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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Pecar según el género

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 16 de septiembre de 2009, 04:58 h (CET)
“Hombres y mujeres pecan diferente”, ha escrito Wojciech Giertych, teólogo de la Casa Pontificia, en un artículo publicado en Observatore romano, elogiando la conclusión a la que llega el jesuita Roberto Busa, convirtiendo en sondeos el secreto de confesión. El resultado obtenido del estudio no es para elogiarlo porque parte de una premisa falsa. El problema del pecado no se encuentra en el nombre que se dan a las transgresiones que se pueden ver con los ojos, sino en su origen.

Jesús hace diana cuando dice: “Porque de dentro del corazón de los hombres salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas cosas de dentro salen, y contaminan al hombre”(Marcos,8:21-23).Ni los profetas, ni los apóstoles, ni Jesús hacen distinción entre los pecados del hombre y de la mujer. Siempre hablan en un sentido genérico, abarcando a ambos géneros. En este sentido podríamos decir que el mensaje bíblico del pecado es ‘unisex’.

Cuando el análisis de los pecados se hace a partir de lo que se ve es muy fácil caer en el fariseísmo. La consecuencia de esta mirada desenfocada es precipitarse en el pozo de la justicia propia, es decir, considerase bueno ante los ojos de Dios, lo cual es un suicidio espiritual.

En el contexto de la curación de un ciego de nacimiento, Jesús mantiene con los fariseos este diálogo: “Para juicio he venido yo a este mundo, para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con Él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado, mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece” (Juan,9:39-41).

Jesús resuelve el problema. Quien afirma que ve porque contempla los pecados del otro y no ve los propios, es ciego y permanece en pecado. Es un invidente que no puede ir a Jesús para que le perdone sus transgresiones. Su ceguera no le deja ver quien es realmente y por lo tanto no necesita a Jesús, el médico de su alma. Los hombres ven las cosas externas, sean buenas o malas. Jesús, pero, observa el interior del corazón y ve que de él sale todo aquello malo que hemos leído en el texto de Marcos citado. La comisión de pecados no depende de ser hombre o mujer. La condición de ambos es la misma: pecadores incapaces de hacer el bien que agrada a Dios. El apóstol Pablo lo expone muy acertadamente cuando escribe: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien, porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (Romanos,7:18,19). Ante esta situación insostenible no hay otro camino que confiar en la gracia de Dios manifestada en su Hijo Jesucristo que perdona el pecado del hombre, sea varón o mujer.

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