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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Basura bajo las alfombras del Palau

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 20 de septiembre de 2009, 06:10 h (CET)
El pasado 23 de Julio los cimientos de la sociedad catalana temblaron al conocerse que los Mossos de Esquadra habían entrado en el sancta sanctórum de la música catalana. Un numeroso destacamento de la policía autonómica tomó el Palau de la Música en busca de documentación acreditativa de los fraudes denunciados por la Delegación de Hacienda contra Félix Millet, presidente de la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música entre otros muchos cargos tanto en entidades cívicas como empresariales. Aquella noche, a la hora de la cena, en todos los acomodados hogares de la zona alta de la ciudad no se hablaba de otra cosa, “uno de los nuestros”, se decían unos a otros, investigado por la policía, una persona que hasta esos momentos había gozado de todo el prestigio ciudadano iba a aparecer al día siguiente en las primeras páginas de los periódicos. Nadie podía dar crédito a la noticia que se estaba produciendo, pero cuatro días después Millet dimitía, no sin presiones, de su cargo de presidente de la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música.

Uno de los más destacados miembros de la sociedad burguesa catalana ha asestado un duro golpe a una de las entidades más queridas en Catalunya. El Palau de la Música, joya de la arquitectura modernista catalana y patrimonio de la Humanidad, fue construido por suscripción popular a primeros del pasado siglo bajo las órdenes de Domenech y Montaner y a lo largo de su historia, desde su inauguración en 1908, ha sido signo y bandera del catalanismo y su cultura. Allí da sus conciertos otra institución centenaria cual es el Orfeó Català, fundado en 1891 por Lluis Millet y Amadeu Vives, junto con el Gran Teatre del Liceu es el refugio de los amantes de la música clásica, durante el franquismo se celebraron allá míticos recitales de los cantautores más reivindicativos como Raimon. Y en 1960 durante una visita de Franco sus paredes fueron testigos de la reivindicación nacional de los catalanes cuando ante el dictador un grupo de personas entonó “El cant de la Senyera” cuya interpretación había sido prohibida por el Gobernado Civil. Aquello, junto con la acusación de ser el autor de las octavillas que se lanzaron, le costó a Jordi Pujol una condena de siete años de cárcel de los que cumplió más de dos en Torrero en Zaragoza y un año de confinamiento en Girona.

Las paredes del Palau rezuman la historia más reciente de Catalunya por sus cuatro costados pero también las ansias de poder de una clase que nunca tiene bastante y que ha creído que el país es su cortijo particular. Félix Millet durante años ha estado escanciándose millones de euros en sus arcas procedentes de las cuentas de la fundación que presidía. Se habla de cerca de diez millones de euros, aparte de algunas operaciones inmobiliarias, aunque él, en un intento de minorar la pena, en una declaración pública ante el juez instructor afirma que tan sólo ha tomado para su uso y disfrute poco más de millón y medio que ha devuelto para ver si se sale de rositas y no pisa la cárcel.

Aquí todos han fallado, el señor Millet el primero al defraudar la confianza que todos depositaron en él, siempre se ha creído que los ricos de toda la vida no necesitaban robar y este caso nos ha demostrado lo contrario, Millet, al que todos consideraban adinerado, se ha quedado con el santo y las limosnas, se ha llevado el dinero de la fundación para construirse un chalet y para viajar a Dubai y otros paraísos donde olvidar por las noches lo que hacía durante el día. Y nadie se dio cuenta de que las cuentas de la fundación no cuadraban, ni quienes tenían que controlarlas ni los patronos de la fundación. Nadie sospechaba que un personaje de la buena sociedad catalana fuera capaz de tal desafuero, ninguna autoridad municipal, autonómica o estatal controlaba los euros que el señor Millet amasaba para su propio beneficio.

Ahora ha llegado la hora de las lamentaciones, los políticos protestan en algún caso mientras en otro piden responsabilidades a sus colegas de enfrente, se han levantado las alfombras del Palau de la Música y ha aparecido toda la basura que ocultaban. El castigo debe ser severo, los jueces tienen la palabra y la cárcel debe ser el próximo destino de este defraudador de traje y corbata que con la excusa de defender a Catalunya se ha llenado los bolsillos. Pero ya sabemos que los “crímenes” económicos pocas veces acaban en prisión y que si los maleantes llegan a ella tienen pronto la puerta abierta. Espero no tener que encontrarme con este delincuente por la calle lo mismo que me encuentro algunos días cuando voy a la cafetería Sandor a Javier de la Rosa que sigue paseando por las calles de Barcelona tan libre y feliz, y es que no hay nada tan fácil como estafar varios millones y vestir acicaladamente, eso abre todas las puertas, hasta las de cárcel.

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