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La Teoría del Puchero para explicar la crisis

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 24 de septiembre de 2009, 08:09 h (CET)
Reza la Segunda ley de la Termodinámica que “La cantidad de entropía de un sistema aislado termodinámicamente tiende a incrementarse con el tiempo.” De cajón, vaya, que aumente el desorden (entropía), o las crisis, que es el desorden fundamental del sistema financiero, o las leyes aberrantes, que son el sistema fundamental del orden por el que nos regimos. A más calor en un sistema cerrado, más entropía, o, lo que vale lo mismo, más desorden molecular.

“Así en la Tierra como en el Cielo”, reza el Padrenuestro, o “Así arriba como abajo”, corea el Principio Hermético. Ambos axiomas dicen lo mismo con diferentes palabras: En lo grande como en lo pequeño. Todo, en fin, puede explicarse mediante la geometría de fractales, pero, para hacerlo aún más sencillo, lo haré por la Teoría del Puchero, que viene a ser como la sociedad sometida al fuego de la condición humana, que es decir de la codicia, el ventajismo y el ¡Viva la Pepa! que representa que mientras a mí me vaya bien, que el que venga detrás que arree.

Todo el desmadre social, político, legislativo y económico, con sus inmensas crisis —que parecen ser lo único que nos preocupa—, puede explicarse por la humilde Teoría del Puchero. Cuando ponemos un puchero lleno de agua a hervir, a medida que el calor del líquido aumenta comienzan a agitarse las moléculas de agua y a chocar entre sí, agitándose de una forma anárquica porque se sienten más libres (2ª Ley de la Termodinámica), incrementándose la entropía hasta el extremo de que la masa líquida (la sociedad) es un batiburrillo de gentes haciendo lo que les viene en gana y como les viene en gana, velando únicamente por sus intereses y despreciando al resto del orden social (el resto del líquido), liberándose de la masa líquida algunas moléculas que se transforman en gas o vapor de agua, se subliman. Este vapor o gas es, precisamente, lo que produce las burbujas, primero muy chiquitinas y, después, a medida que ascienden al éxito o la riqueza, bien grandes, como las crisis que nos afectan. Los individuos, saliéndose de su estado natural (líquido, conforme a la masa), se han elevado sobre sus semejantes, convirtiéndose en sublime gas o vapor de agua, pero produciendo como consecuencia una burbuja social, financiera o jurídica. Se cumple rigurosamente la Ley del Topamí.

El calor no sólo no disminuye, sino que sigue aumentando, propiciando que nuevos elementos imiten a sus predecesores, a lo que hay que añadirse que cuando estalla una burbuja, como no puede existir el vacío en nuestro orden, se rellene con otro líquido en agitación entrópica que produce como efecto secundario un aumento del calor interno de las moléculas (individuos) y la sublimación de algunas de ellas, generando una nueva burbuja más grande todavía que la anterior. Las burbujas así, se van multiplicando hasta que el líquido mismo se convierte en un hervor burbujeante, apareciendo burbujas por toda la superficie del líquido desde el fondo del puchero, de una manera cada vez más aparatosa y con burbujas más y más grandes. ¿Y donde termina el proceso?...: pues justito, justito en la sublimación o evaporación de todo el líquido (individuos, masa social) y en al achicharramiento del puchero (la Tierra). He aquí, explicado para neófitos en Física las consecuencias de nuestro absurdo Sistema Entrópico, el porqué de las crisis económicas, de las aberraciones legislativas y de la elevación de los freakys a modelos sociales.

Algunos creen que la crisis económica actual (y social, y legislativa, y laboral, y de valores que no cotizan en bolsa, y de dignidad, etcétera) terminará como se acabaron las anteriores, la del 73, la del 78, la del 92 o las precedentes; pero se equivocan. Vivimos tiempos de acabamiento porque el nivel de entropía existente en nuestro orden es excesivo (somos demasiados queriéndolo todo para nosotros) y el burbujeo del puchero ya no se puede detener sino hasta la consunción total del líquido social, porque cuando pudimos parar de aplicar calor al sistema no lo hicimos. No aprendimos de nuestros errores, los cuales produjeron las crisis anteriores, y ahora hay que pagar la factura y los intereses. Una burbuja produce otra más grande, y , por simple entropía, el tiempo se ha ido acortando entre una y otra, y ya estamos en pleno hervor. Se mitigará esta crisis aportando más dinero (calor) al Sistema, pero ese dinero hay que devolverlo o volverlo a generar, y eso generará necesariamente otra burbuja mayor en menos tiempo. En definitiva: estamos ante la crisis final del Sistema. Nada de brotes verdes ni mandangas: hasta la evaporación total del líquido (la sociedad y el sistema que la sostiene), no hay Dios que pare el hervor del puchero, y podemos decir que el mismo puchero (la Tierra) quedará abrasado. Vean, si no, las propuestas de nuestros freaky-líderes: hay que crecer, aumentar la productividad, generar más riqueza, o, lo que vale lo mismo, aplicar todavía más calor al sistema. Alea jacta est. Disfruten, disfruten, que para cuatro días que nos quedan... Alea jacta est, ya digo.

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