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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Más perros que ovejas

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 18 de septiembre de 2009, 05:48 h (CET)
La sociedad se nos está yendo de las manos, gracias a los nefandos políticos que hemos elegido en elecciones amañadas por los trucos del márquetin de masas. Hay ya más jefes que indios en nuestra tribu, o más perros que ovejas en nuestro rebaño, ya que cada día se parece más nuestra sociedad a una recua, pues que nadie se escandaliza por los continuos ataques a la libertad que perpetra la nefanda clase política que nos concierne, y, si hay quien lo hace, se lo calla. Sólo se escuchan las torcidas opiniones de los voceros de los dos think tank oficiales, cada uno de ellos perteneciente a uno de los dos partidos mayoritarios, que, dicho sea de paso, no suman entrambos más allá de un mísero treinta por ciento de la población mayor de edad.

Policía, policías autonómicos, policías privados, trabajadores de la seguridad social, funcionarios y, ahora, maestros, no paran de aparecer nuevas autoridades —¡ar!— que repriman al rebaño, al mismo tiempo que se desviste de autoridad en la unidad familiar a los padres frente a los hijos, a un miembro de la pareja frente a la otra y a todos entre sí, desmembrando la familia en beneficio de una infancia y una juventud sometida al arbitrio del Estado éste dimanado del Novus Ordo Seclorum que se está implantando por doquier, siguiendo los dictados de sus iluminadas señorías de las tinieblas.

Lo atroz del caso, es que pocas o ninguna de esas autoridades trabajan y cumplen su jornada, o sus jornadas son como de risa comparadas con la de cualquier otro ciudadano en edad de trabajar y que tenga trabajo, claro, que ésa es otra. Mientras esas autoridades ganan dinero a espuertas por no trabajar —en el caso de los maestros, unos pocos meses al año y unas pocas horas cada día, y en el de los funcionarios jornadas de ocho horas en buena medida dedicada a asuntos personales o el escaqueo—, los verdaderos trabajadores, los sostenes de España y del Estado, laboran como bestias en la otra punta de la provincia, en condiciones de extrema precariedad y por unos salarios de todo punto de vista indignos. Si es que tienen suerte, ya digo.

Toda esta absurda situación pudiera parecer un despropósito propio de dirigentes descerebrados, si es que no fuera porque todo está demasiado bien orquestado, naciendo asignaturas alienantes como Educación para la Ciudadanía al mismo tiempo que se resta autoridad a los padres, y apareciendo pastores por todas partes al tiempo que se hacen cada vez más esfuerzos desde el Estado por convertir en más ovejunos a los ciudadanos. Un despropósito, en fin, si es que no fuera porque tiene todo el aspecto de un concierto orquestado para interpretar una negra partitura de sometimiento y pérdida de libertades. La misma sociedad ha sido desvestida de cualquier clase de intelectuales cualificados y de individuos pensantes capaces de regenerarla, a la vez que se han instituido en guías de la manada a los periodistas a sueldo de los think tank que propugnan el NO (Nuevo Orden). La orientación que están dando a las masas esos nuevos pastores y todos estos auxiliares que conducen al rebaño en que han convertido a la ciudadanía, cada día está más claro que es al abismo. Un abismo de culos agradecidos por el limosneo del Estado que mantienen en el margen de la supervivencia a las capas más rebeldes de la sociedad, y que controla al conjunto de las masas con la herramienta del miedo, si no del terror: miedo a las autoridades, miedo a las pandemias inventadas, miedo al terrorismo inexistente, miedo a la pérdida del empleo, miedo a las crisis artificiales sin responsables, miedo a nuestros semejantes e incluso, insuflado por el mismo Estado, miedo a nuestros propios hijos, sobre los que se nos han restado autoridad legal al tiempo que nos dicen una vez y otra que no cumplimos con nuestro deber de ser buenos padres. Desbordar por todas partes y al mismo tiempo al individuo y sus posibilidades de reacción, en fin, impidiendo que se puedan concentrar respuestas de presión puntuales, parece ser la estrategia de los adventores del NO, cuyas almas han sido adquiridas a golpe de talonario por las autoridades de las tinieblas iluminadas.

La suerte, según parece, está echada. Visto desde cierta distancia, la cosa no puede estar mejor articulada y obedecer menos a la casualidad: los formados, los titulados, son simple mano de obra de prescindible, degradada merced a la cosa infecta ésa de Bolonia; los padres son desautorizados ante nuestros hijos; la sociedad se llena de mezquinos freakys a ojos vista al tiempo que se instituyen como autoridades a otros freakys; los chicos son adoctrinados en una degenerada forma de nueva sociedad de esclavos mentales; y, para guinda que colma el pastel, nos dominan a través de los pánicos, siendo conducidos a los abrevaderos que convienen por todos esos perros que mencionaba, cuyo número supera con mucho al de los corderos que nos dirigimos balando al matadero del esclavismo. Para los que tenían alguna duda de la implantación del NO (Nuevo Orden), una recomendación: distánciense un poco de la realidad, contémplenla con cierta perspectiva desapasionada y díganme si lo que ven no es para echarse a temblar. Todo cuanto nos rodea está lleno de perros que, si dejamos de mirar hacia delante, nos mostrarán gruñendo sus feroces fauces. Eso sí, mientras no nos desmadremos podemos con entera libertad gritar ¡gol! o corear ¡olé!

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