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Fernando Lugo o la dura realidad del fracaso

Luís Agüero Wagner
Redacción
miércoles, 16 de septiembre de 2009, 05:06 h (CET)
El poeta, dramaturgo y crítico anglo-estadounidense T. S. Eliot filosofó una vez que los seres humanos no están hechos para soportar mucha realidad, y la forma exitosa en que corrieron las mentiras sobre nuestro héroe Fernando Lugo parecería confirmarlo.

El nuncio apostólico Orlando Antonini, quien se despidió ayer del presidente paraguayo, Fernando Lugo, tras finalizar su misión en Asunción, afirmó que el caso del mandatario causó un gran dolor a la Iglesia Católica. Lugo era un obispo emérito cuando a finales de 2007 anunció su incursión en política, con el silencio cómplice de la mayoría de los jerarcas católicos.

Con fuerte respaldo empresarial y de la prensa mediática, que lo vendió como referente moral y personaje impoluto, encabezó la campaña tan exitosa como falaz que lo llevaría a la presidencia. Es que en la realidad, como lo sentenció el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, no ocurre nada que corresponda rigurosamente a la lógica, y Lo que generalmente se llama realidad –advertía Hegel- es considerado por la filosofía como cosa corrupta, que puede aparecer como real, pero que no es real en sí y por sí.

Poco después de su victoria electoral, Lugo pasaría de la gloria al infierno, al descubrirse que llevaba una doble vida siendo ministro de la iglesia católica de día mientras seducía menores indigentes por las siestas y noches.

Hoy varios analistas paraguayos de prestigio, no dudan en calificar al gobierno de Lugo como uno de los mayores fracasos de la historia política paraguaya. La multitudinaria concentración del partido colorado, que anoche atiborró el área céntrica de la capital paraguaya pidiendo desesperada una salida a la desesperante situación del país, tiende a confirmar estas lapidarias opiniones.

El dirigente histórico del Partido Revolucionario Febrerista Juan G. Granada, quien en su momento diera su apoyo irrestricto a Fernando Lugo, hoy dispara: "El gobierno de Lugo no cultivó una hectárea de mandioca, no hizo caminos porque espera endeudarse para hacerlo; no instaló una sola fábrica con inversiones: en Yacyreta espera vender la energía a 40 años por adelantado; en Itaipú aguarda el plus prometido por Brasil para repartir prebendas, tal como hicieron sus antecesores. Entonces, ¿a qué dedicó el tiempo? A librar una sorda batalla contra los partidos que integran su gobierno".

El ex presidente del partido al cual se afilió Lugo para presentar su candidatura, el demócrata cristiano Manuel Andrada Nogués, opina que "Entre las personas que elige para nuestras relaciones diplomáticas en el nivel de embajadores, muchos de ellos no sirven ni para porteros de embajadas. El escándalo sexual de su candidato a Chile lo tomó en sorna. Siendo presidente pro témpore del Mercosur demostró una vez más aquello de lo que natura non da Salamanca non presta. No hizo absolutamente nada durante su mandato".

“Desde el mismo 16 de agosto- dice el editorialista Alberto Vargas Peña en una columna de “El Universitario”- se vio bien claro que Fernando Lugo no haría nada por cambiar realmente las cosas y que seguiría inmerso en el pantano”.

“Desde entonces, los indicadores económicos paraguayos descendieron notablemente, y el país apareció en los últimos lugares. Un logro notable para un gobierno que sostenía que venía a luchar contra la pobreza. Lo mismo ocurrió con los indicadores de la educación y de la salud” añade.

“La corrupción ha crecido, el endeudamiento también, la justicia no existe, la seguridad tampoco” sigue Vargas Peña, y finalmente concluye:

“Jamás, en los doscientos años de vida paraguaya independiente, un gobierno presentó un fracaso tan extendido y profundo, como el de Fernando Lugo. Y ninguno, presentó un año inicial tan vacío”.

"Está cegado -afirma el sociólogo José Luis Simòn-, y para ocultarlo, se maquilla. Se maquilló siendo maestro rural, seminarista, sacerdote, obispo y últimamente ya como presidente de la república".

"Su gobierno no es de centro, ni de derecha ni de izquierda. No tiene rumbo ideológico" afirma categórico Aníbal Saucedo Rodas. Por su parte, Bernardino Cano Radil afirma que Lugo "Todavía no entendió que el camino, el único camino, es fortalecer las instituciones y seleccionar a los mejores para gobernar, no a los más ruidosos".

"Su equipo -afirma Alberto Vargas Peña- fue elegido no por la idoneidad de los convocados, sino entre los ideologizados más inútiles".

"Hace un año prometió atención a los aborígenes, pero sólo agravó la crisis indígena" dice por su parte Sofía L. Insfrán. "Las pobres políticas indigenistas de este gobierno fracasaron. Prueba de ello es que las protestas indígenas, en particular en Asunción, se multiplicaron desde que se inició este período de gobierno".

"Sin dudas, la cuestión de tener una vida oculta detrás de un título de obispo, hizo que despertaran todas las dudas sobre él, sin mencionar las burlas y bromas que no se hicieron esperar" afirma Carlos Franco. Su último disparate fue decretar esta semana un feriado nacional por una victoria en un partido de fútbol.

"El proclamado cambio sigue siendo tal, una proclama, y últimamente, ya ni siquiera esto" concluye Daniel Codas.

Lo sentenció hace tiempo Joseph Conrad: Las palabras, como es bien sabido, son los grandes enemigos de la realidad.

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