo demasiado humana.

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