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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Pozuelo como síntoma

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
viernes, 11 de septiembre de 2009, 05:06 h (CET)
“La noche más divertida del año”. Así calificaban apenas 24 horas después de cometidos los hechos y en el mismo escenario en que tuvieron lugar, extraña disciplina paterna, los cafres puestos en libertad pese a haber diez agentes heridos (dos de ellos de gravedad) y haber causado millonarios destrozos, la noche de terror por ellos presuntamente desatada en Pozuelo de Alarcón. Jornada de violencia y borrachera silenciada, matizada o escondida por parte de la prensa y clase política que lleva décadas defendiendo, desde las instituciones y medios de comunicación, el modelo del desafío a la autoridad y el padre-amigo, el “no regañes al niño que se traumatiza”, el que un cachete es un maltrato intolerable; que la disciplina es cosa de franquistas, la autoridad de nazis; viva la LOGSE y abajo el esfuerzo, mérito y la excelencia; la impunidad para los menores delincuentes, el convertir las escuelas en divertidísimos parques de atracciones consistentes en la continua realización de absurdos talleres y una Educación para la Ciudadanía Socialista transversal que no enseña ni a leer ni a escribir pero que frustra desde tempranas edades a los chavales; que hay que construir, paga el contribuyente, “botellonódromos” libres de humo para los adolescentes…

Implacable, eso sí, se está mostrando con ellos la Justicia española. Sobre los menores de edad implicados ha recaído una pena de tres meses… sin salir de fiesta. Y eso porque el Juez, sin duda un carca incapaz de comprender que los muchachos necesitan divertirse, se puso farruco, puesto que los “técnicos” afirman, y se quedan tan anchos, que estos simpáticos jovenzuelos no merecen reproche social alguno. Que siga la fiesta. A poder ser en el salón de casa de los “técnicos”.

En Pozuelo, sitio de residencia de familias de clase medio-alta, se ha manifestado con toda virulencia el resultado de décadas de educación socialista y la dejadez de unos padres comodones e irresponsables que se tragaron, porque convenía, las milongas de pedagogos que prometían hacerse cargo de la “educación integral” de sus fieras. Y, por más que el incompetente alcalde se empeñe en decir que los chavales no eran de allí (¿tal vez majariegos, villalbinos o roceños?), el estatus de los papás de los gamberros carece de importancia. ¿Acaso si los chicos fueran de clase social humilde se justificaría la violencia desatada?

“¿Por qué?” Pregunta cuya respuesta no gusta ni a los papás de estos chicos ni al buenismo y nihilismo circundante. El vídeo de los hechos subido a Youtube, documento impagable cuando algunas defensas empiezan a arremeter contra los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en el que se oye a un chaval en un estado que ríase usted de Gallardón alabando a Wyoming mofarse de los agentes, rodeados y apedreados, incapaces de defenderse porque si le rompen una uña a un niñito de estos su carrera se iría, con la colaboración de la progresía, al garete, es el perfecto retrato de una sociedad enferma y corrupta. Glorificación de lo indecente que explican el que se abran blogs en defensa de presuntos asesinos, cual es el caso de Miguel Carcaño, quien habría matado a Marta del Castillo y que cuenta con su club de fans en la red.

No señores, no se empeñen. Lo de estos chicos no es por “falta de alternativas”. Para disfrutar no es necesario el botellón. Madrid está lleno de bibliotecas, polideportivos, tiendas, cines, museos, teatros, discotecas… Para divertirse, que es algo que estos críos que todo lo han tenido no saben hacer, lo fundamental es tener autoestima, principios y objetivos en la vida. Que es de lo que carecen estos frustrados chicos cuya “carrera” hacia el desastre comenzó un buen día mientras corrían y gritaban, qué importa el resto de la clientela, entre las mesas de un restaurante al tiempo que mamá y papá, que no son padres sino amigos –los más idiotas de esta especie hasta obligan a sus hijos a llamarlos por su nombre de pila-, reían la “gracia” de su niño. Son los padres que en lugar de montarle la de San Quintín al desatendido bárbaro están dispuestos a denunciar a los policías heridos. Todo con tal de negarse a ver cuál ha sido el resultado de su permisividad.

Pozuelo, lo dicho, no es más que otro síntoma de una grave enfermedad. Y el enfermo está en estado crítico.

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