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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La felicidad con conocimiento es una afrenta a la justicia moral

Marino Iglesias Pidal
Redacción
martes, 15 de septiembre de 2009, 06:58 h (CET)
SóloTarzán, o las gentes de estas tribus medio perdidas que prácticamente no conocen nada más allá de su propio micromundo, podrían ganarse el derecho a ser felices.

La felicidad debiera ser patrimonio exclusivo de los justos, y en un mundo, este en el que vivimos, constituido por puntos integrados en una misma red, plagado de aberraciones; sin maldad o indiferencia no puede haber felicidad o aquiescencia. ¡Nadie! con un mínimo de sensibilidad puede sentirse completamente feliz.

Ahora mismo, y el “ahora mismo” lo puedes situar en la hora y el día que a ti te dé la gana, ahora mismo, decía, se está cometiendo más de un asesinato, más de una violación, más de una tortura… Muchos de estos actos, estás eximido de asumirlos porque, sencillamente, ignorarás que han tenido lugar.

Pero eres perfectamente consciente de que en esta especie a la que perteneces existen millones de individuos que se dedican a, literalmente, pisotear a quienes son más débiles que ellos, que muchos niños son sometidos a mutilaciones para dedicarlos a la medicinad, que a sopetecientos millones de mujeres no se les permite asumir más papeles que los de objetos sexuales, servicio para todo, o no mucho más dignos que el de simples gusanos encapuchados…. Que los laboratorios que fabrican determinadas vacunas, la del HIV, por ejemplo, que está matando a millones de personas en África, no sólo se niegan a abaratarlas para hacerlas accesibles a estas gentes, sino que se niegan a que otros laboratorios, dedicados a la producción de genéricos, las fabriquen…

A ti, que sabes muy bien por qué te suena Biafra, en vez de alegría, ¡llantina! te debiera de causar la Tomatina. Y ahora también la Uvatina. Y seguimos avanzando en el retroceso.

Y tú, que eres un ignorante, no lo eres tanto como para no saber que, siendo también un mamífero, el toro, tiene ¡como tú! un sistema nervioso que conduce el dolor hasta su cerebro. ¿Crees que tiene derecho a la felicidad quien disfruta con el sufrimiento de otro ser, no importa de la especie que sea?

Si eres capaz de leer el periódico o ver un informativo en la televisión más de dos minutos sin que se te pudra la sangre: NO TIENES DERECHO A SER FELIZ. Y peor aún, aunque, por ser una persona justa, te asista ese derecho no podrás ejercerlo, es imposible con la sangre podrida hacerlo.

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