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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

De caudillos y otras guerras

Mario López
Mario López
jueves, 10 de septiembre de 2009, 01:35 h (CET)
Nuestras avenencias y desavenencias con Gran Bretaña y Francia nos han dado infinidad de disgustos a los españoles. Se podría fijar el inicio de nuestras desventuras más modernas, como lo hizo Benito Pérez Galdós, en la batalla de Trafalgar. Ahí Gran Bretaña nos dio la del pulpo y Francia nos traicionó, para inmediatamente después invadirnos.

Con el desinteresado afán de resolver los quebraderos de cabeza que le causaba la presencia británica en el estrecho de Gibraltar, evitando dar la cara (como siempre), Francia nos cedió el protectorado de Marruecos, con bicho dentro: Abd el-Krim. Las guerras del RIF no trajeron nada bueno. Tan sólo, una clase militar envilecida y un héroe de leyenda: Francisco Franco. Franquito, el general más joven de Europa después de Napoleón Bonaparte, allá por los años veinte era la gloria nacional; algo así como Zarra o Indurain. España andaba revuelta, con una clase trabajadora que venía sufriendo, desde la guerra de Cuba, una masacre continuada entre su juventud –carne de cañón en África- y la esclavitud más ignominiosa. Aquellos militares corruptos, hechos al canibalismo por tierras de moros, decidieron cortar por lo sano, tomando el país a degüello. Franco triunfó y perduró durante cuarenta años con pocas pero firmes ideas: España es víctima del contubernio judeo-masónico y el comunismo; los partidos políticos dividen a los españoles, los nacionalismos rompen la sagrada unidad de la patria y aquí estoy yo, por la gracia de dios, para salvaros. Algunas de sus obsesiones tenían cierto asidero a la realidad, pero otras eran ensoñaciones de un niño ferrolano perdido entre las ruinas de un imperio de cartón-piedra. Lo de que los partidos dividen a los ciudadanos no es exacto. Más bien, es la sociedad la que está previamente dividida en un conflicto de intereses y los partidos se constituyen para canalizar la confrontación por vías pacíficas. Lo que sí es verdad es que los nacionalismos pueden llegar a romper la unidad de la nación ¿Y eso qué tiene de malo? Mientras nos llevemos bien... Respecto a la masonería, no lo tengo nada claro. Sí parece evidente que en este país hay unos grupúsculos que quieren controlar el cotarro y nos toman a la mitad de la población por tontos. Pero no sé yo si esto tiene algo que ver con la masonería. Ahora, en lo de “caudillo por la gracia de dios”, ahí sí que a Franquito se le fue la pinza. Algo de eso les pasa actualmente a algunos. Yo, si fuera Mariano Rajoy o José María Aznar, me lo haría ver.

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