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Etiquetas:   Buñuelos de Vientpo   -   Sección:   Opinión

¿Tiene usted un progre en su vida?

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
jueves, 10 de septiembre de 2009, 01:36 h (CET)
Usted como yo habrá encontrado infinidad de amigos, conocidos o vecinos progres. No me refiero a aquellos que sinceramente mantienen posiciones que la sociedad ha dado en llamar progresistas. No, no me refiero a ellos.

El progre es otra cosa, es una imagen, una publicidad ambulante, un producto de la cultura actual, como antaño lo fue el facha, aquel individuo de pelo relamido hasta la exasperación, cara rasurada con sumo cuidado, gafas de sol muy oscuras, pantalones vaqueros extremadamente limpios y planchados, zapatos negros y camiseta ceñida a los pectorales. Por algún motivo aquel facha de los primeros años de la Transición necesitaba una imagen que los identificase exteriormente, eran un logotipo andante que anunciaba a los cuatro vientos su condición. Ya no se trataba de sus ideas políticas y sociales sino que ante todo era una imagen que quería dar sensación de personalidad y originalidad, cuando en realidad unos eran un calco de otros. “Pijos” se les llamaba también, aunque en realidad sólo eran un sector de ellos.

A mí me pasa lo mismo con los progres, que no con los progresistas sinceros, a los que no me voy a referir en ningún momento. ¿No se parecen unos a otros, no son una imagen en movimiento, no son un logo sobre dos piernas, no anticipan con su imagen el grupo social al que están encantados de pertenecer? ¿Acaso no son una fachada cartelera de sus interioridades? Sin embargo veo en su aliño indumentario sustanciales diferencias, en los progres de hoy encuentro una mayor variedad de tipos y de aspectos, quizá como consecuencia de su generalización y permanencia temporal, lo que no ocurrió con el facha de hace años, efímero animal social.

Lo que les une es su elevado autoconcepto, son los más éticos, los más profesionales, los mejores vecinos, los más sociales, los más solidarios, y el desprecio por los que no son como ellos. “¿Quién como yo?” parecen preguntarse todas las mañana antes del afeitado. Y poseídos de su santa intolerancia salen cada mañana a convencer o conquistar el mundo, jamás su mente se ve nublada por la más mínima posibilidad de no tener toda, absolutamente toda, la razón. ¿Dudar ellos? Son la perfección del evangelio socio-progre que han venido a este mundo para hacer la guerra santa (laica, claro) a todos los que no son como ellos. Si algo los une, si algo los caracteriza es imprescindiblemente su perfección vital, jamás verán la viga que nubla sus ojos. Amén.

Pobre del que se resista, cuando el convencimiento no sea suficiente ante él utilizarán todas las armas sociales, aislamiento, negación, manipulación, desafío, rechazo... pues ellos son los que mayor sensibilidad social manifiestan tener, los que alcanzan mayor perfección en las relaciones sociales, familiares o laborales. Todos los demás han de ser arrojados a las calderas del infierno progresista, anulados, apartados.

Tienen una misión que cumplir, son misioneros sociológicos del progresismo y a su trabajo entregan voluntariamente su tiempo y todos sus recursos. Sus conversaciones, cuando no son de enfrentamiento con el disidente, suelen ser monotemáticas, convirtiéndose con el tiempo en monólogos sobre las excelencias del progresismo que sufren pacientemente amigos, vecinos y familiares. En su dialéctica hay siempre una valoración de lo novedoso, de lo estrafalario como estereotipo de lo progresista, de lo avanzado y de lo cambiante y un desprecio con especial inquina de lo que los demás piensen: ellos tienen la razón y los que no piensen como ellos son unos pobres infelices a los que toleran con santa paciencia sobre los que hay que dejar caer todo el rechazo social que sea posible, mostrándoles el camino de la perfección (Esto... ¿no son como ciertas sectas religiosas?) que se pierden por no ser progres.

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