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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Gracias a la vida

Piedad Sánchez (Málaga)
Redacción
jueves, 10 de septiembre de 2009, 03:07 h (CET)
Que hermosa canción y que verdaderas son las cosas que canta dando gracias. Que hermosa canción pero que título tan equivocado, al menos para mí. Porque se debiera titular no “gracias a la vida” sino “gracias por la vida”. La vida es el primer regalo que recibimos ¿pero de donde viene ese regalo? La vida nos llega y nos colma de cosas buenas, de acuerdo, pero ella misma es la primera cosa buena que genera las demás que son entre otras la risa, el llanto, el abecedario, la alegría, el amor, etc., pero a ella ¿quién la genera? No se crea por generación espontánea, la vida viene de Dios a través de nuestros padres, esa es la verdad pura y simple. Por eso habría que cantar Señor gracias por la vida y por todas las cosas buenas que nos has dado a través de ella.

Después de esta reflexión hay que hacerse otra menos general y más personal ¿y para que me ha dado Dios la inteligencia, la voluntad, la libertad que por supuesto nos es un bien absoluto como muchos creemos equivocadamente? Y los bienes materiales ¿porque los tenemos? Se puede pensar frívolamente, tontamente que nos lo han dado porque nos lo merecemos y esto nos puede llevar a un orgullo estúpido y poco inteligente y a preguntarnos como la madrastra de Blanca Nieves ¿espejito, espejito hay alguien más guapa que yo?

Si somos sensatos y humildes y tenemos los pies en la tierra daremos con la respuesta verdadera. Todos esos bienes espirituales y materiales nos han sido dados a modo de herencia para hacerlos rendir en bien de los demás y de ningún modo podemos considerarnos dueños absolutos de cuanto poseemos. Sólo somos administradores de unos bienes que nada más poseeremos el tiempo de vida. Después al final se nos pedirá cuenta de lo que hicimos con ello, creamos en Dios o no. Solo se puede entender la vida en su totalidad de dos maneras: o nos sentimos administradores de lo nuestro para ayudar a los demás o vivimos como si fuéramos dueños y sólo pendiente de nuestra comodidad y egoísmo. Y este egoísmo, esta comodidad no es otra cosa que “tener capacidad de amar y no haber amado, poder hacer felices a quiénes están junto a nosotros (todos podemos) y dejarlos en la tristeza y la infelicidad, tener bienes y no hacer el bien con ellos” (Fdez. Carvajal).

Nuestra vida no puede convertirse en un gran saco lleno de ocasiones perdidas para hacer el bien, no es suficiente no hacer el mal, hay que hacer el bien en todos los ordenes. Podemos con esfuerzo desde luego sacarle mucho rendimiento a esos dones y a esas ocasiones que Dios pone a nuestro alcance y que nos pone en las manos para que las aprovechemos en nuestro trabajo, en la vida familiar y social y en todas las circunstancias de la vida. Hay un programa en la televisión en el que su presentador dice una frase que a mi me encanta “al trabajo con alegría”. Pues eso, al trabajo y a todo con alegría. A luchar contra esas omisiones que no son otra cosa que dejar de hacer el bien. El bien es una obligación que tenemos con todos nuestros hermanos, creamos en Dios o no creamos, si creemos en Él le añadiremos la sal y la luz de lo sobrenatural pero como hombres tenemos que sentirnos solidarios y responsables de nuestra forma de convivir con ellos.

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