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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

Sobre los profesores-policía de Esperanza Aguirre

Mario López
Mario López
martes, 22 de septiembre de 2009, 06:31 h (CET)
Esperanza Aguirre ha lanzado la idea-bomba más impactante que le recuerdo: otorgar a los profesores rango de autoridad pública. Las adhesiones a esta iniciativa han brotado con una fuerza nunca vista, a izquierdas y derechas.

Muchos han entendido que esta es la medida que llevábamos lustros esperando para acabar definitivamente con el desmadre en las aulas. La panacea. A todos estos eufóricos defensores del nuevo profesor-policía les tengo que recordar que esa figura era la que regía en los centros del Auxilio Social del franquismo. Les recomiendo la lectura del libro-cómic “Paracuellos” de Carlos Jiménez. Yo he dedicado mis últimos veinte años a la docencia y me gusta el significado de autoridad que dan mis alumnos: “la autoridad no impuesta sino derivada del compromiso, el conocimiento, la capacidad docente y la cordialidad del profesor”. Siempre me he negado a ser policía de mis alumnos, aunque he tenido problemas de disciplina graves con algunos de ellos; muy pocos, la verdad, pero muy serios. Dotar al profesor de la capacidad de ejercer un poder judicial sobre sus alumnos me parece que no nos va a conducir a nada bueno. Lo que hay que mejorar es el claustro de profesores y las comisiones de mediación, integradas por padres, profesores y alumnos, que sirven para atajar cualquier problema disciplinario grave que sobrepase la capacidad del profesor. Si llevamos la propuesta de Esperanza Aguirre al absurdo, ¿por qué no otorgar el rango de autoridad pública también a los padres, abuelos, tutores, conserjes de fincas urbanas y monitores de tiempo libre? Los protagonistas de toda acción formativa son los alumnos y el profesor. Entre ellos no puede crearse una barrera judicial. El resultado puede ser pavoroso. Yo, con toda humildad, le sugeriría a la presidenta de la CAM que reflexione sobre el asunto y deje ya de practicar políticas populistas adornadas de juegos artificiales. Que aquí no estamos para epatar al personal.

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