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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Joe Wilson pierde los papeles

Kathleen Parker
Kathleen Parker
domingo, 13 de septiembre de 2009, 08:20 h (CET)
El Representante de Carolina del Sur Joe Wilson parece haber sentado un precedente el miércoles noche cuando llamó mentiroso al presidente durante una vista conjunta del Congreso.

Esa es la palabra oficial del historiador en funciones de la Cámara, Fred Beuttler, que dice que a pesar de que aplausos y abucheos entre los partidos son frecuentes, rara vez una sola persona roba el protagonismo.

Sin embargo ahí estaba Wilson, cara roja como un tomate y solo, señalando al aire con su índice y gritando a Barack Obama, "¡Miente!"

Como decimos en el Sur, "Cree el ladrón…"

Gran parte de los gorgojos post-Wilson se han centrado no sólo en su arrebato, del que se ha disculpado, sino también en las "interrupciones" genéricas de los Republicanos.

¿Dónde estaba toda esta gente durante los discursos presidenciales anteriores? A pesar de que las interrupciones causadas por individuos generalmente salen del palco de invitados, el histrionismo colectivo es una larga tradición con solera del panorama político estadounidense. Sin la que, francamente, ¿cuántos de nosotros aguantaríamos despiertos?

Qué es más memorable: ¿las declaraciones ensayadas de un presidente pronunciadas desde el podio, o un grupo de congresistas abucheando al líder del mundo libre?

En otro orden de cosas, burlas, gestos y demás expresiones de desaprobación son en general algo obligado para los líderes del partido en la oposición. La reina de las miradas de desaprobación no es Nancy Pelosi, que echó a Wilson una de sus miradas, sino Hillary Clinton, que escuchaba los discursos del Estado de la Nación de George W. Bush con el tipo de semblante que una asocia en general a la navegación del Paso de Drake.

¿Y quién puede olvidar al Senador John McCain cabeceando durante el discurso del Estado de la Nación de Bush en 2007? ¿O a los Demócratas abucheando e interrumpiendo a Bush de principio a fin de su discurso en el año 2005? La lista es interminable.

Esto no es excusa para el comportamiento de Wilson, que le ha llevado a convertirse de la noche a la mañana en la sensación de Twitter. Su ofensa fija un nuevo mínimo. Sin embargo, como nación, hemos entrado en una nueva era política de beligerancia sin inhibiciones. El civismo que decimos preferir no ha formado parte de las asambleas del verano, varias de las cuales encabezó Wilson.

Un examen de su registro de Twitter durante el receso veraniego revela una agenda repleta de reuniones con multitudes enardecidas -- 1.500 personas en Beaufort, 1.000 en Hilton Head.

"¡La gente quiere reforma de los seguros, no control del gobierno!" twiteaba.

¿Estaba Wilson quizá aturdido todavía por estos acalorados intercambios en el estado que antes era famoso por ser demasiado pequeño para ser un país y demasiado grande para ser un manicomio?

La histeria es, después de todo, contagiosa.

El aparente lapso cognitivo de Wilson me recordó una de mis historias favoritas acerca de nuestra familia que trata de mi marido de modales intachables cuando era estudiante universitario. Estaba atendiendo a su profesor de matemáticas divagando acerca de lo que entraba en un inminente examen, pensando para sí: " ¿Esta mierda entra?"

Tras tocar el timbre, sus compañeros de clase se acercaron con humor, diciendo, "¡No me puedo creer que le hayas dicho eso!" ¿Que le haya dicho el qué? Para horror de mi desconcertado marido, había pronunciado en voz alta lo que estaba pensando -- aunque, afortunadamente, el profesor no lo oyó.

Esas cosas pasan.

Y de esa forma, tenemos una nueva entrada en la lista de nombres propios que se han convertido en verbos. A "Borking" y "Nifonging" podemos añadir ahora "Joewilsoning", como en, (BEG ITAL)"¡Madre de Dios, se puso a interpelar al cura en mitad del sermón!"(END ITAL)

Evidentemente, la comparación entre el congresista y el estudiante universitario empieza y termina en las cosas lamentables que dijeron. El congresista está sujeto a un estándar más estricto. Pero es difícil imaginar lo que quería decir Wilson cuando dijo lo que dijo. Si nos fiamos de su palabra, la salida de tono fue espontánea. Y según los testigos, Wilson parecía agitado y abandonó la sesión al final.

No hay excusa para un Joewilson, pero el constante machaque al congresista parece exagerado. La cantinela de la televisión ha empezado a parecer leña del árbol caído. Y que el cielo nos ampare si los labios torcidos pasan de moda.

Nadie está más sorprendido por la implosión de Wilson, mientras tanto, que los que le conocen como alguien cortés, humilde y respetuoso. (Aclaración: Un sobrino mío trabaja en su gabinete.)

Ex ayudante de Strom Thurmond, Wilson adquirió al parecer el don del servicio al electorado del difunto senador. Pocos son más rápidos a la hora de enviar un escrito de felicitación o unas condolencias. Las acciones de Wilson el miércoles, en otras palabras, parece en ser ajenas a su carácter y, quizá, prueba de lo que las damas llamaríamos "perder los nervios."

El psicoanálisis de Wilson dependerá de otros, pero una mayor persecución pública es innecesaria. El contrincante de Wilson por la reelección, el capitán de los Marines y veterano de la Guerra de Irak Rob Miller, al parecer ha visto elevarse sus donaciones desde el acoso de Wilson en 400.000 dólares. Obama salió del ataque tan sereno como ileso.

Aunque puede haber acaparado el protagonismo, Wilson puede haber perdido audiencia.

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