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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Jaque a España desde Catalunya

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 14 de septiembre de 2009, 03:12 h (CET)
Es posible que, algunos cándidos dispuestos a aceptar las conductas de sus semejantes calificándolas desde una óptica optimista y permisiva, se nieguen a ver, en los últimos acontecimientos que han tenido lugar en Catalunya, unos simples escarceos sin importancia, unos juegos inofensivos llevados a cabo por unos pocos insensatos y que carecen de mayor trascendencia por lo que, en consecuencia, lo mejor convendría sería no darles importancia y hacer como si no nos hubiéramos enterado de que han tenido lugar. No obstante, estoy convencido de que sería un error craso, una imprudencia temeraria y una ceguera dolosa, dejarlos pasar sin darles la trascendencia y significación que realmente entrañan; especialmente, si se tiene en cuenta el contexto en el que tienen lugar, el apoyo de las instituciones catalanas y la actitud soberbia, belicosa y de enfrentamiento adoptada por el Tripartit, cuando se ha venido enfrentando sistemáticamente a cumplir las leyes estatales respecto a la enseñanza del castellano; ha ignorado deliberadamente las sentencias del TSJC y, por si todo ello no bastara para demostrar su voluntad de enfrentamiento al Estado español y a los mandatos constitucionales, desde que se viene anunciando la llegada de la sentencia del Tribunal Constitucional, sobre los recursos presentados en contra de la legalidad del Estatut, han entrado en una dinámica cada vez más perversa y violenta, por la que, ya no sólo desde el mismo presidente Montilla, que públicamente anuncia su intención de no admitir ningún recorte de la ley catalana, sino que, a través de estamentos menores, de municipios locales y de activistas bien adiestrados; se está intentando dar la sensación de que es toda Catalunya, en bloque, la que está pidiendo a gritos la autodeterminación, en Román paladino, la independencia de la autonomía catalana de sus lazos con España.

No debemos ignorar que la actual situación no es algo que haya surgido espontáneamente ni sea fruto de la mayor virulencia de los separatistas, que siempre han venido aspirando a lo mismo, a conseguir la independencia de Catalunya; sino que ha sido un proceso tan largo como el que se arrastra desde que, la actual Constitución de 1978, introdujo la transformación de España única, en el estado de las autonomías. Y no tanto por el hecho de que pasaran de regiones a ser denominadas autonomías, sino por la falta de un freno y unas limitaciones que establecieran, con meridiana claridad, las fronteras entre la cesión de unas determinadas cuestiones de tipo local y la asunción de funciones que nunca debieron escaparse del control estatal por la importancia, la trascendencia y la conveniencia de que determinadas materias: como el orden público, la justicia, la Hacienda, la educación, la unidad de mercado y muchas otras de similar entidad, estuvieran siempre ostentadas por el Estado, para garantizar, entre otros derechos, el de la unidad de la nación, el de una enseñanza igual para todos los españoles, el de unas atenciones adecuadas para todos los ciudadanos, residieran en Murcia o lo hicieran en Catalunya, y el que sobre culturas locales siempre sobresalieran tanto la lengua castellana como la bandera nacional y los himnos y símbolos que representan la unidad de todas la regiones de España en una sola e indivisible nación.

Se empezó por admitir cacicadas como la imposición de los rótulos en catalán a los comerciantes; imponer el catalán en las escuelas; dejar al castellano en mínimos; exigir a todos los funcionarios hablar y escribir en catalán y que se dirigieran a los ciudadanos en catalán; imponer la señera como bandera nacional por encima de la insignia tricolor de la patria española; dar preferencia y puntuar más el catalán que los conocimientos para optar a alguna plaza pública etc; para ir, paso a paso, incrementado la presión nacionalista a medida que, el gobierno central el señor Zapatero pasó a depender de Catalunya para poder seguir gobernando España. Pero ahora ya queda claro que no les basta con haber conseguido una financiación superior a la del resto de comunidades españolas; no tienen suficiente con haberle arrancado al Estado todas aquellas competencias que nunca soñaron conseguir; no se conforman con que, en el Parlamento español, los representantes catalanes tengan la sartén por el mango a la hora de vetar o apoyar leyes; si no que han entrado en una nueva fase y para darnos cuenta de que esto es así basta con ver la forma como se expresa el señor Puigcercós, de ERC, al que estos días le vemos eufórico y desmadrado sin ocultar que, de lo que se trata es que lo que está sucediendo en Arenys de Munt, sea sólo un ejemplo que deberá ser imitado por el resto de municipios catalanes para ¡hacer saber a España que, por encima de la Constitución, está el derecho de los catalanes a decidir sobre si quieren ser españoles o constituirse en lo que ellos llaman “Els Estats Catalans”, dentro de los que comprenden, como no, a las Baleares, a Valencia, Aragón y Andorra!

Y todo esto ocurre cuando, desde la Justicia, no se hace nada para que se cumplan las leyes estatales; cuando desde el gobierno Central ni Zapatero ni nadie del Ejecutivo han dado muestras de haberse enterado de que una parte de España, por pequeña que sea, está jugando un órdago a toda la nación; cuando parece que la fábrica de armas de Toledo ha dejado de fabricar sables o de que, aquellos que los tienen, prefieren la vida burocrática, tranquila, sin peligros y acomodaticia a las circunstancias, que desenfundarlos de sus vainas para que suenen en una advertencia de que la Constitución les ha encargado a ellos a velar por la unidad de la patria. Este laisez faire, este pasotismo, como se lo designaría ahora, este olvidarse de cómo se debe gobernar una nación, no es más que una muestra más de que, este gobierno socialista, es incapaz de gobernar y lo es más a medida de que, cada día que pasa, cada vez más el pueblo español se siente menos atendido, más presionado económicamente y menos controlado, de modo que el respeto por la leyes ha dejado de ser algo prioritario, sabedores de que su infracción, especialmente en materias de respeto a la vigente Constitución, no entraña ninguna reacción de las autoridades y de los representantes de la Justicia encargados de velar por su estricto cumplimiento.

Quema de banderas y efigies reales; manifestaciones con pancartas independentistas, señeras con la estrella de la secesión; ataques a periodistas nacionales; declaraciones de los altos cargos del Govern en contra del TC, de la unidad de España, de las leyes españolas; se producen a diario sin que los fiscales presenten las correspondientes denuncias en los juzgados y sin que las fuerzas del orden puedan hacer otra cosa que defenderse, a duras penas. Y, por si faltar algo, ahora resulta, señores, que el propio Tribunal Constitucional está asustado, ¡sí señores, los señores magistrados padecen de una diarrea crónica con tembleque, desde que Montilla, Pujol y Maragall han cuestionado la capacidad del Alto Tribunal para juzgar sobre el Estatut catalán¡ y si no quieren dar crédito a lo que les digo vean ustedes la portada de la Vanguardia del sábado día 12 de septiembre: “ Inquietud en el TC ante los avisos de Catalunya”. Tres años deliberando, tres años recibiendo presiones políticas y estos señores, con su presidenta al frente, no han sabido cumplir con su función y no han tenido la vergüenza de presentar su dimisión para que entraran otros, menos pusilánimes, que se limitaran a aplicar la Carta Magna prescindiendo de políticos, autonomías y demás zarandajas. Pero así estamos, señores, al borde de un golpe de Estado, a la catalana.

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