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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Como siempre el pueblo paga las consecuencias

Ana Sáez Ramírez
Vida Universal
martes, 15 de septiembre de 2009, 02:25 h (CET)
Estimado lector, en base a la interesante serie de programas producidos por Radio Santec para Radio y Televisión, titulada „¿A qué profetas no han perseguido vuestros padres?, ¿Qué estais haciendo con la profecía del cambio de era?“, hemos redactado este articulo en el que se pone al descubierto el origen de la caótica situación mundial y sus motivos, así como también los colectivos en gran parte causantes de haber llevado a la humanidad al borde del precipio ecónomico y social.

Para empezar por el principio habría que decir, que en todos los tiempos la casta sacerdotal ha estado en contra del Espíritu profético. Desde los profetas de Dios del Antiguo Testamento, pasando por muchas personas iluminadas de los últimos 2000 años, todos siempre han sido víctimas de burlas, escarnios, discriminaciones, e incluso muchos de ellos llevados a la muerte, a pesar de que ellos traian la ayuda y la conducción. Sin ir más lejos Jesús de Nazaret, el mayor profeta de todos los tiempos, fue crucificado. Hoy no es diferente, desde hace 33 años una vez más se hace burla y escarnio al Espíritu profético y a Gabriele, la profeta de la actualidad se la crucifica de nuevo moralmente.

Pero si la casta sacerdotal hubiese escuchado las palabras de advertencia de Dios dadas a través de ella, la situación de la Tierra sería hoy muy diferente: El cambio climático no habría adquirido estas dimensiones catastróficas, se hubiese paliado el hambre en el mundo, la diferencia entre ricos y pobres no seria tan abismal, se distribuirian con justicia los bienes de la Tierra y se hubiese anulado el enorme gasto armamentistico.

Pero los poderosos y la casta sacerdotal están en un mismo barco. Si los sacerdotes hubiesen enseñado a la humanidad los Mandamientos de Dios, si ellos mismos lo hubiesen practicado y cumplido, nos habrían precedido con su ejemplo. Y si hubiesen tenido en cuenta las reglas para la vida dadas por Jesús en el Sermón de la Montaña, ellos se habrían convertido en un ejemplo para el pueblo, trayendo una convivencia pacífica y reconciliadora. De esa forma hoy día habría menos guerras y hubiese podido surgir el cristianismo del interior, que aspira a la paz y a la libertad. Así los animales también tendrían suficiente espacio para vivir y los cazadores y carniceros habrían abandonado sus sangrientos oficios. Puesto que Dios dijo ya a través del profeta Isaías: «Quien inmola a un toro es como quien mata a un hombre».

Todas las actuaciones no legitimas, a la luz de la Ley Divina, realizadas por los poderosos y la casta sacerdotal durante siglos, quienes no tomaron en serio los 10 Mandamientos y El Sermón de la Montaña, descalificandolo y considerandolo como una utopia, son las que han llevado a la actual situación mundial. Y ahora, ante las consecuencias del egoismo humano ¿quienes sufren los pecados de los poderosos y la casta sacerdotal?, ellos mismos no; la carga la tienen que soportar ahora los hombres del pueblo y la Madre Tierra con sus animales y plantas.

Pero en este gran cambio de Era la poderosa corriente de Dios se nos acerca de nuevo a través de la palabra profética. Hoy la humanidad puede ser instruida en una profundidad y detalle como nunca con anterioridad. Los principios: Igualdad, Libertad, Unidad, Fraternidad y Justicia, que son los principios para un verdadero cristianismo y la clave para un cambio positivo mundial, podrían haber sido fácilmente deducidos a partir del Sermón de la Montaña. Pero la casta sacerdotal supo impedirlo afirmando que las indicaciones del Sermón de la Montaña no eran practicables y que habían sido dadas para una época diferente y lejana. También las palabras del Padre Nuestro pudieron movernos a convertirnos en cristianos de hechos, es decir al amor y respeto al prójimo con sus consecuencias positivas entre las personas y los pueblos.

La realidad es que desde hace más de 2000 años la ayuda ha estado en nuestras manos. Siendo hoy fácil reconocer que la fe por sí sola no es suficiente. Por eso el cristiano que tome en serio el Padre Nuestro, vivirá también según él. Pero ni el Sermón de la Montaña, ni el Padre Nuestro han sido cumplidos, de lo contrario la situación mundial sería otra. Ahora cada cristiano puede cuestionarse a sí mismo haciendo un auto-balance en base a las sencillas pautas de Jesús de Nazaret, para descubrir qué puede aún cambiar. Al fin y al cabo la clave siempre estuvo en la fe activa.

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