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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Por una ley de Educación sostenible

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 9 de septiembre de 2009, 02:02 h (CET)
La sociedad es producto de los gobernantes, pero también éstos son productos de la sociedad. Se retroalimentan, vaya. Tenemos los gobernantes que tenemos porque los concebimos así y así los parimos.

Nuestro gobierno piensa con constancia, pero de momento sin eficacia, en la caótica situación económica porque la sociedad está preocupada por este importantísimo aspecto de nuestras vidas. La economía está presente en todos los discursos políticos porque el personal votante así lo requiere. Sea a través de medidas para las empresas, para los parados, para los trabajadores, jubilados, para la bolsa, la economía es una constante de nuestros políticos. Así debe ser, por otra parte, que apañaos íbamos a estar si no.

La última novedad es el proyecto para una economía sostenible. Acierto –y también propaganda- del gobierno, veremos si no se queda en nada, como aquella ley de dependencia, tan interesante pero fracasada por falta de presupuesto. A los ciudadanos nos preocupa la economía, nos interesamos por nuestros bolsillos, nos interesamos por nuestro trabajo y nuestro futuro, lógico. Nos interesamos por la parte material de nuestra vida. Lo tangible, lo práctico y lo inmediato nos preocupan. ¿Basta con eso, no deberíamos interesarnos también, sin excluir lo anterior, en otros asuntos igualmente trascendentes pero menos tangibles, algo más mediatos y más, mucho más, prácticos?

Hablo de la Educación, la gran olvidada. Los sucesos de Pozuelo aparentan un gran aldabonazo social y parecen haber extrañado profundamente a familias y medios de comunicación cuando en realidad no son más que hechos que confirman una ruta emprendida hace tiempo por nuestra sociedad. Será quizá la punta de iceberg que acabamos de descubrir, pero ya sabíamos que debajo había un iceberg.

Los españoles estamos, como es fácilmente comprensible, tremendamente preocupados por las circunstancias económicas que nos acometen, pero no veo la misma prevención respecto a la educación de nuestros jóvenes. Ojo, que hablo de educación, no de instrucción, de traspaso de conocimientos. La educación es algo infinitamente más complejo, supone una escala de valores que respetar, defender y promocionar. Con cierta frecuencia vemos grupos sociales y familiares para los que no importa nada esa escala de valores éticos y morales (y que no se me confundan los lectores, no estoy hablando de religión).

La ruina de múltiples civilizaciones anteriores vino con frecuencia por falta de valores llamados tradicionales y por lo tanto cubiertos de una pátina de desprecio. Palabras como respeto, ley, obediencia, autoridad, esfuerzo, discreción, sencillez y muchas más soportan una leyenda negra que las ha convertido en palabras conservadoras, propias de la “derechona” y por lo tanto malditas para los españoles. No digo que a la nuestra le vaya a pasar lo que a la civilización romana, pero sí que en ambas sociedades se acusaba una pérdida de valores tradicionales como norma habitual de la sociedad.

Yo no me he extrañado ni preocupado de más por los sucesos de Pozuelo de Alarcón. Ya sabía que había un gran iceberg rondando la línea de flotación de nuestra sociedad, salgo a la calle, caramba, y veo lo que me rodea... ¡si el botellón consiste en beber grandes cantidades simplemente por beber, beber mucho como puro entretenimiento! ¿Acaso los españoles pedimos una Ley de Educación sostenible? ¿Nos ve usted preocupados por ello? El ambiente social es el que es. ¿O no?

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