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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

¿Un duelo quizá?

Kathleen Parker
Kathleen Parker
jueves, 17 de septiembre de 2009, 04:52 h (CET)
No hace mucho tiempo, el ataque verbal del Representante Joe Wilson al presidente – "¡miente!" - podría haber dado lugar a un resultado muy diferente.

En lugar de un expediente de la Cámara a Wilson, podríamos contemplar la perspectiva de un duelo.

En la América de los primeros días, llamar mentiroso al alguien no era un insulto infantil, sino un desafío directo a la honra de uno, la respuesta adecuada a lo cual varía según la región. Donde el duelo era común - como en el estado de origen de Wilson, Carolina del Sur – también lo eran los insultos.

Así es como un artículo del New York Times en 1882 describía el pensamiento de la época en relación al Sr. John Goode, que había llamado embustero a un tal Sr. Bailey.

Titulando "Nada menos la sangre puede hacer desaparecer este insulto", el autor señalaba que aunque se suponía que las leyes de caballería mandaban, "el lenguaje utilizado en el ataque a las personas es mucho más grave e insultante que en las regiones donde el duelo no se invoca como recurso arbitral definitivo entre el hombre que ha sido insultado y el difamador.

"En el Norte, se supone que debemos ser una raza delicada y pusilánime. Sin embargo, cuestionamos muy mucho que cualquier legislador o figura pública se atreva a denunciar a otro como 'un mentiroso.' Pero en el Sur, donde prevalece el código de honor, el intercambio de tales epítetos es posible, y los hombres se lanzan estos apelativos y prosperan".

Por supuesto.
La semana pasada hablé demasiado pronto al escribir que Wilson podría haber perdido a su audiencia a través de su grosería. La proyección no deja de meterte en problemas. En cambio, Wilson se ha convertido en un héroe de culto que nada en pasta. Tanto su contrincante, Rob Miller, como él han recaudado al parecer más de 1 millón de dólares cada uno desde la erupción de Wilson.

¿Quién habría pensado que una carrera al Congreso en Carolina del Sur se podría convertir en un referéndum sobre la administración Obama? Dos incógnitas personifican repentinamente dos visiones del mundo enfrentadas: Los del embustero frente a los del Obama no es americano. Los de los tribunales de eutanasia contra los de la esperanza y el cambio.

Mientras los estadounidenses han ido escogiendo su bando de civilización en los últimos días, algunos han justificado las palabras de Wilson porque piensan que son ciertas. Claro, se puede sacar punta a que algunas de las afirmaciones de Obama no son completamente precisas, pero el comportamiento de Wilson no puede justificarse. No se hace. Punto.

¿Y por qué no? Porque la civilización es una idea frágil y delicada, que se mantiene a través de unos cuantos hilos simples, atada con poco más que una brizna de consentimiento mutuo. Los signos de desgaste en esos hilos son evidentes a diario -- desde la grosera rabieta de Kanye West en los Video Music Awards a las amenazas vulgares de la estrella del tenis Serena Williams cuando discrepó con una línea.

A través de todo el espectro social, la gente se comporta mal. Ni siquiera aquellos en la cima de sus especialidades, los que disfrutan de riqueza y posición, pueden ser invocados ya como norma del comportamiento ejemplar. Pero si alguna vez hubo un lugar en el que sería de esperar encontrar gente de temperamento respetuoso, sería entre aquellos elegidos de manera democrática para gobernar convocados para escuchar al presidente.

Resumen: La gente que ostenta cargos de poder y privilegios tiene el deber de comportarse según un estándar más estricto. Si no son ellos, entonces ¿quién?

Por zanjar la cuestión - ¿hablaba con precisión el Presidente cuando dijo que nada incluido en "nuestra iniciativa de reforma" pagará la atención médica de los ilegales o la interrupción voluntaria del embarazo?- la respuesta, como la legislación H.R. 3200, no es sencilla. Lo cierto es que el independiente Servicio de Documentación del Congreso llegó a la conclusión de que no hay nada en la H.R. 3200 contrario a que los ilegales tengan un seguro basado en la legislación sanitaria propuesta. Y, como de hecho han afirmado colectivos de comprobación, hay amplio margen de maniobra en el proyecto dentro del cual los subsidios públicos se pueden utilizar para pagar seguros que cubran los abortos.

El Comité de Economía del Senado está intentando limar estas disputas en su versión del proyecto de ley, pero son asperezas -- no son en absoluto excusa para la emotiva manifestación de Wilson. Si uno se inclina por dar al presidente el beneficio de la duda (BEG ITAL)estaba(END ITAL) hablando de los esfuerzos de reforma, no de un proyecto de ley específico. Al hacerlo, se creó un problema político gratuito porque ninguno de los proyectos de ley hasta el momento se acerca ni de lejos a su retórica.

Mientras tanto, hay montones de formas de que un congresista manifieste su objeción a las ideas del presidente o las propuestas de sus colegas. Sin embargo, el duelo lleva algún tiempo pasado de moda, hasta en Carolina del Sur. Si nuestra voluntad de autogobierno debe terminar prevaleciendo, entonces la descortesía tendrá que pasar igualmente de moda.

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