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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La inconsistencia del gobierno socialista

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 16 de septiembre de 2009, 05:02 h (CET)
Lo que tiene un gobierno, como el socialista, que ostenta en la actualidad el poder; es que, al no estar formado por personas de fuste, al carecer de un equipo equilibrado, al no disponer de suficiente personal con la necesaria preparación y, por el contrario, el que hay, está sobrado de demagogia, sectarismo y, lo que todavía puede considerarse más grave, es desconocedor de la humildad, el reconocimiento de las propias carencias y, para mayor sonrojo y bochorno, está dotado de la prepotencia, temeridad y falta de escrúpulos, que confiere la ignorancia a aquellos que ha sido aupados a puestos para los que carecen de aptitudes; es, sin duda, que carece de autoridad para convencer al pueblo de que sus propuestas y los sacrificios que exigen a los ciudadanos, tengan mayor credibilidad, que proporcionen más seguridad y que engendren mayor confianza que los que, en múltiples ocasiones, ya se nos han vendido como panaceas para vencer la crisis y que, el tiempo, se encargado de poner en claro que han resultado un fracaso, que para nada han servido y que sólo han contribuido, de una manera directa, a vaciar las arcas del Estado hasta dejarlas reducidas a la penosa situación en la que se encuentran ahora.

Porque, lo que no cuadra de ninguna forma, es que el señor Zapatero nos esté preparando a los ciudadanos un trágala de categoría, con la subida de los impuestos y el recorte del presupuesto en los ministerios de Innovación y Tecnología ¡precisamente los únicos que debieran contar con el máximo apoyo debido que de sus estudios pudiera salir la verdadera renovación que necesitamos en España!, y que, por fín, haya admitido que todavía estamos en crisis y que ello nos lleve a que nos apretemos los cinturones y, al propio tiempo, nos salga la señora Pajín, una indocumentada como creo que hay pocas, pretendiendo pronosticar los resultados de la G-20, informándonos, alegremente y con cara de pascuas, de que “la crisis ya ha pasado” y que lo que deberíamos hacer es” gastar más”, dándonos el “sabio” consejo de que los españoles debemos mantener las “políticas de estímulos” o sea, el seguir gastando más para así favorecer la economía. ¿Ustedes lo entienden? En mi caso debo reconocer, humildemente, que soy incapaz de asimilar conceptos tan dispares. Por un lado ZP pide que no se gaste y por otro la Pajín nos dice que gastemos a manos llenas. Algo no funciona cuando no son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos.

Claro que ya estamos acostumbrados a este tipo de mascaradas. Primero ZP negó la crisis, más tarde afirmó la fortaleza económica y financiera de España; en octubre pasado Crobacho afirmó, con rotundidad, que “la crisis financiera en dos meses debería estar finiquitada” y ya ven ustedes como nos encontramos. En todo caso, tampoco deberíamos fiarnos demasiado de esta multitudinaria cumbre del G-20, a la que parece que les está permitido asistir a todos los que quieran salir en la foto; como ocurre en el caso de nuestro señor Rodríguez Zapatero, que no se resigna a ocupar el puesto de cola que le correspondería por su fracaso en la gestión de la crisis española. Y digo que no nos deberíamos hacernos muchas ilusiones de los resultados de la G20, porque sólo se trata, como en los anteriores cónclaves que han ido jalonando los distintos tempus de la crisis, de reunirse una vez más para escenificar una aparente unión de objetivos, pero si queremos ahondar en los resultados de cada una de ellas, veremos que se han limitado a exponer, cada una de las naciones participantes, sus ideas y han terminado por hacer lo que a cada cual se le ha ocurrido que podría funcionar mejor en su caso; y si parece que la crisis va remitiendo en algunos países, seguramente será debido a que, a pesar de los economistas, políticos y reformistas; la economía sigue su curso y sus reglas se imponen a la incompetencia de los humanos, de tal manera que, por el simple mecanismo de la conjunción de oferta y demanda, cada cosa se va poniendo en su lugar y cada desmán o insensatez cometida por los que nos gobiernan, a pesar de ellos, tiende a ajustarse a las reglas inmutables del sistema económico, que rige el comercio desde tiempos de los fenicios. Porque, por raro que nos pueda parecer, las reglas económicas vienen funcionando, inmutables, a pesar de revoluciones, ideales políticos, guerras y demás insensateces propias de la humanidad; sin alterarse, como no se altera el que, cada día, el sol y la luna se vayan relevando en su trayectoria por el cielo.

Es por todo esto que suena a chiste, a humorada de mal gusto o a la expresión de la más absoluta estupidez, el escuchar al señor Blanco (antes Pepito Grillo), flamante ministro de Fomento cuando, en estos momentos que suele tener de especial inspiración, nos larga, para divertimento de fanáticos y dolor de las personas pensantes, algo tan absurdo como: “la política fiscal no es un dogma de fé”,¡qué nos lo diga a los sufridos pagadores!, pero ¿ quién es que pudo decir tamaña imbecilidad? La política fiscal no es una ni inamovible, porque la política fiscal es la que implanta cada gobierno en función de cómo quiera instrumentalizarla y de los fines políticos que intente llevar a cabo mediante su establecimiento. ¡Claro señor Blanco que la política fiscal no tiene nada de dogmática! Otra cosa es que los dogmáticos, los absolutistas, los empedernidos seguidores de Keynes, los que nos llevan camino de una inacabable crisis, no sólo económica, sino también de valores, de ética, de principios morales, de solidaridad, de respeto por las ideas ajenas y de convivencia; si señores, éstos, sin ninguna duda, son ustedes, los socialistas, los totalitarios que pretenden imponernos, con la ayuda de los nacionalistas, sus doctrinas trasnochadas, constatadas como erróneas y, como se ha demostrado a través de la Historia, causantes de las situaciones más dolorosas por las que ha tenido que pasar la humanidad.

Señor Blanco, lo que sí debemos decirles es que, cuando los españoles nos damos cuenta de que personas como usted, la señora Aído, la Leire Pajín o el inefable don Celestino Corbacho, forman parte del gobierno de la nación y nos apercibimos del poder que el pueblo ha depositado en sus manos para hacer y deshacer; les puedo asegurar que nos coge el baile de San Vito, del pavor que sentimos ante lo que su impericia, incapacidad y falta de sentido común, pueden ocasionarnos a los ciudadanos de a pie que contemplamos, entre espantados e incrédulos, como cada día que pasa el Gobierno parece que ha emprendido una huída hacia delante, en la que las insensateces se suceden y los errores se multiplican como si, el último objetivo que tienen los que rigen los destinos de España, fuera acabar de hundirla antes de que surja, ¡Dios sabe de dónde! la persona que sea capaz de acabar con tanta inmundicia.

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