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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El yin y el yang en el Kremlin

Jim Hoagland
Jim Hoagland
sábado, 19 de septiembre de 2009, 08:45 h (CET)
MOSCU - La crisis económica mundial no parece haberse cebado con usted, observa Vladimir Putin mientras nos sentamos a un almuerzo que abre con rabo de ternera en gelatina. "Todos ustedes parecen bien alimentados y bien vestidos."

Es una táctica de espía, una de las muchas que el primer ministro de Rusia pone sutilmente sobre la mesa con el fin de comprometer o meterse en el bolsillo a 45 académicos, expertos de laboratorios de ideas y periodistas extranjeros reunidos en su opulenta dacha rusa a las afueras de Moscú. No seamos hipócritas, está diciendo sin mediar palabra. No intentéis arrinconarme con cuestiones abstractas näif. Estamos en esto juntos.

Los 150 minutos siguientes de debate sin estridencias, grandilocuencia política sobre la historia soviética e inteligentes posicionamientos despejan cualquier duda de que Putin siga al timón en Rusia incluso si renunció a la presidencia en favor de su camarada y colaborador Dmitry Medvédev hace 16 meses. Putin deja claro que se reserva la opción de recuperar la principal cartera dentro de tres años.

Pero una sesión similar celebrada con Medvédev la pasada semana -- que el presidente abrió con medallones de langosta y sinceras invitaciones a preguntarle por el pesimista artículo Hamletiano acerca del futuro de Rusia que acababa de publicar en su blog - sugiere que Medvédev podría estar desarrollando ideas propias acerca de esa hipótesis del año 2012.

Al atacar (en términos muy generales) la corrupción y "el atraso" económico en el país, Medvédev se está forjando su propia identidad pública a la penumbra de Putin. Y Medvédev apunta con orgullo que ha mantenido una conversación de ocho horas con el Presidente Obama, y que volverá a reunirse con él en la cumbre del G-20 programada en Pittsburgh el 24 de septiembre. (Putin mantuvo 90 minutos de conversación un tanto tendenciosa con el líder estadounidense durante la visita de Obama a Moscú en julio.)

La Casa Blanca entiende las ventajas de seguir la corriente a Medvédev, que cumplió 44 años la semana pasada, y tratarle como la versión rusa de Obama: un líder joven luchando por transformar a su vacilante nación. El presidente de Rusia responde agradecido sugiriendo que el futuro pertenece a ellos dos.

Con George W. Bush, "hablaríamos durante una hora y se agotarían los temas," dice Medvédev a través de un intérprete. Pero con Obama, "podemos hablar de cualquier cosa. Obama dice lo que piensa, no lo que piensan sus asesores. Trata de ser independiente, y eso es lo que intento hacer.... Nuestras conversaciones han sido muy productivas".

Pregunte a Putin, de 56 años, lo que ha funcionado con Estados Unidos bajo Obama, y sus patrones de comportamiento afloran por doquier. Mira al pasado con rencor sin paliativos y se regodea en ocho años de oportunidades perdidas.

"George", como indefectiblemente llama a Bush, "y yo nos hicimos amigos, amigos íntimos.... Pero no salió nada de eso." Casi se puede escuchar al ex coronel del KGB murmurando entre dientes: Imagínese. Me hice amigo de este tío y no le saqué nada.

El aperturismo del enfoque trasnacional de Putin a la vida es notable. La principal labor de un funcionario de Inteligencia, recuerda un político ruso, consiste en reclutar a su homólogo para que trabaje para su bando. Putin intentó convertir a Bush a su causa, fracasó, y nunca olvidará ni perdonará. Obama y su equipo han de reconocer que una relación comercial, con negociaciones punto por punto, es lo que van a obtener de una Rusia con Putin a la cabeza.

Con Medvédev es más complicado. ¿Con qué quedarse de un líder nacional que se queja durante el almuerzo de que "burócratas corruptos gobiernan Rusia" y de que "nuestra obsoleta industria vive sólo gracias a los recursos naturales que nos quedan," léase el gas y el petróleo? A veces parece Obama a la contra, preguntando a la nación "No, no podemos, ¿verdad?" A menos, por supuesto, que cambiemos a lo grande.

Algunos analistas consideran el tándem Putin-Medvédev como un simple numerito del poli bueno y el poli malo. Pero verles en acción sugiere que han aportado equilibrio al Kremlin. Medvédev, abogado, sin duda hace las veces de abogado defensor de Putin. Pero los buenos abogados influencian a sus clientes, tal vez logrando que se conformen con menos de lo que pide el cliente o cree posible obtener.

Putin dice que son "de la misma sangre" y que "han compartido puntos de vista." Medvédev se contiene visiblemente cuando le planteo esa descripción. "No estoy seguro de eso. Vamos a tener que hacer pruebas.... Vemos algunas cosas de manera diferente", como la adhesión de Rusia a la Organización Mundial de Comercio, añade sin dar más explicaciones.

La imagen que me viene a la cabeza es la de dos líderes que actúan como lóbulos diferentes del mismo cerebro. Putin representa la zona de la personalidad rusa vengativa, con aversión al cambio e hipersensible, al tiempo que Medvédev personifica los impresionantes intereses intelectuales y literarios de la élite rusa. Es esa combinación lo que les lleva a creer que juntos terminarán controlando Rusia durante un cuarto de siglo -- o más.

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