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Etiquetas:   Disyuntivas  

Grietas fascinantes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 20 de septiembre de 2009, 06:08 h (CET)
Cuando menos, resulta curiosa la atribución de una mala valoración a las grietas en general; como si fueran indicadoras de un deterioro, de RENDIJAS por donde se escapara algo necesario, como señal de imperfección. Como si anduviéramos sobrados de perfecciones, completos en cada faceta de la vida, habituados a los espacios repletos de maravillas. De entrada, estamos ante un menosprecio, no ya injustificado, sino equívoco; porque, muy al contrario, esas grietas constituyen las circunstancias habituales, las imperfecciones, las compañeras constantes de cada uno de los seres vivos. Además, son esos contrastes que animan la convivencia, son sugerentes y con sabor a realidad; la pretendida perfección en los ambientes mundanos, huele a falso y da un poco de miedo. ¿Qué oculta?

En las antiguas casas solariegas, en los desvanes y camarotes, se acumulan incontables cachivaches con el paso del tiempo. Viejas fotografías se van desconchando, y las figuras retratadas comienzan a ser desconocidas. Entre juguetes y recuerdos, también se acumulan disquetes y cintas de casetes que ya no se pueden usar con los avances actuales. Los edificios mismos entraron en un deterioro progresivo y algunos desaparecieron. En semejante DESMEMBRAMIENTO, abundan las raspaduras, manchas y grietas; es dentro de ese conjunto donde surge la versión primorosa que destaco hoy.

A través de estas ruinosas visiones se distingue mejor, por contraste, la laboriosa construcción de cada realidad personal. Esos DESCUBRIMIENTOS nunca completan una labor bien acabada, porque en sí misma no tiene fin; constituye un transcurso de vidas diferentes que confluyeron. A pesar de esa incompletud, no sólo aportan datos y recuerdos, raspan a más de una de las fibras sensibles de los observadores, aún de los considerados reticentes. Por esas imágenes se vislumbran algunos errores cometidos, vidas maravillosas e incluso se avizoran desmanes futuros, hay de todo. Nos vendría bien una mejor atención sobre esas rendijas; en los tiempos que corren, esas serían unas buenas aportaciones, aunque las modas vayan en otras direcciones, o precisamente por eso.

Presumir y alardear, es fácil, se puede; con el añadido de la credulidad ingenua de las masas. Quiero lamentar hoy aquí, hablando de fisuras y puntos débiles, la de ese grupo de comentaristas, filósofos éticos, intelectuales; con pretensión de oráculos de la convivencia. Así veo a J.A. Marina, entre otros y otras, que junto a sus proclamas, no tienen empacho en gestar y apoyar arbitrariedades como las recogidas en los textos e imágenes de la famosa asignatura para la educación de la ciudadanía. En esto de la ética y la convivencia, los códigos de conducta estructurados, chirrían y huelen a rancio. Nos urge el DESENMASCARAMIENTO de estas poses, próximas a los despachos de las adulaciones y apoyos en torno al poder. El diálogo particular de estos autores con su almohada, no es la dialéctica requerida para actuaciones con un mínimo de vergüenza.

Frente a estas debilidades acomodaticias, ha habido gente con la cabeza muy libre y honrada, cuyas razones resisten el paso de los siglos; por ejemplo, I. Kant, con su famosa orientación imperativa de pensar en los demás a la hora de actuar. Suelen comentarse como insuficiencias kantianas, eso de no resolver los conflictos prácticos. Sí, debemos actuar bien, sin perjuicio para los demás; pero. ¿Quién delimita esos procedimientos? ¡Ah! Sin embargo, no olvidemos que el bueno de Kant no parecía interesado en la labor de comisario, oráculo político o funciones de esa laya. Nada más contrario a ese enfoque, y nada más sencillo; apeló a la RAZÓN LIBRE de cada persona, para el trabajo en busca de aquel ideal superador. Habla de planteamientos reflexivos, convencimiento y respeto a cada persona, hasta declararla libre. Alguien pretende verlo como un fallo de Kant, no resuelve. Si esto es su FALLO, en palabras del Prof. Panea, será una grieta necesaria e iluminadora; permite la implicación personal, imprescindible para cualquier ética o actuación moral.

La INSEGURIDAD desarrolla sus ramificaciones con un rendimiento pleno; no debiéramos sorprendernos, varían sus maneras, pero su agobio nunca nos faltó. Pisamos sobre brasas, más rojas o más encubiertas, enfermedades, vejez, agresiones, intolerancias, crisis con muchas caras e indecisiones fatales. Aún no ha nacido quien nos aporte la respuesta adecuada a todas las preguntas. Quizá, al paso que vamos, se lo vaya creyendo alguno de esos creadores fatuos que proliferan.

Mientras llegan esos resultados, por la grieta de la falta de aplomo, la inseguridad citada; me atren con preferencia dos conceptos muy manejados por el pensador español Javier Muquerza. Su “Zalantzamendi” (El monte de la duda), con el que alumbra la DUDA, como estupenda motivación para un trabajo fehaciente y humilde. También recalca la importancia de la expresión de los pensamientos particulares, a modo de un imperativo del DISENSO. Luciríamos otras luces, si disfrutaramos de esas dos inseguridades, dudas y desacuerdos, para ser más participativos en esa elaboración de la paz, de la convivencia y de un mayor grado de felicidad.

Verán ustedes, cada día se nos ofrecen numerosos ejemplos; se manifiestan PROCLAMAS y dicterios, la voz del pueblo, el sentido de tal o cual ideología (Política, religiosa, aficcionada o profesional; hay de toda clase), la verdad de la economía, o el énfasis puesto en la defensa de la ciencia insuperable. Escuchados estos manifiestos, está clarísimo lo que intenta cada defensor, sitúa a su sector en los mejores rangos, en el no va más; casi como la justificación de todos los bienes posibles, morales y de los otros. Con unas pantallas y escaparates relucientes, con de grandes atractivos.

Uno se queda perplejo ante tantas maravillas. Aunque esto suele durar bien poco. Por que pronto nos asalta un TUFILLO HEDIONDO; tufo por el que intuimos algunas grietas no confesadas. Por ellas asoma la corrupción soterrada, la imposición autoritaria de criterios, demasiados dioses en la tierra árida, y desastrosas “voces del pueblo” que no pasan de ser la voz de una sola persona, o de unos pocos, escasos para denominarse pueblo. ¡A que abundan todos estos! Pues bien, ante este panorama se nos abre la espita de la esperanza, aun nos queda resquicio para nuestra actuación, tenemos mucha labor por delante; no estaba todo tan ultimado, tan perfecto. Continua siendo más fascinante la experiencia exploradora diaria.

La búsqueda de parajes más sugerentes que los mentados, se convierte en un gran PROYECTO de cara al futuro. Estamos ante toda una serie de invitaciones, aperturas y resquicios, para proseguir en los mejores intentos, de cara a una vida más deseable. Está el horizonte abierto. Contra lo que pretenden hacernos creer, las respuestas siguen siendo escasas, las trapisondas y mentiras nos invaden. De ahí, la prestancia del proyecto personal, persiguiendo lo mejor de nosotros mismos. No sea que vayamos a estar satisfechos con lo que bulle alrededor.

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