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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Pactos? ¡A buenas horas!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 10 de septiembre de 2009, 01:41 h (CET)
Dicen que aquel que se encuentra en un grave apuro se agarra aunque sea a un clavo ardiendo. Pues esta es la sensación que me produce cuando escucho al señor Zapatero ofrecer al partido de la oposición, el PP del señor Rajoy, un gran pacto de gobierno. Y ¿por qué ahora y no hace un año o por qué no hace seis meses o incluso cuando desde la misma sociedad española se escucharon voces de que era necesario hacerlo para el bien de toda la nación? Creo tener una respuesta que, por supuesto, puede estar equivocada, pero que, al menos, tiene cierta verosimilitud: porque el señor Zapatero y todo su equipo se encuentran contra las cuerdas y lo único que les queda en continuar en su huída hacia delante y esperar que la recesión escampe, antes de que España haya quedado reducida a la miseria más absoluta. Han quemado las velas porque nos les quedaba otra salida y se vanaglorian de mantener sus “mejoras” sociales debido a que es el único punto en el que se pueden apoyar para seguir conteniendo a un electorado que, poco a poco, se está convenciendo que lo han estado manteniendo en la inopia con falsas promesas y anuncios de recuperaciones ficticias.

Lo que sucede es que la sangría inmisericorde del desempleo es tan fuerte y tan difícil de disimular que, de no mediar un milagro (y así parece reconocerlo el señor Corbacho) no tardará mucho tiempo a que nos situemos en un, más que alarmante, 20%. En estas condiciones, pese al espectáculo dado por ZP en Rodiezmo y de su afirmación de que España saldrá al alimón con los otros países de la actual crisis, lo que es incuestionable es que los meses que se nos avecinan puede que representen una prueba demasiado complicada para un gobierno que va dando tarascadas a diestro y siniestro, sin que ninguna de las medidas que viene arbitrando sirvan para otra cosa que para aumentar nuestro endeudamiento público. Y ahora se quejan de la falta de apoyo del PP, le achacan que todo lo que hace es para perjudicar al gobierno y que se niega sistemáticamente a apoyar al ejecutivo. Lo que se callan, lo que ocultan y aquello que no quieren recordar en que fueron ellos que sumieron al PP en el ostracismo cuando firmaron con los nacionalistas el Pacto del Tinell; que no han admitido ninguna de las numerosas propuestas presentadas por los populares en el Parlamento; que se olvidaron de la oposición cuando negociaron con ETA infringiendo el Pacto por las Libertades y la Ley de Partidos; que han venido acusando a los populares de no haber querido pactar cuando, en realidad, lo que han estado buscando ha sido una aceptación incondicional de sus postulados negándose, sistemáticamente, a aceptar las propuestas que se les han hecho por aquellos.

Sin duda que hubiera sido deseable que, al principio de la crisis, ante la caída de la construcción y los primeros ramalazos de la recesión., el Gobierno y la oposición hubieran hecho un pacto de Estado, un pacto generoso en el que, dejando aparte dogmatismos políticos y sectarismos partidistas, se hubieran afrontado los difíciles retos planteados por la crisis con un plan conjunto, elaborado por los técnicos más fiables y, sin ninguna clase de contemplaciones a la demagogia, se hubiera cogido al toro por los cuernos, aunque ello hubiera significado exigir sacrificios poco populistas a los españoles; eso sí, siempre que, con ellos, se hubiera vislumbrado alguna esperanza de que la crisis sería afrontada de la mejor manera posible y el menor daño para los ciudadanos. No obstante, en estos momentos, tengo serias dudas de que, el pacto que nos propone el señor Rodríguez Zapatero, no sea una más de sus habilidades, un engaño más y un medio de involucrar al partido de la oposición en sus disparatadas decisiones económicas, al efecto de que, cuando resulte que no han dado fruto; cuando se delaten como uno más de los fiascos a los que nos tiene acostumbrados este Gobierno; entonces, poder decir que se ha hecho lo posible y que el PP ha compartido su parte de responsabilidad en la debacle resultante. Vaya, lo que denomina un tonto útil.

Cualquier negociación, pacto o alianza presupone, sin duda, un toma y daca, un ofrecer, discutir y ceder, si es necesario, para conseguir, en definitiva, el pacto o acuerdo del que resulte una entente, que en el caso que comentamos, aúne los esfuerzos de Gobierno y oposición para buscar el camino más adecuando para salir de la difícil situación política, económica, financiera y, me atrevería a decir que social en la que España está sumergida. Por el contrario, parece ser que lo que el señor Rodríguez Zapatero entiende como negociar y que, al parecer, es compartida por todos los miembros de su Ejecutivo, nada tiene que ver con ceder posiciones en aras de un acuerdo o aceptar sugerencias del adversario político que faciliten una determinada política económica y financiera; al contrario, lo que pretenden y, lo peor del caso, es que lo admiten sin ambages, es que el PP acepte todos sus postulados, se haga cómplice de los mismos y asuma el papel de víctima propiciatoria sobre la que los que tienen el poder puedan descargar todas sus frustraciones, con el fin de llegar a las próximas elecciones en condiciones de reeditar de nuevo su triunfo, previo haber deshecho el pacto que les haya permitido superar la etapa peor de su mandato en compañía del partido de la oposición..

La humildad requerida y la mano tendida hacia el partido de la oposición, no parece que sea la actitud del PSOE, que da mejor la sensación de pedir una rendición, una sumisión, una entrega a los gobernantes más que una colaboración entre iguales; más una necesidad de que se les apoye en sus propuestas que un deseo de conseguir ideas nuevas para incorporarlas a su acción de gobierno. Será una incidencia sin importancia, un símbolo o una costumbre, pero no sé que quieren que les diga, me parece algo anacrónico, provocativo y reivindicativo de otros tiempos de guerra civil, la forma ostentosa con la que estas jóvenes ignorantes de lo ocurrido en ella, las señoras Aído y Pajín, disfrazadas al más puro estilo de “milicianas” enriquecidas, levantaron un puño amenazador que, al parecer, para la señora Elena Valenciano del PSOE, sólo es un gesto amigable, en contraposición al saludo falangista que ella considera ominoso. Resulta chocante que sólo se recuerden los crímenes del fascismo, que los hubo, pero se olviden de las masacres comunistas; porque si hubo un Hitler y un Musolini, también hubo un “padrecito” Stalin, un Ho-Chi-Min, un Mao-Ze-Tung, un Fidel Castro que no se quedaron mancos a la hora de masacrar a sus súbditos y que, sin duda, equilibraron con creces la balanza de las atrocidades cometidas por unos y otros. Pero de esos nadie parece acordarse porque, claro, el fascismo ya desapareció del mapa, pero el comunismo de personas tan “recomendables” como Chávez, Evo Morales, Correa, Lugo y compañía, todavía subsiste y, por tanto, hay que “respetarlo” sea lo que fuere que hubieran hecho para hacerse con el poder. No creo que sea algo incorrecto que recordemos lo que le sucedió a Suárez al fin de su carrera política y las consecuencias que tuvo. Los mimbres son muy parecidos, los efectos están por ver.

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