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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Rosa Díez no debe fiarse del Becerro de oro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 20 de septiembre de 2009, 06:57 h (CET)
Siempre he dicho que la señora Rosa Diez me cae bien, no sólo por su dinamismo, su dialéctica clara y expeditiva, sino también por su españolidad, su inequívoca lucha contra los separatistas vascos y su modestia, atributo que la acompaña elevándola sobre la gran mayoría de políticos, que se van encumbrando en si mismos como si el militar en política fuera una suerte de ascensor interno que fuera encumbrando el ego hasta depositarlo en los límites del auto bombo y el más ridículo endiosamiento; algo así como lo que le está empezando a suceder a nuestro Presidente, que se ha llegado a convencer de que si España subsiste es gracias a que él se ha hecho cargo de ella para evitar que caiga en manos de la “peligrosa” derechas que, apenas hace unos pocos años, 6 puede ser,.la pusieron en las cotas más altas desde que llegó la democracia a nuestra nación. Sé que me es imposible arrimarme a su partido, la UPyD, debido a que sus orígenes derivados del socialismo sustentan algunas teorías políticas con las que no puedo estar de acuerdo como, por ejemplo, el tema del aborto aunque, en honor a la verdad, he notado, en las últimas intervenciones públicas de doña Rosa, una cierta moderación en este tema de la que me alegro mucho. Y les aseguro que, con algunos retoques más, seguramente me convertiría en uno más de los votantes de UPyD.

Sé que la labor que ha llevado a cabo la fundadora de la UPyD ha tenido que ser muy ardua, porque es muy corriente que todos aquellos que abandonan, por diferencias de puntos de vista, un determinado partido; les sea prácticamente imposible organizarse para refundar otro. Vale decir que, en el caso concreto de la señora Diez, concurrieron unas circunstancias especiales que le ayudaron a captar las simpatías de muchos miembros del PSOE, que no pudieron entender la postura de un señor Rodríguez Zapatero, dispuesto a negociar con la ETA y, todavía peor, propicio a ceder territorialidad, como la entrega de Navarra, a las huestes independentistas, con tal de poderse atribuir el mérito de haber conseguido erradicar el terrorismo de España. Le salió, afortunadamente, mal la jugada al señor Zapatero y gracias a su carisma entre gran parte de la clase más tirada a la izquierda que existe en este país, pudo salir del trance sin nada más que algunas rasgaduras superficiales. Pero fueron muchos los vascos socialistas que se sintieron traicionados por su propio partido al ver el trato que se le dio, primero al señor Redondo Terreros y, más tarde, la falta de apoyo que recibieron los que cada día se jugaban el tipo en Euskadi, cuando al señor Zapatero le interesó acercarse a los nacionalistas, incluso a los más extremos.

Y es por esta simpatía que me causa esta esforzada heroína que lucha sola contra todo un Parlamento, lamentablemente ciego y sordo a todo lo que se pudiera entender como lógica, sentido común y preocupación por los problemas de la ciudadanía, para entregarse al más desenfrenado debate partidista del que nadie saca nada en limpio y, por el contrario, si salen de él una serie de disposiciones, leyes y acuerdos entre partidos de izquierdas que están convirtiendo a esta España, en la que mal vivimos, en una especie de caos que, si Dios no lo remedia, va a acabar por destruir el poco orden que queda y a condenarnos a ser indefinidamente el farolillo rojo de Europa en cuanto a desempleo, productividad y competitividad si continuamos en manos de incapacitados para gobernar que, para acabar de hundirnos en la miseria, no han tenido inconveniente en someterse las presiones de unos sindicatos marrulleros, aprovechados, endogámicos y completamente ajenos a los problemas de la clase obrera española que, milagrosamente, contrariamente a lo que se podía esperar de ella en las circunstancias actuales y con 4.000.000 de parados, se mantiene sosegada aguantando el temporal con un estoicismo digno de los tiempo de los espartanos griegos.

Repito, de nuevo, es por este aprecio a esta tenaz luchadora política que me permitiría hacerle una pequeña recomendación. Me imagino que no debe ser fácil, en las precarias condiciones económicas en las que se debe encontrar el partido de Rosa Diez, conseguir primeras figuras de la política para representar a su formación en toda la geografía española; pero, aún así, yo le recordaría que no se precipite, que no se entregue en manos de un cualquiera y, aún menos que no se fíe de la fama efímera de un señor, que me imagino es una buena persona pero que ha caído en la trampa de todos aquellos a los que les golpea una desgracia, que primero concitan la compasión de la gente, luego se convierten en iconos mediáticos para acabar, por desgracia con demasiada frecuencia, haciendo de lo que fue una desgracia un modus vivendi del que se aprovecha, puede incluso que lícitamente, para cambiar de oficio y dedicarse a ir por el mundo viviendo a costa de su fama. Sic transit mundi.

Quiero, por ello, hacer referencia a una noticia que ha saltado a la prensa en la que se habla de la posible inclusión, como aspirante a la alcaldía de Huelva, al padre de la niña Mari Luz Cortes, vilmente asesinada por un pederasta; cuyo fatídico hecho dio lugar a que su padre, don José Cortés, iniciara una cruzada por toda España para recabar apoyos para pedir el endurecimiento de las penas para tal tipo de delitos. No obstante, hay que saber separar, como en todas las cosas de la vida, el grano de la paja, porque, si bien el señor Cortés ha demostrado tener agallas; ha sabido defender el recuerdo de su hija asesinada y ha conseguido ganarse la admiración y el apoyo de la gente; todo ello no presupone que tenga las cualidades necesarias para ser un buen alcalde, disponga de la preparación adecuada para poder desempeñar los cometidos que una ciudad como Huelva requiere y, de paso, reúna la suficiente pericia y conocimientos políticos, que pudieran garantizar, en caso de ser elegido para el cargo, que su mandato pudiera ser fructífero y un éxito para la formación de doña Rosa. La fama en este país, gracias a las TV’s y la prensa escrita y hablada, se puede conseguir en un plis plas, máxime si viene de la mano de un suceso tan impactante y luctuoso. No obstante, las condiciones para ocupar un puesto de responsabilidad, un puesto donde se han de tomar decisiones en las que se maneja mucho dinero, dinero de los contribuyentes; donde las tentaciones son grandes y mucho más para una gente humilde, de escaso bagaje educativo y fácilmente impresionable por la vida muelle que proporciona el cargo; es algo que debe tenerse en cuenta cuando se trate de escoger a un candidato que ha de representar a la formación a la que pertenece y hacerlo dignamente y con eficacia, por añadidura.

En algunos casos es preferible asentarse en lo conseguido, reforzarse como excelente política que ha demostrado ser la señora Diez y aguardar con paciencia dar el paso adelante que, sin duda, tiene merecido antes que pretender expandirse con precipitación, sin tener en cuenta las posibles consecuencias de una decisión tomada con precipitación. Al respecto me gustaría citar la siguiente sentencia del escritor latino, Publio Siro, cuando afirmó: “Malo es el parecer que no puede mudarse” En efecto, este es el peligro de una decisión equivocada.

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