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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La falsa dignidad del suicidio

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
martes, 15 de septiembre de 2009, 07:02 h (CET)
El fallecimiento del director de orquesta Edward Downes y su esposa, atendidos por la asociación abortiva Dignitas, Times Online ha rescatado un artículo de su delegado en Zurich, Roger Boyes.

La aparición esqueletos humanos en la laguna de Zurich, originó una gran zozobra entre los poderes públicos. El Departamento de Recogida de Basuras, Agua y Energía remitió, al chiringuito abortista, una notificación advirtiéndole de que la abundancia de despojos, derivados de cadáveres humanos, podría vulnerar la normativa medioambiental.

Soraya Wernli, veterana secretaria general, cavila que han sido transportados al lago más de 300 víctimas del chamizo asesino. La información de Times Online expresa que, después de la muerte asistida, un inspector de la policía y un facultativo quitan el vídeo que debe elaborarse de los momentos concluyentes del difunto, para ratificar que se ha inmolado por propia voluntad; un servicio de ambulancia aparta la morfología del difunto y la trajina al Instituto Forense de Zurich para la incineración. “Son los restos que no reclaman, ni la familia ni los amigos, los que la clínica abortista tira al lago”, afirma Wemli.

El suicidio asistido no es tan sosegado como se cree. Recientemente el chiringuito ha tenido apuros para obtener la pócima mortal y ha acudido a ingestión de helio. Al examinar los vídeos de los muertos, es pavorosa la congoja que se dilata cerca de una hora entre opresiones y convulsiones de los pacientes.

Ludwig Minelli, dueño de la clínica, despierta muchos recelos. No es facultativo, sino periodista y letrado, de 75 años. Boyes asegura que la pericia de Minelli, como periodista, le ha lanzado para contrarrestar a los medios de comunicación pro vida y por su habilidad como abogado, que le ha servido para franquear los obstáculos judiciales.

La institución asesina no divulga cifras desde 2004, alegando el respeto a la intimidad de sus usuarios. Wernli ha culpado a Minelli de percibir, de cada suicida, 3.500 euros, una cantidad arbitraria.

La eutanasia, adueñarse de la muerte de modo anticipado, eliminando su propia existencia, se presenta inhumana. Nos encontramos ante una cultura de la muerte que avanza en las sociedades opulentas.

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