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Opinión
Etiquetas:   Cristianismo originario  

El plástico podría llegar a nuestra cadena alimenticia

Teresa Antequera
Vida Universal
viernes, 18 de septiembre de 2009, 05:43 h (CET)
La actual campaña televisiva que denuncia el uso abusivo de bolsas de plastico está concienciando profundamente a la sociedad española. Sin embargo las bolsas no son el único problema producido por el plástico. Sin ir más lejos el pasado año saltaba la alarma y algunos periodicos europeos se hacian eco de un nuevo problema que acecha si no ponemos remedio: “La basura en los oceanos”. Una vez más se trata de nuestra relación con la naturaleza, mejor dicho de la falta de relación con la naturaleza. Resulta difícil creer que todavia no hayamos sido capaces de reconocer que toda acción tiene una reacción, es decir que todo lo que hacemos a la madre Tierra vuelve a recaer sobre nosotros mismos de diversas maneras, enfermedades de origen animal, desertización, alimentos envenenados, aire contaminado, problemas de radiación solar, elevación de los mares, escasez de alimentos y agua potable etc.

Una prestigiosa revista alemana publicaba el titular “El carrusel de la basura” donde se podía leer que La Organización Protectora de los mares “Oceana” denunciaba las peligrosas consecuencias que pueden generarse del elevado volumen de basura que es arrojado a los mares cada día. Se calcula que cada hora se echan 675 toneladas de basura directamente al mar, la mitad de ésta se compone de plástico. No hace demasiado, entre California y Hawai se formó una especie de alfombra flotante de aproximadamente 3 millones de toneladas y tan extensa como Europa Central.

El autor Alan Weisman en su libro de ficción “El mundo sin nosotros” premoniza lo que podría ocurrir en la Tierra si de un día para otro desaparecieran los seres humanos, también la herencia que dejaríamos después de nuestro lamentable paso por el planeta. El autor explica que con respecto a los productos sintéticos, entre ellos el plástico, apenas somos conscientes de que son productos de difícil descomposición con lo que su durabilidad es extrema. El plástico es capaz de perdurar cientos de miles de años hasta que se desarrollen bacterias capaces de descomponerlo. Además ese plástico finamente molido hace las veces de imán para todo tipo de tóxicos ambientales.

Este plástico molido es un verdadero peligro para la salud, por ejemplo se sabe que la arena de las playas no está compuesta hoy día únicamente de minerales y piedras desmenuzadas, sino que entre un 5 y 10% está ya constituida por partículas de plástico. El peligro se encuentra en que estas partículas se vuelven cada vez más pequeñas e invisibles hasta que casi se disuelven con el correspondiente peligro de que pasen a la cadena alimenticia y por lo tanto en algún momento de nuevo al circuito de nuestra alimentación. ¿Pero está nuestro cuerpo diseñado para asimilar plástico sin consecuencias?

¿Cuánto invertimos en nuestra salud? ¿Qué no haríamos para vivir sanos hasta el final de nuestra existencia terrenal? ¿Sin embargo, cómo queremos vivir sanos si ensuciamos nuestro entorno de una forma tan cruel? Pero no sólo lo hacemos con los plásticos, químicos, y partículas radioactivas de difícil descomposición, sino que estos son sólo el reflejo de la suciedad de nuestra alma, de nuestros pensamientos malolientes de nuestro mundo de sentimientos plastificado, impermeable al sufrimiento de la madre Tierra. Sólo nuestra aportación activa por una vida consciente tanto externa como internamente contribuye a un cambio y cada contribución hoy en día es un “salvavidas”.

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