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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Oponerse al aborto no es “rentable” electoralmente

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 17 de septiembre de 2009, 04:51 h (CET)
A uno se le pone los vellos como escarpias cuando se percata de adonde hemos llegado los ciudadanos en esta carrera irrefrenable hacia no se sabe donde, ni que se espera de la vida ni, mucho menos, que se busca obtener de esta filosofía relativista en la que tienen puesta todas sus esperanzas todos aquellos que no le encuentran otro sentido a la existencia que el egocentrismo, egoísta, excluyente y pretendidamente epicúreo, donde el prójimo no tiene otro valor que el placer que nos pueda proporcionar, pero al que, en el colmo de la desfachatez, sólo le permitimos que se convierta en una especie de extra útil para nuestro beneficio. Naturalmente, esta postura extrapolada a toda la humanidad hace que el panorama de este conjunto de individualidades ensimismadas en sus placeres, problemas y necesidades, resulte la visión más atroz, insolidaria y deshumanizada que se pueda hacer del mundo contemporáneo.

Y si me he permitido hacer esta reflexión es que, en esta España deprimida, exhausta y desconcertada en la que vivimos, los ciudadanos nos encontramos ante un verdadero desplome de los valores que recibimos de nuestros mayores, una escabechina de los principios que nos inculcaron nuestros padres y un derrumbe de los objetivos metafísicos que nos fueron enseñados en las aulas por nuestros maestros; que han hecho que se convirtiera en tábula rasa todo nuestro bagaje espiritual, dejándolo yermo y asolado, sin que, a cambio, se nos haya dejado una esperanza a la que agarrarnos, un rayo de luz al que seguir o un sendero por el que transitar que nos puedan conducir a una meta, lo suficientemente gratificante, para justificar una vida llena de injusticias, desigualdades, calamidades, desengaños, dolores y otras adversidades que, para desesperación de aquellos que niegan la trascendencia de la Divina Providencia, no tienen explicación ni sentido alguno que los justifique, al menos, lo suficiente para librarnos de la impotencia y el desespero.

Así, cuando estamos a las puertas de que se consume, en las Cortes, una las más oscuras decisiones a las que nos tienen abocados los socialistas que nos gobiernan; cuando, erigiéndose en verdaderos tiranos, desafiando temerariamente el orden de la naturaleza y elevando a la categoría de axioma el “dogma” feminista que declara a la mujer como un ente independiente de su función materna; una juez implacable con poder de condenar lo que ella misma engendró, en aras de supuestas incomodidades, molestias, falta de preparación y madurez para hacerse cargo de las responsabilidades maternas o, simplemente, desprenderse de un estorbo molesto, como quien se libra de un grano o una verruga; nos apercibimos de que, aquellos que nos oponemos taxativamente al infanticidio que significa el aborto; los que no podemos entender cómo se ha permitido por las autoridades que, los tres supuestos que autorizan abortar, se hayan convertido en el salvoconducto para que toda aquella que quiera hacerlo lo haga, escudándose en alguno de ellos, sin que haya la más mínima vigilancia ni control, por parte de quienes tiene la obligación de velar por el cumplimiento de las leyes, que evite que la cifra increíble de, más de 100.000 abortos anuales, se vaya incrementando de año en año en nuestro país, sin que nadie levante una voz para protestar por ello.

Personas de buenos sentimientos, jóvenes sanos física y mentalmente, organizaciones pro vida, miembros de la Iglesia católica y de otros cultos cristianos, padres y madres comprometidos en la defensa de los fetos; científicos, moralistas y toda una larga e innumerable serie de defensores de la vida del nonato; aquellos que saben que a partir del embrión el ser resultante de la unión del espermatozoide y el óvulo femenino, aquel diminuto ser que ya, a las 22 semanas, está perfectamente formado como un retrato en miniatura de un adulto; decidieron hacer un último esfuerzo antes de que los que negocian con la muerte, los buitres que utilizan los fetos para enriquecerse, los que anteponen sus falsas ideas políticas a la vida de un ser indefenso, acaben por perpetrar la legalización de esta carnicería que, aún antes de estar permitida legalmente, ya se ha cobrado en los últimos años más de 8.000.000 de niños vilmente asesinados en Europa. Por ello decidieron convocar una magna concentración en Madrid en pro de que se retire la amenaza que pendería sobre los seres concebidos en el vientre de sus madres si, una ley atroz e injusta, les permitiera deshacerse libremente de sus propios hijos.

La manifestación está convocada para el 17 de octubre y las previsiones indican que va a ser una magna expresión de rechazo y un clamor multitudinario a favor de la vida de estos inocentes, demandando a las madres su responsabilidad, como progenitoras, y su deber de solicitar una mayor información antes de decidirse por una medida de tal calibre, seguro de que, si lo hacen, obtendrán ayuda sicológica, médica y material que les podrá ayudar a soportar el embarazo y conseguir un trabajo que les ayude a sobrevivir. Incluso en aquellos casos en los que la madre se niegue a hacerse cargo de su hijo, siempre existe la posibilidad de darlo en adopción a otras parejas a las que la naturaleza no les haya permitido concebir hijos. Pero, si bien no nos debe llamar la atención que el PSOE, el padre del engendro, se muestre contrario a la manifestación Pro Vida, y procure, por todos los medios, desacreditarla y menospreciarla, como ha hecho el señor Rodríguez Zapatero cuando se ha referido a los posibles asistentes como “ese tipo de grupos”– se me ocurre que antes de juzgar a los defensores de la vida debiera hacer una autorreflexión y decidir cómo se ve a sí mismo, no sólo como gobernante, sino como persona, ¡mucho me temo que se llevaría una buena sorpresa, como le ocurrió a Dorián Grey cuando levantó el lienzo que cubría el cuadro en el que quedaban impresos sus vicios! –; lo del PP tiene también su gracia.

Cuando muchos de los que militábamos en el PP decidimos darnos de baja del partido es posible que algunos lo criticaran acusándonos de traidores a la causa. Ahora, sin embargo, que se han confirmado los pronósticos que hicimos sobre la deriva de la formación popular, me temo que todos aquellos que se veían reflejados en los ideales y los programas del PP, se han caído del burro y se van apercibiendo de que nada queda en la formación que dirige Rajoy de aquel partido comandado por Aznar. Primero, en Catalunya, pretenden negociar con los separatistas de CIU cuando estos apoyan, claramente, a aquellos que hacen un referéndum para independizarse de España; ahora el señor Rajoy escurre el bulto y se niega a acudir a la manifestación pro vida alegando que no quiere “politizarla”. Lo que no quiere es pronunciarse claramente contra el aborto, porque no le conviene a sus fines electorales. ¡Lo dicho, no tienen redaños para sostener sus principios de siempre y se dejan llevar por el miedo a disgustar a los extremistas! Me alegro de no pertenecer a esta calaña de arribistas que sólo se preocupan de conseguir el poder por el poder. ¡Me dan asco!

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