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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Una piraña en el bidé

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 21 de septiembre de 2009, 06:26 h (CET)
No creo que haya hacer panegíricos para demostrar que los españoles somos un pueblo especialmente creativo. Lo hemos demostrado a lo largo de la Historia sobradamente, y, desde luego, en buena medida se ha debido a las condiciones extremas a que nos han sometido nuestros poderes políticos y a la pobreza del territorio sobre el que nos asentamos. Buena parte de la organización contemporánea, en casi todas las áreas, nos pertenecen como autores aunque no cobremos royalties por ello, e incluso los sistemas educativos más avanzados nos pertenecen también en buena medida, aunque en España no se hayan aplicado hasta decenios después de ser desarrollados e implantados en otros países. Desde los más punteros avances tecnológicos a buena parte de los sistemas organizativos sociales, han tenido su origen en un cerebrito español, a menudo de esos que han tenido que salir del país con su genialidad a buscar inversores extranjeros, porque en España, al frente de los ministerios y en el Gobierno, sólo había políticos.

La situación no ha cambiado: lamentablemente el suelo sigue siendo pobre, las condiciones de vida siguen siendo extremas y, para colmo de males, continúa habiendo políticos. Si fuimos capaces de establecer las bases de los sistemas educativos contemporáneos más avanzados —y aunque desarrollamos la EGB nunca habrá mejor sistema que el de la Formación Profesional—, si lo fuimos de establecer la funcionalidad y estructura del ejército contemporáneo, si inventamos las guerras de guerrillas, el cóctel molotov, el submarino, el helicóptero (autogiro) e incontables procedimientos para sobrevivir a las condiciones más adversas (en España sabemos de eso un huevo), no somos capaces de inventar algo eficaz contra nuestros políticos, verdaderos enemigos de nuestro progreso. Nada nuevo bajo el sol, como decía Qohelet. Toda nuestra creatividad, nuestra enorme capacidad de improvisación, nuestra desbordante imaginación y nuestro colosal talento sucumbe dramáticamente ante la supina incompetencia de nuestros políticos, especializados en hacer, justito, justito lo que no funciona. Tan grave es la cosa que no es un sofisma aseverar que el gran inconveniente que tiene España para ser una potencia (o algo) son precisamente nuestros políticos. ¡Y lo peor del caso es que son profesionales!

La sociedad española podría funcionar como un reloj de precisión, carecer de desempleo, contar con inmensos haberes, disponer de las más prósperas empresas y exportar talentos a todo el mundo como si tal cosa, si no tuviéramos políticos. Pero los tenemos, claro, y su celo profesional y su dedicada devoción por pinchar todo globo y convertir en inoperante cualquier cosa que funcione, convierte en imposible la tarea más sencilla, incluida la de simplemente sobrevivir. No damos para tanto: los elementos a los que nos enfrentamos son tanto más temibles que los que tuvo que encarar la Armada Invencible. Montar una empresa, emprender una actividad, llevar a buen puerto un desarrollo, es una labor sencillamente imposible con esta legión de políticos, tecnócratas y burócratas especializados, además de en cobrar por entorpecer, en hacer justo lo contrario a los intereses de España y de los españoles: vea la realidad, hojee cualquier diario, vea un informativo y dígame que no es para tirarse de los pelos. Ya conoce el aserto español: "Hay dos clases de políticos: los que no hacen nada (y cobran mucho) y los que se especializan en impedir que lo hagan los demás." Cosas bien hechas, se entiende. De todos modos, yo prefiero los primeros, los que no hacen nada, que es lo más productivo para todos que pueden hacer.

Desde el poder se harán mil Planes para paliar las crisis: se multiplicarán las crisis... y no pasará nada; faltará dinero para sostener las finanzas patrias..., no importa: se derrochará; será conveniente y hasta posible el entendimiento entre regiones...: dividirán; se debería establecer las mínimas certidumbres desde donde la ciudadanía pueda saltar a la aventura del progreso..., es igual: desmembrarán la familia; podríamos vivir en armonía con el medio: legislarán lo antinatural; habrá cosas y cuestiones que lleven funcionando perfecta y armoniosamente durante siglos..., mejor que mejor: lo destruirán; y así con todo. Así está la cosa, y así no hay quien pueda, especialmente cuando se tiene la propensión que tenemos en España a elegir como Presidente al más incompetente especialista en brujuleo, de esos que tienen problemas para dar palmas porque no se les encuentran las manos, y éste pondrá al frente de los ministerios a sus amiguetes, troncos, coleguis, pibis o cualquier otro tipo de incapaces o incompetentes, que, además, seguro que son espantosamente feos a tenor de lo que vemos en el gobierno actual. Ni siquiera quedan bien para la foto, porque promueven el celibato, que es decir la contención del incremento demográfico.

Dice el aforismo que para coger peces es preciso mojarse el culo, pero, ¡cuidado!, que aunque no sea una especie endémica de España, suelen estar nuestras aguas político-administrativas llenas de pirañas, y todo sea que saque uno los glúteos con menos masa que los metió. Es más, incluso ya devastada España y prácticamente en liquidación y saldo por aparatosa ruina, se han metido a saco estos necios a la cosa de prohibir incluso en lo doméstico, y ya no es posible ni la higiene. Por más que uno sea creativo o tenga excelentes ideas, que se lo piense antes de meter en culo en el agua para coger peces, pero es más, mucho cuidado también en su casa, porque es seguro que también tiene una piraña política en su bidé. Ahí tiene a Zapatero y sus temibles ministr@s. ¡Cuidado, que vienen los nuestros!

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