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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

De la creciente violencia entre nuestros jóvenes

Mario López
Mario López
martes, 22 de septiembre de 2009, 06:30 h (CET)
Ayer estuve viendo varias veces y con todo el detenimiento que me es posible el video del asesinato de Carlos Palomino a manos de Josué Estébanez. El caso está ahora mismo juzgándose y en numerosos medios de comunicación se ha relatado ya minuciosamente lo sucedido.

Pero quisiera destacar dos aspectos del macabro asunto que me tienen en vilo. El primero, si en verdad Josué se sentía amenazado o no. Y el segundo, si no estaremos asistiendo a la eclosión de bandas violentas callejeras con supuestas y poco justificadas connotaciones políticas. Viendo el video y recomponiendo la secuencia (en los planos del vagón se producen saltos de eje que dificultan la comprensión del desarrollo de los acontecimientos), llego a la conclusión de que Josué saca la navaja del bolsillo y se pega a una puerta del vagón, después de ver a través de la ventana al numeroso grupo de jóvenes antifascistas que se disponen a entrar en él. La actitud es muy lógica en alguien que se siente amenazado y está familiarizado con la violencia. La amenaza se hace para Josué más patente en cuanto los jóvenes antifascistas llenan el vagón, alojándose a su alrededor, y uno de ellos le toca la sudadera a la vez que le dice algo. No sabemos lo que le dice, pero la reacción de Josué es fulminante. El caso está siendo juzgado y en su momento conoceremos la sentencia del tribunal. Pero quisiera detenerme en la naturaleza de la situación que se vivió en el metro de Legazpi. Yo, hará unos seis años, tuve que coger durante una semana ese metro para ir de mi casa al puente de Praga, a impartir unos cursos en Unión FENOSA. Casi todos los días coincidía en el vagón con algún grupo de jóvenes que conversaban a viva voz, sin importarles un comino quién les pudiera oír, sobre las armas que llevaban encima y las frecuentes reyertas en las que se veían implicados. En una ocasión, un chaval le contó a su acompañante cómo su hermano estuvo a punto de matar a un joven de una banda enemiga, clavándole un puñal en el vientre. En Madrid se está multiplicando el número de chavales que conviven a diario con la violencia. Eso es lo que más patentemente queda reflejado en el video del asesinato de Carlos Palomino y eso es lo que más me inquieta a mí. Y, lo peor de todo, es que la violencia que estos jóvenes practican se presenta como parte de una militancia política. Esto es aterrador. Cuando la violencia es fruto de la frustración, de la precariedad de miles de familias trabajadoras y se presenta como una opción política, es porque estamos tocando fondo.

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