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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Chabacanería ideológica

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 13 de septiembre de 2009, 08:16 h (CET)
Una de las maravillas de la especie humana se centra en la capacidad para generar IDEAS. Aunque las influencias recibidas sean incontables, cada sujeto elabora ideas propias de mayor o menor enjundia. Estamos ante un fenómeno insondable, al mecanismo dinámico del cerebro no le vemos el fondo. Es una realidad espléndida de la que todos disfrutan, con intensidad y cualidades diversas, con aplicaciones complejas y grados de satisfacción a considerar para cada persona. ¿Llegaremos al buen aprovechamiento de semejante potencia humana? En la práctica que percibimos a diario, la respuesta a dicho interrogante no anima al optimismo.

No se si por pereza, quizá por defectos intrínsecos a cada humano; con frecuencia inusitada, la generación de ideas está ausente. Pudiendo ser todavía peor, cuando se da entrada a las ideas mal encaminadas, dirigidas a encenagar y malversar la propia existencia de cada persona. Aunque no se entienda que hombres y mujeres trajinen en contra de ellos mismos y de su propia felicidad; los hechos se encargan de demostrar la abundancia de sus DESPROPÓSITOS. Es decir, por renuncia o por mal enfoque, no siempre resulta favorable la aparición de nuevas ideas.

Por los motivos más insospechados, con la lógica de la razón hecha trizas; suelen adoptarse actitudes cómodas, alejadas del esfuerzo requerido para pensar. Estas personas se acogen a la IDEOLOGÍA como un PERCHERO. La estructura de la ideología se convierte en un artilugio que nos libera de pensar por nosotros mismos, ya nos lo dan hecho, no es necesario calentarse el magín. El tronco de ese perchero es un auténtico tronco fosilizado, no se modifica casi nunca. Allí se acumulan agrupaciones de ideas, pero como colgaduras inertes; ni de adorno sirven. Echan mano de esas colgaduras los activistas plegados a intereses ajenos a cada indiviuduo en particular. Utilizan un recurso que exige la renuncia mental de cada sujeto. Quizá nos convendría preguntarnos si merecen la pena estas renuncias. ¿A dónde nos conducen?

Al respecto de las ideologías, insisto en la propensión a quedarse anclados en determinadas posiciones de dominio. Es decir, no utilizarlas como base para que cada persona aplique sus mejores virtudes; sino, todo lo contrario, usarlas como método coercitivo que anula los modos de pensar particulares. Así no se alcanza otro resultado que la MEDIOCRIDAD rampante en la cual nos movemos. Por el hecho de escoger una de las ideologías del perchero, cada persona se ve liberada de otras reflexiones. Los adscritos a esos grupos, afiliados con más o menos fuerza, no se caracterizan por su participación sincera, son auténticos entes pasivos, arrastrados por la corriente.

Si no se desarrolla la viveza de una actuación personal, con sus peculiaridades, con sus contradicciones, ¿En qué queda el resultado final? No caben grandes esperanzas, la pasividad acentuada se dirige sin remisión a la nulidad de esos individuos. Cuando los sujetos adoptan estas actitudes, me recuerdan la BELLOTA que Antonio Gramsci comentaba. La ideología de la bellota sería la de sentirse grávidas de encina, ese es su destino final. Sin embargo, el 999 por mil de las bellotas sirven de comida a los cerdos o se pudren por los eriales. Como la bellota, cada persona requiere un encuentro con su propia vitalidad, biológica e intelectual. De lo contrario, su presencia se acerca al cero absoluto.

En el actual Ministerio de Igualdad nos muestran un elenco notable de estas mediocridades, burlas y chabacanerías. Es casi una constante desde su creación. Según se mire, y con la altanería con que se manifiesta su principal representante, pienso que se puede considerar una triste DEGRADACIÓN de las mejores inquietudes. No se trata de constatar una falta de actuaciones excelentes, la dirección tomada conduce a una pronunciada pendiente a las bajuras de sentimientos y de realidades personales. ¿Consecuencias prácticas?

¿No habremos entendido bien los mensajes lanzados por dicho ministerio? ¿Sus grandes cualidades permanecen semiocultas? ¡Quiá! Me molesté en leer sus folletos dirigidos a los adolescentes; me parecen directrices de DESORIENTACIÓN, mezclando silencios tendenciosos, verdades a medias, o lanzando proclamas sin contenido constructivo. Experimenta y no te dejes llevar por los demás, la práctica te marcará el camino, el preservativo convertido en la estrella de la sexualidad, aborta si quieres; en el tono displicente de enfrentamiento ante consideraciones distintas a las defendidas por sus folletos. Un tono totalitario impresentable.

El estilo ordenancista prescinde de la mencionada vitalidad individual, que por sí misma, estaría abierta a la riqueza de matices. Dónde queda sino el respeto por el criterio de los padres, por las creencias que difieran de sus ideas, por la realidad biológica. El feto pasa a ser un simple acúmulo de células, sin merecimientos para sonsiderarlo humano. ¿Cómo el tigre? Muy lejos de aunar los esfuerzos para la extracción de una experiencia proyectiva, se instalan en el talante destructivo. ¿Pura frivolidad? ¿Degradación a niveles gubernativos? ¿Altanería vacua y miserable?

La actualidad informativa no para de exponernos ejemplos de los comentarios anteriores. La gravedad de las tendencias mencionadas gira en torno a las repercusiones futuras sobre la DEGRADACIÓN de la convivencia; en vez de pugnar por una mejora de las cualidades, se resbala por pendientes acomodaticias sin fundamento. ¿Las recibiremos con la pasividad actual? ¿No disponemos de otros recursos mentales? ¿Habrá que plegarse a las estupideces con que nos deleitan los próceres?

El inmovilismo tiene serios inconvenientes, porque la vida exige un dinamismo continuo, quedarse parado supone de por sí un atraso considerable. Aunque, todavía existen pasos más deplorables. Uno de ellos viene representado por ese empeño tenaz por lo chabacano y la degradación; se trata de un RETROCESO en toda regla. Con ese tufillo de desprecio a las demás opiniones, por mucho que se pretenda vestir el dislate con ropajes democráticos. La democracia se convierte aquí en un disfraz; puede encubrir colaboraciones con los terroristas, despropósitos ministeriales, corrupciones y gran número de inconveniencias.

Por lo tanto, si la ideología en sí exigiría una serie de precauciones para no ahogar la presencia de cada persona en particular; cuando ya tratamos de ideas degradantes, el peligro se convierte en AMENAZA, incluso amenaza totalitaria, y en esas entramos. Un auténtico antídoto para la convivencia.

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