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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La demagogia del alacrán: Sindicalismo displicente

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
miércoles, 23 de septiembre de 2009, 10:10 h (CET)
En un escrito titulado “¿Sindi…qués?”, del que pronto hará dos años, denuncié la displicencia sindical y como el cauce sindical español estaba “secuestrado”, callaba y acomodaba a su gente (miles de liberados sin pincharlas).

Sí, “secuestrado” por las ayudas estatales que recibe por medio de los Presupuestos Generales del Estado y por la vía de los famosos cursos de formación (invento de D. Felipe González que conceden Ministerios, CCAA, Diputaciones, Mancomunidades…, un chorro de € que “llena” muchos morrales y arregla poco o nada la pésima formación pero mantiene los conductos que desembocan en el cada día más fácil embaucamiento).

Por aquel entonces –hace casi dos años ya, reitero- el espectro sindical no denunció la subida del desempleo, la precariedad laboral, la subida de los precios de todo (luz, agua, teléfono, transporte…), ni, por supuesto, el injustificable aumento del número de pobres y el más injustificable aún aumento del número de ricos, las subidas de impuestos y tasas, la distorsión descarada del IPC, los míseros salarios y la consecuente pérdida de poder adquisitivo (ahora denunciado por todos los periódicos a raíz de un informe de inspectores de Hacienda) y, cómo no, esos estatutos de la clase política para disfrutar una vejez dorada con sólo siete años de cotización y su sin fin de privilegios entre los que estaban –y están- los sueldos abusivos y escandalosos, sin descontar el cada año mayor aumento de su número.

Ahora, cuando es más necesario y más importante y cuando debería ser más decisivo y regulador, el sindicalismo displicente, en plena crisis (de los de siempre, de los que no la han provocado, de los que deberían ser los suyos) utiliza la “demagogia del alacrán” y con el hipócrita argumento de arrimar el hombro junto al Gobierno (que los acaba de untar) tampoco denuncia: Las ayudas universales (los 400 € y el cheque bebé) que ahora se cuestionan; el descomunal aumento de funcionarios (en Extremadura embarazoso) y su falta de productividad y amplio índice de bajas laborales como consecuencia de una retribución mísera y de una organización pésima; el, así mismo, aumento de Altos Cargos, Asesores, etc. y nuevos Organismos para dar cobijo a más y más sinecura cobrando sueldos millonarios mientras las pensiones y los sueldos de los trabajadores no pasan de la mezquindad desde hace diez años; las ayudas empresariales libres de justificación (subvenciones e incentivos regionales las llaman en Extremadura y las hay hasta para leasing, es decir, desligadas de la creación de empleo -para el Mercedes y el barquito ¿no?-); el engaño manifiesto de hacernos creer que las cotizaciones sociales del empresariado son caras saliendo de unos salarios que están entre los peores de la UE-27, lo que demuestra esa imposibilidad; el descarado secuestro de la prensa de papel a base de publicidad institucional (la Junta de Extremadura gasta 8.000 €/día por este concepto); las ayudas (se habla de 200.000 mil millones de € comprometidos) a Bancos (auténticas cuevas de Luis Candelas) y, sobre todo, a Cajas de Ahorro (politizadas para el mantenimiento de la partidocracia) mientras se discute una verdadera menudencia para las familias que no disponen de ningunos ingresos por culpa de la concupiscencia de esos Bancos y Cajas; la deplorable formación de los trabajadores (13 millones no tienen ninguna a pesar de lo gastado, lo sabe mejor que nadie el sindicalismo displicente); la baja tasa de gasto social, de las más bajas de Europa; la excesiva exigencia en algunos casos de tanta productividad (rozando el esclavismo) pagando una miseria de salario; que haya gente saltando de Alto Cargo en Alto Cargo desde hace más de ¡25 años! (pronto igualarán a Franco); que la Democracia esté marcada por el oscurantismo y la desinformación (en Extremadura, sin duda) que evolucionará hacia el totalitarismo de la indiferencia en que nadie es responsable de nada y el miedo reduce cualquier idea de espacio público; la precariedad en las condiciones de trabajo que conduce a tener la siniestralidad laboral de las más altas del Mundo; que más de un millón de familias tengan a todos sus miembros en paro, a las puertas de la indigencia; que, ya en el siglo XXI, aún quede un 4,5% de analfabetos entre los mayores de 16 años; que parezca todo normal y una región –imagínense cual- tenga el mismo PIB que hace casi treinta años; que a los españoles se nos aplique eso del hijo tonto de Robín Hood (que para emular a su padre robaba a los pobres y se lo daba a los ricos) a la hora de pagar impuestos y, a la larga –ya lo verán-, en esta ocasión nos lo subirán a los de siempre, por la sencilla razón de que no hay mecanismos establecidos para hacer pagar a los ricos y a los que más tienen, entre ellos, ellos, los políticos; que se vaya a construir –que no lo vamos a permitir mientras podamos- una refinería de interior para atufar la región más limpia del Estado y, por último, que no denuncien que el pueblo está condenado a la desgracia intelectual y económica para su fácil sometimiento y esclavista explotación.

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